
Jorge Quiroz le dio biblioteca, museo, y escuela de artes a San Jacinto
Cuando usted llega a San Jacinto, Córdoba, y pregunta por Jorge Quiroz, quizá pocos sabrán quién es, pero si agrega que es el director del Museo, inmediatamente le corregirán y le dirán que usted está buscando al ‘Braco’ y le señalarán la calle que da al parque principal. Allí en toda la esquina donde está una casona de antaño, perfectamente pintada y con balcones vivos, esta él, un hombre delgado, de manos largas como si las hubiera pedido tener así para alcanzar sus sueños; impecablemente vestido, y de gafas que se oscurecen con el sol. Su sobre nombre nació casi con sus primeras palabras cuando a media lengua le pedía a su mamá que le vistiera de ‘Braco’, porque los colores oscuros le producían calor.
La cultura para ‘El Braco’ es más que una pasión y por eso se emociona cuando recuerda cómo 26 jóvenes, hace 30 años, se tomaron el solar de la alcaldía para pedirle al gobernante espacio para una biblioteca. El alcalde no le vio mayor problema y ordenó desocupar unas caballerizas para que allí se pusieran los primeros libros de San Jacinto.
Casi al mismo tiempo los muchachos ya organizados en un Comité Cívico comenzaron a recolectar las piezas arqueológicas que abundaban en la comarca y fueron construyendo el museo hasta que en los años 90 la guerra por el territorio desató una violencia sin límites en la región de los Montes de María. Cada familia pagó su cuota de dolor, explica Quiroz, quien perdió a tres de sus hermanos.
Este técnico en agrícola con alma de folclorista se tuvo que ir de San Jacinto y terminó como funcionario de la embajada colombiana en Indonesia y recibió un traslado a la sede diplomática en Qatar. Más tarde recibió instrucciones de ir a Washington, pero su vida estaba en San Jacinto y entonces regresó para impulsar nuevos proyectos.
Jorge también es el alma del Festival de Gaitas, que defendió en los momentos más difíciles del municipio, llegando incluso a arriesgar su vida. Un día hicieron unos carteles que pusieron en las entradas del pueblo en los que les pidieron a los violentos que respetaran la cultura y la tradición y que pese a sus amenazas iban a hacer el festival.
“Nos oyeron y respetaron porque durante el encuentro folclórico que duró unos 15 días e incluso mucho tiempo después no se oyó ni un solo tiro en el pueblo”, cuenta ‘Braco’.
En el 2005 los 26 amigos del ayer se volvieron a reunir para retomar la misión de tener una Casa de la Cultura e iniciaron un recorrido regional que llamaron Correría Montemarina, Itinerancia por el Territorio, Memoria y Cultura de los Montes de María.
Alquilaron una casa, reabrieron la biblioteca y crearon la Escuela de Formación Artística y la Banda. Por esa época el Museo de Cartagena cambió sus vitrinas de exhibición así que ‘Braco’ no tuvo inconveniente en irse para allá y las pidió para su pueblo.
En el 2010 uno de los del grupo cívico fue electo alcalde y el municipio favorecido con la modernización de sede de gobierno, entonces la vieja casona pasó a ser el Museo y techo para más 300 niños que toman a diario clase de gaita y danza. Otros 50 jóvenes se preparan para convertirse en guías turísticos y ambientales del pueblo, ya que en su zona rural, el municipio tiene decenas de petroglifos que encierran las raíces de los indígenas de San Jacinto.
Fotos: Cortesía Caracol.
