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¿Es machista que los bares hagan 'ladies nights'?

A las mujeres les venden la idea de que son privilegiadas porque, a veces, pueden entrar gratis a un bar. ¿Es cierto?

Por Catalina Ruiz-Navarro
13 de mayo de 2017
¿Es machista que los bares hagan 'ladies nights'?

Cuando nos dicen que las mujeres ya tenemos todos nuestros derechos, que la desigualdad se acabó y que hasta tenemos ‘ventajas’, siempre sale ese cuentico de que somos afortunadas porque algunas noches podemos entrar gratis a los bares, ¡y hasta emborracharnos sin poner un peso! Qué emoción. 

 

Pero sabemos que nada en esta vida es gratis. ¿Cuál es el incentivo que tienen los bares para regalar trago y covers, en vez de venderlos? Eso también lo sabemos: tener un bar lleno de viejas borrachas es un incentivo para que los hombres vayan y gasten. ¿Por qué? Porque las mujeres borrachas se interpretan como ‘presas fáciles’ para los avances de los hombres. Así que quizás no pagamos con dinero, pero nos toca aguantarnos el acoso o incluso ese tipo de violación que en inglés se conoce como ‘date rape’ (cuando los hombres se aprovechan de una mujer que ha tomado). 

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Desde niñas, a las mujeres nos advierten que no podemos tomar tanto. No se trata solo de la obligación omnipresente de ser ‘unas señoritas’, es que emborracharnos nos pone en situaciones de peligro, aunque no debería ser así. En la mayoría de los contextos, los hombres pueden sentarse a beber sin la amenaza latente de una violación. Nosotras, en cambio, hasta nos tenemos que ir al baño con el trago, por miedo a que ‘alguien nos eche algo’. Y si tomando dejamos ir el súperyo, le tenemos que pedir a una amiga que esté pendiente. ¿Pendiente de qué? De que nadie nos viole. Ninguna mujer está exenta de ese miedo. 

 

Porque además, si una mujer se emborracha y algo le pasa, le van a decir que fue su culpa. Casi que nos dicen que si nos emborrachamos ya debemos saber que las agresiones sexuales son una consecuencia inevitable, y que por eso, salir a tomar es casi una invitación para que los hombres nos agredan. No se les ocurre que quizás queremos emborracharnos por las mismas razones que ellos: porque sí, porque queremos divertirnos, o llorar u olvidar, o lo que sea, sin tener que estar constantemente alerta por nuestra integridad. Para variar, las que tenemos que cambiar, reprimirnos y quedarnos en la casa somos nosotras, aunque sería mucho más sencillo y más justo decirles a los agresores que nada que una mujer haga es una invitación para violar. 

 

Los bares que hacen noches de mujeres se lucran con nuestra vulnerabilidad y con el machismo de nuestra sociedad. A las mujeres nos sale mucho más caro que pagar por el trago. 

 

Foto: iStock.

Por Catalina Ruiz-Navarro

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