"El sexting es válido, lo malo es el abuso de confianza": Carolina Botero

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Entrevistamos a la directora de la Fundación Karisma, una abogada que promueve la equidad de género en el mundo digital.

¿Cuántas aplicaciones caben en nuestro celular? Basta echar un vistazo a las pantallas para encontrarse con una cantidad de íconos que nos llevan a chats, reproductores de música, filtros para fotografías o plataformas que ofrecen los mejores restaurantes en la ciudad.

Nunca la vida había sido tan fácil, al menos en términos de comunicación y conectividad. Ya no tenemos que llamar a una agencia de viajes para saber cuánto vale un vuelo a España ni tenemos que ir a una librería a comprar un libro.

Ni locos volveríamos a la época del bíper Motorola ni de los celulares Nokia, cuyo único atractivo, además de poder llamar por fuera de la casa, era el juego de la culebrita. Hoy nos la pasamos pegados a nuestro dispositivo. Solo cruzamos los dedos para que la batería no se acabe y para que la memoria sea lo suficientemente espaciosa para soportar el videojuego de moda que, además de entretenido, es gratis. Lo único que te pide es un usuario, una contraseña y listo. Es tanta la emoción que nos produce disputar una partida, que no tenemos tiempo para pensar en el destino final de nuestros datos ni en toda la información que hemos suministrado a las redes sociales. ¿Para qué preocuparnos si consideramos que a nadie ni a ninguna empresa les interesamos?

Justamente para responder a esta pregunta entrevistamos a Carolina Botero, una abogada que se ha dedicado a estudiar los derechos de las personas en el mundo digital. A la tecnología la caracteriza un brillo que no podemos dejar que nos encandile. No se trata de dejar de aprovecharla, se trata de saber a lo que nos exponemos al usarla.
 

¿A qué se dedica Karisma?

Empezamos como un grupo familiar, que trataba temas de apropiación de tecnología. En el 2011, la Ley Lleras fue presentada al Congreso. Era bastante técnica y buscaba hablar de exoneración de responsabilidad para intermediarios de Internet. Las personas que trabajan con tecnología la vieron y se asustaron. Nos sentamos a revisar la parte jurídica, analizamos, vimos que había cosas que se podían plantear de otra manera e iniciamos una campaña para protestar. La ley, finalmente, no salió, Karisma se dio cuenta de que había un vacío en la sociedad civil. No había nadie analizando políticas públicas en materia de derechos humanos.


En esa mirada de derechos humanos hay un enfoque de género.

Las líneas que manejamos son: acceso al conocimiento, privacidad y seguridad, innovación social, gobernanza en Internet. Tenemos dos líneas transversales, que son libertad de expresión y género. Existen muchas brechas, si ves cualquier cifra de pobreza, nosotras las mujeres siempre estamos en desventaja. Y en tecnología no
es la excepción; de hecho, parte del problema que tiene la tecnología es perpetuar las diferencias.

¿Puede compartir un ejemplo concreto en el que se evidencia la inequidad entre hombres y mujeres?

En el 2014 participamos en un estudio que hizo Web Foundations. En el mundo escogieron diez países para analizar las brechas de género de mujeres urbanas pobres. De América solo estaba Colombia. En resumen, el resultado no dio una brecha de género marcada en el acceso a la tecnología. Sin embargo, encontramos que usualmente el acceso de la mitad de las mujeres encuestadas lo pagaba la pareja o el papá, lo cual es muy significativo. Comparado con los hombres, las mujeres no utilizaban tanto la tecnología para ejercer sus derechos sexuales y reproductivos, políticos y formativos. El uso mayoritariamente era entretenimiento y apoyo a las tareas de los hijos.


¿Para qué sirvió detectar ese patrón de consumo de información?

