
James Rodríguez y el gol más importante del 2014
El pasado 2 de diciembre charlaba al aire con Gustavo Gómez y sus compañeros de Hoy por hoy, de Caracol Radio, sobre la biografía que escribí de James Rodríguez, publicada por el sello editorial Aguilar. Les conté que uno de los capítulos que más me conmovieron de la vida no contada del diez de la selección Colombia y del Real Madrid fue enterarme de primera mano de su generosidad y de solidaridad. Recorrí barrios de Ibagué y de Envigado, donde familias y deportistas me dieron testimonio de sus obras sociales y de la forma como les tiende la mano a los amigos a quienes no les ha ido tan bien como a él.
Esa mañana ratifiqué una vez más mi percepción del James ser humano. Gustavo contó que los periodistas de Caracol grabaron mensajes de ánimo para un niño que lucha contra la leucemia en Bogotá y que a ellos pronto se sumó James, a pesar de una agenda copada de obligaciones deportivas y comerciales. Al tiempo recibí en el teléfono un mensaje sobrecogedor de mi amigo Luis Arcesio García: «Nelson, el niño de la historia con James es mi hijo. Esto es duro hasta contarlo».
Esta semana me pidió que hiciera público su drama con nombre propio y lo hago a través de la revista CROMOS. Juan Sebastián García Polo tiene diez años de edad y, junto a su hermano Luis Alejandro son miembros del equipo campeón de la Liga Infantil de Fútbol de Bogotá. James es el ídolo del niño desde que lo vio jugar en el Mundial sub-20; y su amiga, la pequeña Lela, pidió apoyo moral para él a través de las redes sociales. Así, la campaña #FuerzaJuanse llegó a oídos de James. Y él le respondió con un video en el que dice: «Juan Sebastián: te mando un abrazo enorme. Ten mucha fuerza, mucho ánimo. Espero algún día conocerte. Dios te bendiga siempre». Recibir ese mensaje revitalizó a «Juanse» para enfrentar las quimioterapias y superar una neumonía, además de reconfortar a la querida familia García Polo.
En medio de la tragedia, una prueba de lo que ellos ya sabían: que además de una figura del fútbol, James es una gran persona. Con sus jugadas, goles y carisma, conmovió a los colombianos en 2014 como pocos deportistas lo han logrado. Primero, por su actuación en el Mundial, donde más que goleador y figura se transformó en un ícono global encumbrado a través de Twitter y Facebook, en especial por su inolvidable primer gol contra Uruguay, el mejor del año. Segundo, por su llanto el día que Colombia fue eliminada por Brasil en cuartos de final.
James, titular indiscutible del Real Madrid, hoy es una marca digital que mueve cerca de diez millones de personas en redes, es el personaje deportivo más buscado en Google y el tercero en ventas de camisetas después de Cristiano Ronaldo y Messi. Tiene millones de fanáticos en los cinco continentes y su equipo de comunicaciones aspira a responderles a todos en todos los idiomas. Otro ejemplo: el libro James, su vida fue publicado hace un mes y ya hay editoriales japonesas interesadas en publicarlo. El traductor Gonzalo Robledo me dice desde Tokio que allí es común ver niños lucir la 10 de James.
A la ceremonia del Deportista del Año del diario El Espectador, donde recibió el trofeo como Personaje del año, envió un video de agradecimiento y, en su representación, a su mamá, porque él no podía venir desde Madrid. «Tiene un gran hijo», la felicitó el periodista Hernán Peláez cuando la llamó a recibir el trofeo plateado. «El mejor», le respondió ella con orgullo. Apenas terminó el evento, Pilar Rubio salió corriendo a una reunión de planeación del 2015 de la fundación que su hijo le encargó dirigir para hacer obras sociales en distintos lugares del país.
Tener el control del balón, preferiblemente bajo su pierna izquierda, hace que James Rodríguez se sienta en paz, pleno y feliz.
Foto: Getty Images
En 2014 James formalizó el espíritu humanitario que lo ha caracterizado desde cuando se consolidó como jugador profesional en Banfield de Argentina. La primera reacción ante lo que llamó su primer gran sueldo fue llamar a Ibagué para que su familia le ayudara a llevar mercados a barrios periféricos afectados por el invierno. Luego, estando en el Porto de Portugal, creó una fundación en la capital tolimense para ayudar a la niñez marginada a través del fútbol como herramienta pedagógica.
Antes y ahora está pendiente de la suerte de los amigos más cercanos a quienes la suerte no les ha sonreído a pesar de tener tanto talento como él. Es el caso de César Núñez y de Felipe Gómez. Al primero, goleador de todos los equipos donde jugó con James, lo llevó a Argentina a que probara suerte, lo invitó a vivir con él y, luego de que las cosas no funcionaron, le dio trabajo en las canchas sintéticas que James abrió en Ibagué mientras lo reenganchaban en el Expreso Rojo de la segunda división del fútbol colombiano. Al segundo, un creador tan bueno como James, lo promovió en Envigado y lo respaldó en otros equipos hasta que se retiró. Entonces lo ayudó para que estudiara una carrera y le consiguió trabajo en Adidas, en Antioquia.
James es una marca digital que mueve cerca de diez millones de personas en redes y fue el personaje deportivo más buscado en Google en 2014.
Foto: Getty Images
Contra todos los pronósticos, James no ha cambiado con la fama. Lleva una apacible vida espiritual con su esposa, Daniela, y su hija, Salomé. Sigue siendo el mismo.
Foto: Pacific Rubiales
El James modelo 2014, juicioso lector de la Biblia, practicó ese versículo que dice: «Dad, y se os dará». Tal vez por eso atrae la buena energía y cada año supera sus metas. Quienes realmente lo conocen, amigos como César, Felipe, Julián Guillermo Rojas, Matheus Uribe, su padrastro, Juan Carlos, insisten en que no tiene techo y la meta del 2015 es competir por el Balón de oro con el propio Cristiano y con Messi, aparte de ganar la Copa América con Colombia y, claro, ser el mejor entre los mejores.
El James de este año, más maduro si a los 23 años se puede hablar de madurez, más disciplinado como profesional, sereno en su vida familiar, no distraído por la fama y la vanidad como algunos presagiaban, representa lo que el director de El Espectador, Fidel Cano, exaltó de la nueva generación de deportistas colombianos de talla mundial: «Este país tan dado a las diferencias, a las desconfianzas, al “no se puede, no se puede”, este año fue distinto gracias a su deporte. Pudimos unirnos alrededor de una causa, el ejemplo de nuestros deportistas nos llenó de seguridades donde antes teníamos inseguridades, fuimos capaces de soñar con la excelencia, con grandes metas, también aprendimos a saber llorar las derrotas sin destruir lo alcanzado».
María del Pilar Rubio, mamá de James, recibió el premio en nombre de su hijo como Deportista del Año 2014 otorgado por El Espectador.
Foto: Luis Ángel.





