El vaivén del ruedo
Sobre las pasarelas que anticiparon los aires de primavera-verano 2011 aparecieron con insistencia unas faldas y vestidos que desvían la mirada de las piernas y que más bien enfatizan la armonía del cuerpo. Unas faldas largas que se olvidan de la seducción que enseña piel y que más bien le apuestan a la comodidad y a la sofisticación de la silueta. Fendi, Lanvin y Dolce & Gabanna son algunos de los artífices del retorno de esa falda que inmortalizaron los hippies y que luego se apoderó de la escena disco.
No deja de ser particular que, la falda larga que fue un mandato durante siglos y siglos de moda, en la centuria del XX se convirtiera más bien en una tendencia periférica, propia de un par de décadas, que ha tenido que luchar su terreno frente al imperio de la minifalda.
Aunque para la mujer de la segunda mitad del siglo XX llevar la falda a la rodilla o sobre ella resulte una cosa natural, cierto es que durante siglos, las mujeres escondieron juiciosamente sus piernas. Fue en el siglo XVIII cuando por primera vez las mujeres mostraron sus pantorrillas y el escándalo que se levantó no fue minúsculo.
Sigue a Cromos en WhatsAppLas abultadas faldas femeninas ya no necesitaron de capas y capas de enaguas, ni de pesadas estructuras de madera para ganar volumen. Para esta época esas aparatosas prendas fueron reemplazadas por una liviana estructura de alambres llamada la jaula de crinolina. Este aligeramiento en el vestido hizo que las faldas de las mujeres que andaban por la calle se vieran sacudidas por el viento. Las piernas desnudas se veían por primera vez en público.
Después del imperio de las pesadas faldas y sus insinuaciones mínimas, fue Coco Chanel -y toda la revolución estilística que propagaron las jovencitas revolucionarias de los años 20- la que hizo que la falda trepara por encima del tobillo. Su reto a que la elegancia no fuera de falda larga creó grandes enfrentamientos entre los fabricantes de ropa y los de medias veladas que vieron con este recorte de centímetros crecer sus ventas. Justamente fue por estos años cuando el economista George Taylor acuñó la teoría del dobladillo, una teoría que profesaba que en tiempos de crisis las faldas se alargaban porque las mujeres no podían costear unas buenas medias veladas, y que por el contrario en los tiempos de bonanza había suficiente dinero para hacer alarde de unas pantimedias de diseño y en tanto la falda trepaba por la pierna.
Luego de esta conquista y de una moda austera como la que marcó los años de la Guerra, llegaron los 60, que de la mano de Mary Quant y André Courregues perdieron el pudor y llevaron el ruedo de la falda a alturas insospechadas. Pero como es mandato, los setentas se opusieron radicalmente a los galácticos y geométricos sesenta y trajeron de nuevo el mandato de las faldas largas.
Más recientemente fue en el 2005 cuando la colección de John Galliano que evocaba aires gitanos impuso las maxifaldas de mucho volumen y colorido por todas las granes urbes. Ahora con el despertar de los años 70 de manera tan tajante en la moda veremos imponerse vestidos floreados y livianos, faldas largas que trasparentan la piel, y algunas de líneas muy rectas con estampados que llevan la seducción hasta el suelo. Pero es una tendencia que requiere de mucho cuidado para llevarse, siempre es preferible usarlas con zapatos planos o de plataformas de cuña.