Hicimos un piloto en Ciudad Bolívar. En el barrio Potosí trabajamos con mujeres adultas para documentar su apropiación y documentar lo que pasaba. Fue un ejercicio bellísimo. Al final ellas querían tener un acceso para facilitar su vida y no tanto las de los demás, en una zona donde la conectividad es mala. Tratamos de dar enfoque diferencial, descubrir la vida de estas mujeres. Hace dos años el Mintic tomó diferencia para hacer su encuesta de género y tecnología. Si generalizas una encuesta, perpetúas la brecha. Por eso es valioso que cada cosa que hagamos tenga un enfoque diferencial.

Continuando con el enfoque de género, este año Karisma ganó el Premio a la Libertad de Expresión, del Índice de la Censura 2019, por una campaña contra la violencia hacia la mujer.


¿Qué tipo de violencia estaban sufriendo las mujeres en Internet? Con periodistas hicimos un focus group para detectar los tipos de violencia que recibían e incluso cómo
ellas lo habían naturalizado. Se autocensuraban cuando había temas particularmente candentes, en donde recibían más críticas. Cambiaban los temas o dejaban de hablar, situación que afecta la libertad de expresión porque se deja de escuchar una voz. La situación nos llevó a pensar en qué hacíamos y de ahí salió el ‘machitroll’, como una idea de usar el humor para poner sobre la mesa un tema y mostrar que, a veces, no nos damos cuenta de que estamos naturalizando el machismo.

¿Las mujeres sufren más que los hombres el dedo acusador de las redes, cuando se filtran fotos íntimas?

Nosotras reconocemos que una de las grandes violencias contra las mujeres es el uso de imágenes. Una cosa es ver a un hombre que es grabado teniendo sexo y otra es una mujer que sufre la condena. El estigma es mucho más grande. Acoso online es un proyecto chileno que empezó a pensar cómo el propio marco jurídico existente ya da herramientas para que las mujeres puedan defenderse. Muchas plataformas tienen mecanismos para evitar la difusión de imágenes. Lo que hicimos en Colombia fue analizar los mecanismos para que pueda actuar.


 Justamente, para evitar estos escenarios en los que se lapida a las mujeres cuyas imágenes terminan filtradas a todo el mundo, ¿el consejo debería ser “¡Absténgase de que la graben o le tomen fotos en la intimidad!”?

Esa es una visión bastante moralista. El sexting es una herramienta válida, darle tratamiento de pornovenganza es equivocado porque la pornografía es una acción consentida entre adultos, por lo tanto no es mala. Es malo cuando hay un abuso de confianza. El sexting, si es entre adultos y consentido, no entraña un problema. El problema está en el abuso de confianza de una acción entre dos personas que sale a la luz con otros objetivos.


Corríjame, si no es ‘pornovenganza’, ¿cómo debo decir?

Difusión de imágenes no consentidas.

Uno de los temas más ignorados, al menos por mí, es la seguridad de mis contraseñas. Navego con total confianza en mi celular, no me gusta volver a escribir el ‘password’, prefiero que el navegador me lo recuerde.

Iniciamos hace cinco años una línea que se llama ‘Genios de Internet’, en la que damos a la gente tips básicos sobre seguridad digital, justamente para evitar que los rastreen. Cuando inició el problema de la muerte a los líderes sociales, creamos también dos tips para comunicaciones seguras, pensando en que muchas de las vulnerabilidades que estamos generando hoy se derivan de nuestro uso de la tecnología. Tenemos el dato de tarjetahabientes que sufrieron un robo el año pasado, pero nos matan a un defensor de derechos humanos y no sabemos el nivel de riesgo digital que ellos tienen al perder el celular y el computador.

Las aplicaciones para pedir comida trabajan con nuestros datos. ¿Usted las usa?

Sé a lo que me expongo, y sé que a veces no soy lo suficientemente cuidadosa. Pero también soy consciente de que, si uno se toma muy a pecho la seguridad digital, se puede volver paranoico. Mis redes sociales son profesionales, yo no pongo fotos de mi familia ni ubicaciones. Google tiene mucha
información de nosotros, conozco los riesgos que asumo e intento mitigarlos.

