"De niño era gordito y bonachón", Juan Pablo Espinosa

Aficionado a la pintura y a la escultura, actor de teatro, enamorado de la cocina, un actor con una calificación 10.

Soy artista de nacimiento. Siempre me interesé por la pintura y la escultura, aunque lo que terminé estudiando fue teatro en Boston (Estados Unidos), a donde llegué a vivir cuando tenía 17 años. Aprendí arte dramático y allá pasé un tiempo muy rico y productivo de puro entrenamiento con un estilo casi de conservatorio, fueron cinco deliciosos años.

Nací un 28 de octubre hace 30 años y me gradué del Gimnasio Moderno. Soy un rolo, rolo. Totalmente bogotano, amo esta ciudad y en ella tengo mi rincón favorito del mundo, que es mi casa, junto a mi familia. Ahorita vivo con mis padres y mi hermana. Es el lugar más seguro que conozco, mi lugar neutro, en donde me refugio de tantas cosas. Es un momento de transición porque acabo de comprar un apartamento y pienso irme a vivir solo.

Vivir fuera del país siendo tan joven significó un momento muy duro en mi vida, aunque terminó siendo muy rico al final y me generó muchas satisfacciones. Yo no era aún mayor de edad y ya barría, lavaba, tendía y respondía por mi en todos los aspectos. ¡Incluso, aprendí a cocinar! Realmente, recomiendo mucho la experiencia. Vivir fuera y solo te da alas, te hacer crecer. Bogotá a veces es una burbuja y yo vivía muy malcriado.

A los 13 años era gordito y bonachón, me encantaba comer bueno y por eso lo de cocinar pasó de ser un pasatiempo a convertirse casi en un modo de vida. Ahora me encanta y me resulta una actividad muy relacionada con el arte. Por ejemplo, yo siempre he trabajado esculturas en arcilla y eso se parece mucho a hacer pan. Toda una alquimia. Me apasiona hornear y en eso me ayudaron mucho los libros de cocina de mi mamá.

Como a todo artista comprometido, me interesa mucho la suerte de mi ciudad, políticamente hablando. Es que yo creo mucho en luchar por las convicciones. Creo en la igualdad. No me gustan las injusticias. En la capital hemos sufrido mucho. Para las elecciones me llama la atención la propuesta de Gina Parody (candidata independiente a la Alcaldía de Bogotá), que refresca en este país de machistas.

Tengo claro que trabajo en un medio difícil en el que a veces se ve mucha hipocresía e injusticias, pero a pesar de ello yo me he encontrado con verdaderas joyas de amigos. Mi mejor amiga, por ejemplo, es la actriz Aída Morales, que trabajó conmigo en la serie ‘A corazón abierto’. La veo cada vez que necesito oxigenarme, es una amiga de lavar y planchar, nos acolitamos todo, nos gozamos todo. Ella es refrescante.

Estoy feliz de ser un protagonista que no se tuvo que aceitar el cuerpo ni hacer cirugías ni montarse en un caballo para parecer galán. Soy muy sensible y por eso me frustran las roscas de los que sólo cuentan con un buen cuerpo y eso es porque yo vengo del teatro y lo que quiero es comunicar y hacer papeles creíbles. En ese sentido, mi admiración en Colombia es para las actrices Margalida Castro, Consuelo Luzardo y Alejandra Borrero, por prolíficas, por honestas, por visionarias y por impecables.

 

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