El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El nuevo poder

Dsquared2, la dupla de diseñadores canadienses, creó el atuendo que lució Beyoncé en el SuperBowl. Muchos leyeron un homenaje a Michael Jackson. Foto: AFP.

Por Redacción Cromos

23 de febrero de 2016

PUBLICIDAD

La mujer de hoy es cada vez más independiente, poderosa y exitosa. Unos las aceptan y se adaptan a la convivencia con una mujer fuerte, y otros salen despavoridos.

Los comportamientos a puerta cerrada, donde todo es permitido están saliendo sin complejos ni vergüenza, de la mano de diseñadores que crean vestidos de noche donde el cuerpo y la piel son los verdaderos protágonistas.

La seducción que estamos viendo en las colecciones de los diseñadores, vienen acompañadas de una complicidad hacia la seducción implícita, para ayudar al sexo femenino a dejarse llevar por el juego envolvente de las prendas íntimas, llenas de glamour y de estilo con sus looks.

Sigue a Cromos en WhatsApp

Ricardo Tisci, para Givenchy, lanzó sus primeros slip dress, combinaciones o bustiers para salir a cenar o a un bar, generando una verdadera revolución con sus prendas leves, livianas, etéreas y muy sexys. Retomó los materiales suaves como el satín, el encaje y los velos, que dan esas transparencias misteriosas de la intimidad de la alcoba para vestir sensualidad en la calle, debajo de una chaqueta de smoking o de una gabardina. Lo mismo hizo Alessandro Michele, con un toque más ingenuo para Gucci, y Dolce & Gabbana, vistiendo a la mujer como viuda siciliana, con el perfecto aliado de la seducción, el encaje negro y dándole un toque artesanal con aplicaciones manuales de flores y pájaros.  Lo mismo Armani, con su toque minimalista. Todos le otorgan a la mujer esa arma seductora de la ropa interior en el campo exterior.

Read more!

Si miramos las páginas de la historia de la moda, nos encontramos con el fetichismo de la misma. Era impensable que una mujer se dejara ver en su ropa intima. Era pecado que la piel saliera a la luz del día. La ropa interior fue creada para moldear la silueta femenina hasta la tortura, con los corsés ciñendo el torso y los miriñaques.

En los 80, ese corsé lo retomó Gaultier para inmortalizar a Madonna, con su brasiere en forma de conos.

Se trata solo de abrir el cajón del armario y atrevernos a reinventarnos con esas prendas que tenemos guardadas, y darnos la oportunidad de seducir a cualquier edad.

Vivimos un nuevo power dressing, como el que le vimos a Beyoncé, en su espectacular presentación en el Super Bowl: una pantera negra enardecida con sus bailarinas, empoderada con su mensaje anti racista de los años 60, enfundada en un jumpsuit de cuero negro muy sensual, con boina negra y cadenas.

Es el mismo mensaje de la feminidad contemporánea, el de la mujer actual que trasmite por todos los poros su actitud fuerte y seductora frente a la vida y los demás.

Fetiches de lo masculino

No ad for you

-Existe un delirio en las nuevas colecciones de vestir a la mujer con prendas íntimas, livianas y seductoras, para contrarrestar esa actitud masculina que ha venido asumiendo en el trabajo y en la vida en general.

-Hoy, la distinción de géneros es cada vez menos evidente. Los hombres usan faldas, tacones, o esmalte y maquillaje, y las mujeres empoderadas con zapatos de amarrar y prendas masculinas.

-En su época, una Sarah Bernhardt o George Sand fueron tachadas de extrañas y únicas en su género.

-Por eso las colecciones vienen cargadas de fetichismo, como el que asumió Yves Saint Laurent, quien le dio a la mujer las transparencias, el terciopelo y el esmoquin, para una moda que empodera y acompaña.

Por Redacción Cromos

Ver todas las noticias
Sigue a Cromos en WhatsApp
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.