Si en el almuerzo estoy hablando con mis amigos de un viaje a Madrid y luego en mi celular aparece publicidad de aerolíneas económicas para ir a España, ¿eso significa que me están escuchando?

Se ha comprobado que aplicaciones como Alexa y Siri tienen una opción en la que tú aceptas que te escuchen. No creo que sea humanamente posible que Facebook esté escuchand todo, quizás maquinalmente sí pueda. Lo que sucede es que las dos páginas son muy buenas cruzando información. Facebook tiene acceso a datos que le proporcionas, ellos son especialistas en perfilarte.

¿Qué hay de WhatsApp?

Aunque el contenido va cifrado, todos los metadatos que genera una comunicación de WhatsApp se comparten con Facebook. Da pistas de la hora en la que te conectaste, con quién y por cuánto tiempo. Esos datos se pueden cruzar. Sucedió el caso de una periodista que se comunicó con una fuente por llamada de WhatsApp y luego en Facebook le figuró esa fuente confidencial como “potencial amigo”.

¿Qué opina de las cookies, que parecen facilitar la navegación?

Facebook tiene cookies que se instalan en tus procesos de navegación. Eso le da más información. Ellos tienen aliados comerciales a los que les vende publicidad. Ahí conectan más información para ofrecerles, por eso te sale el viaje a Madrid. Seguramente varias de las personas a las que les comentaste del viaje a España ya han buscado el precio del pasaje, por eso, de repente, te aparece. Cruzan tu información con la de tus amigos.

¿Las cookies son malas?

No todas son para perfilamiento, algunas se necesitan para recordarte el password o ver la página que navegaste, hay unas que se necesitan para usar Internet técnicamente, como lo conocemos,y hay otras que son de rastreo, que podíamos dejar de usar

¿Cómo podemos purgarnos?

Un día entramos al portal de una periodista para hacer la prueba, tenía 34 cookies, de las cuales 8 eran de Google. ¿El resto de qué eran? La respuesta: dicha página está siendo parte de un perfilamiento de lectores. De hecho, los medios de comunicación, incluido Cromos, venden publicidad y para eso perfilan a los que usamos el portal, a sus suscriptores, a todo el que se atraviese por sus contenidos, porque de este modo mejoran la forma en la que venden la publicidad.

 En las tiendas de Android y de Apple hay aplicaciones que rastrean llamadas. Una, por ejemplo, indica que se están tratando de comunicar con usted los de un banco para vender tarjetas de crédito.

La gente usa True Caller para evitar las llamadas de asesores comerciales de banco, de telefonía celular, de cursos de inglés. Para que funcione debes compartir tu lista de contactos. Ellos toman todos los números y los ponen en una base de datos. De este modo crean una gran base de datos de los teléfonos. ¿Un periodista haría eso con sus fuentes? Ese tipo de cosas no las dimensionamos.

Después de escucharla, tengo ganas de regresar al celular Nokia, el mismo al que le duraba tres días la batería.

La tecnología nos facilita la vida, no hay que irse a los extremos. Deberíamos estar pensando en cómo, con tecnología, podemos diagnosticar problemas para las personas.
Para mí, una ciudad inteligente pasa por medir la calidad del aire y tomar medidas que privilegien al medio ambiente y a las personas. El Estado, como uno, quiere estar actualizado, necesita estarlo, pero le hace falta un enfoque en derechos humanos. ¿Para qué quieres ciudades inteligentes?, ¿Solo para que los semáforos indiquen cuándo están dañados o para mejorar la movilidad? Si tenemos TransMilenio, alguien debe pensar en cómo se puede prestar un mejor servicio. En una ciudad inteligente, las personas son el centro, lo inteligente en una ciudad no puede ser solo la legalización de las patinetas.

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