El niño de oro

A los 20 años cuenta triunfos en Colombia, Argentina y Portugal, un alto valor por su pase de jugador y un matrimonio.
El niño de oro

Su hoja de vida parece la de un señor mayor, mientras él sigue enojándose cada vez que pierde un partido de Winning Eleven en el Play Station. Nuestras lectoras han elegido al número 10 de la selección James Rodríguez.

Pilar Rubio, su madre, se ríe al recordar que en su casa los regalos de Navidad salían más baratos que en cualquier otro hogar. James David Rodríguez Rubio cumplió 20 años el pasado 12 de julio y desde que tenía 2 no pensaba sino en un sólo obsequio para jugar: un balón de fútbol.

Juega de volante ofensivo, media punta o extremo por izquierda en el FC Porto, su actual equipo, de la Primera División de Portugal, al cual llegó después de un fructífero paso por el fútbol argentino. Las de Envigado (Colombia), Banfield (Argentina) y Porto (Portugal) son las camisetas que ha lucido. Una hoja de vida que envidiaría cualquier llamado veterano.

Claro, también jugó en el barrio, por la casa, como el hijo de cualquier vecino. Exactamente en el barrio Jordán de Ibagué, a donde llegó a vivir a sus tres meses. Allá celebró cuando ganó la copa juvenil ‘Pony Fútbol’, en 2004, a los 13 años. Después cantó su primer gol como profesional, a los 16, en el torneo de la Primera B del fútbol colombiano.

Los amigos de entonces están muy lejos del sofisticado Porto y de la glamurosa vida de futbolista internacional bien pagado, pero con algunos tiene comunicación frecuente y suele visitarlos cada vez que puede pasar por Ibagué.

Están los registros noticiosos y ellos dicen que, hace un año, su actual equipo decidió “blindarlo” extendiendo su contrato hasta 2016 con una cláusula de rescisión (que impone un pago a quien quiera comprarlo) de 45 millones de euros. “Continuaremos protegiendo los activos”, dijo en su momento el presidente del club.

Y aunque la Selección Colombia fue eliminada más pronto de lo pensado del Mundial que acaba de terminar, la actuación de los jovencitos comandados por el muchacho de la cresta y la sonrisa permanente fue resumida, precisamente, por él, por James David, cuyo padre, Wilson James, también fue jugador de fútbol. Lo dijo en una declaración después de un sufrido triunfo ante Costa Rica. Pero aún aplica: ‘El equipo tuvo huevos’.