Por: Antonio Sanint (@antoniosanint) -
¡El fin del mundo está cerca! Las señales lo advierten: grandes terremotos, inmensos incendios forestales, mareas enloquecidas, anormales cambios de clima, nieves perpetuas que se derriten, ríos que se desbordan, guerras en tierras santas y …¡Reguetón!
Sigue a Cromos en WhatsApp
Sí. Cuando la expresión musical y cultural de un pueblo deja de hacer esfuerzos por buscar poesía y metáforas para expresar una emoción y vomita exactamente lo que se le pasa por la cabeza, eso ya es una clara señal más de que no hay nada más que inventar y que esto, como decía mi abuela “ya está a la vuelta y al voltear”.
¿Estaremos a meses u horas de unirnos a la lista de especies extintas con los dinosaurios y los demonios de Tasmania? Sólo Dios sabe.
Y que tenemos miedo, además porque los canales y las editoriales no ayudan, lanzando cada mes documentales y libros sobre las nuevas teorías sobre el fin del la era humana.
¿A qué le tenemos miedo? Si uno piensa, de todas formas vamos a morir en algún momento y de alguna manera, entonces, chévere que sea en grupo, en combo, en parche. Nadie se queda atrás y nadie está partiendo primero.
El apocalipsis hace que ese viaje solitario y misterioso hacia el otro mundo se convierta en un divertido paseo familiar con abuelos, primos, amigos vecinos, perros. Todos los humanos que habitábamos el planeta hasta ese momento subimos al mismo tiempo al cielo.
Claro, a la entrada del cielo va a ver tráfico pesado. El cielo no está preparado para recibir seis mil millones de almas de un tacazo. Pero como el de arriba es bien inteligente, desde hace años debe tener preparado un plan retorno. Los caminos de bajada a la Tierra ya están todos hacia arriba, hay rápida asistencia a las almas confundidas y cada dos o tres kilómetros hay un ángel con su pulgar levantado, que aunque ya cansado, le sonríe amablemente a todos los que le pitan.
Claro, no todos van p’al cielo. En un momento, la gran carretera celestial se bifurca y algunas almas son amablemente invitadas a tomar el camino hacia “tierra caliente”, pero ahí también tenemos que dejar el pánico porque la mayoría de gente que convive con uno ha sido igual de buena o de mala que uno, entonces para donde lo dirijan a uno es para donde va su combo.
Además, con el alma de celebrar que tiene este pueblo, ¿se imaginan las fiestas del fin del mundo que se van a armar? “¿Dónde van a ver el final del mundo?, los invito a mi casa que por ahí van a pasar los jinetes del apocalipsis. ¡Yo llevo el guaro!”
Llevamos doscientos cincuenta mil años como especie. Si somos los elegidos para vivir el espectáculo que va a ser el final del mundo, créanme que seremos los seres más afortunados en la historia de la humanidad.
¡De malas el que se muera un día antes!