El renacer de las hombreras

Margiela y Balmain son los responsables de que esas prendas ochenteras que juramos no volverían engalanen nuevamente los hombros femeninos.
El renacer de las hombreras

Cuando en los años 80 las mujeres empezaban a ganar cierto reconocimiento en sus incipientes carreras profesionales, la moda se vio abocada a cambiar radicalmente. Atrás quedaban las siluetas hiper-femeninas, los tacones puntilla y las cinturas finas de otras décadas para darles paso a unas prendas singulares que harían tambalear la reputación de buen gusto de la década del glamour: las hombreras.

Esas almohadillas abultadas que hacían que las mujeres se vieran con unos cuantos centímetros de espalda de más, no fueron desprevenidamente inventadas por el famoso diseñador Pierre Cardin, en 1979. Su silueta tipo ‘Superman’, así la llamó, tenía la intención de ayudarles a las mujeres a verse menos débiles y, en algún extraño sentido, a lucir parecidas a los hombres, quienes eran para entonces el enemigo en materias laborales (¿y qué mejor que hacerlo emulando su espalda en forma de triángulo?). De alguna manera, dicen algunos estudiosos de la moda, “las mujeres renegaron de su cuerpo a través de sobredimensionar artificialmente sus hombros con hombreras”.

Ese look que para muchas no fue más que un crimen contra la silueta femenina y la masculinización de nuestro aspecto, que fue condenado de tirano por solo beneficiarles a las esqueléticas y que indignó a las jovencitas de los años noventa que no podían entender cómo sus hermanas mayores y tías llevaban con orgullo sobre los hombros unos bultos imposibles, ha vuelto. Sí, han regresado de ese último rincón donde la moda había querido olvidarlas.

El belga Martín Margiela, algo adelantado a la tendencia, ya hacía algunos años había decidido hacer de sus vestidos un verdadero manifiesto de los hombros. Luego fue Balmain, en el otoño del 2009 en su colección de París, el responsable de que las jovencitas y algunas famosas como Kate Moss, Rihanna y la emblemática Lady Gaga empezaran a caminar orgullosas haciendo que las miradas se desviaran a…sus hombros.

No deja de sorprender que Marc Jacobs, Givenchy y Dolce & Gabbana hayan decidido, casi tres décadas después, desempolvar las hombreras. Una columnista del diario inglés The Guardian se aventura a decir que la razón es evidente: “Es una forma de defensa en tiempos de incertidumbre”. Si se piensa bien, y mirando hacia atrás, es posible que aquellas mujeres que usaban hombreras no se vieran sexys, pero al menos sí se veían poderosas, seguras de sí mismas custodiadas por esos enormes caparazones de espuma. La teoría de la necesidad social de tener en la calle mujeres acorazadas está expandida entre muchos diseñadores que, entre lo retro y lo futurista, han encontrado inspirador olvidarse por un rato de grandes pechos y pompas y centrarse en crecerles la
espalda.

Sin embargo, algunos más aterrizados creen improbable que a Roberto Cavalli realmente le importen los desastres ambientales y las depresiones económicas como para gastar tela en ello y más bien afirman, sin tapujos, que de lo que se trata esta reencarnación de las hombreras es de hacernos ver más delgadas. ¡Los hombros anchos hacen ver más finas las cinturas! Es la consigna (¡y a veces peligrosamente anchas las caderas! Hay que decirlo) y desvían la mirada de las áreas problemáticas resaltando una nueva parte del cuerpo que desde la moda se celebra: la clavícula.

Así que las que creyeron que esos blazers enormes repolludos en los hombros no volverían, que los vestidos de noche con hombros prominentes que se empinan hacia arriba como si quisieran alcanzar el cielo estarían desterrados para siempre de los designios de la moda, se equivocaron. Están de vuelta con mucha fuerza tanto para mujeres maduras como para las más jóvenes. Las primeras conseguirán, como en los viejos tiempos, una figura de poder; las otras quizá lograrán por fin llevar a las calles una silueta extrema de esas que hace rato no se ven caminar por ahí. Pero ¡que no cunda el pánico! Es solo una opción más. Y si está decidida a usarlas, no olvide que hay modas que no nos quedan bien a todas. Inténtelo. Si se siente ridícula, déjelas en ese pasado del que quizá nunca debieron salir.

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