La historia del tumaqueño que se negó a ser un "hombre macho"

El tumaqueño Chris Coime no encajaba con la idea de hombre macho que se reproduce, en su cultura. Por esta razón, empezó a investigar y hoy se acepta como andrógino. Una historia de exclusión, valentía y orgullo.

Lo más satisfactorio de este proceso ha sido amarme como soy y arriesgarme a seguir siéndolo contra viento y marea.Foto: Darío Triviño

La primera vez que supe de Chris Coime fue por las fotos de un viejo amigo. Me cautivaron sus ojos negros, su pelo largo envuelto en trenzas y el color chocolate de su piel, tan uniforme que parece cubierto con pintura. Mi embelesamiento también tenía una relación con la duda que me generaba: no reconocía si era un hombre o una mujer. Independientemente de la respuesta, su imagen era imponente y encantadora. Bella. 

Cuando lo contacté, noté que su voz coincide con su imagen: es dulce y da paz, es segura y también baila en ese limbo que hace difícil ubicarlo en un género específico. El tumaqueño de 22 años decidió usar su cuerpo para deconstruirse y construirse de nuevo. A pesar de vivir en una sociedad machista y conservadora, utiliza su estética para mostrarle al mundo quién es.

El joven vive con sus papás, en su pueblo natal. A pesar de su corta edad, estudió cocina tradicional, es bailarín desde los 16 años y hace parte del grupo Pacific Dance. También trabaja con su familia en una peluquería y es apasionado por el maquillaje. 
 

P: ¿A qué edad se dio cuenta de que no encajaba dentro del estereotipo de ‘hombre tradicional’?

R: Yo creo que ese es un proceso que todavía estoy viviendo. A mis 22 años, estoy todo el tiempo cuestionando esa idea del ‘hombre macho’, que está tan arraigada en nuestra sociedad, y conforme lo voy haciendo decido qué va conmigo y qué no.   

P: ¿Cómo ha sido el proceso de verse al espejo y reconocerse como alguien andrógino?

R: Ha sido un poco complejo, ya que he tenido que escuchar todo tipo de comentarios, y hay que ser muy fuerte para no flaquear ante ellos. La gente es muy dura con todo lo que considera diferente, pero creo que la sociedad termina adaptándose a ese tipo de cosas, al menos tengo esa esperanza.

P: ¿A quién ha acudido durante este proceso?

R: En general, es difícil acudir a alguien, sobre todo en Tumaco. Las personas que me han guiado son de Cali, personas que también practican la androginia y que saben más que yo. Me han dado algunas pautas, no solo para encontrar lo que busco físicamente, sino también para no desfallecer en la búsqueda de lo que quiero. 

P: ¿Cómo tomaron estas transformaciones las personas de su entorno?

R: La gente en Tumaco es muy tradicional. Tienen muy establecidos los roles de hombre fuerte, machista, y de mujer delicada. Así que no pertenecer a esos cánones o, como es mi caso, estar en medio de ellos, pone todos los ojos sobre ti. Con mi familia no hablamos de eso muy a fondo, la ignorancia es grande y a veces las creencias y la tradición sobrepasan la posibilidad de aceptar a tus seres queridos tal y como son.  

P: ¿Qué sintió cuando logró romper con esa estética masculina y convertirse en lo que es hoy?

R: Satisfacción y ganas de seguir. A pesar de todos los prejuicios, cuando siento que he obtenido lo que busco me da alegría. Incluso, a veces, las personas que están cerca de mí y no terminan de entender lo que hago con mi imagen me halagan por cómo me maquillo y me arreglo. Saber que lo estoy haciendo bien y que la gente lo nota me da felicidad. No quiero parar nunca. 

P: ¿Por qué decidió hacer este cambio?

R: Yo no lo llamo cambio, para mí es un experimento, porque realmente todavía estoy descubriendo a dónde quiero llegar, cómo quiero ser y cómo me quiero ver. 

P: ¿Con qué obstáculos se ha encontrado?

R: Principalmente, con el miedo al ‘qué dirán’. Me entorpece cuando quiero arriesgarme a hacer algo diferente. Mi seguridad se afecta mucho y empiezo a dudar de mis capacidades. Todo el tiempo me pregunto hasta dónde puedo llegar. 

P: ¿Qué ha sido lo más satisfactorio?

R: Sin duda, autorreconocerme. Pararme frente al espejo, amarme como soy y arriesgarme a seguir siéndolo contra viento y marea. Me siento orgulloso de mí.

P: ¿Quiere seguir  experimentando con su imagen?

R: Lo que más me interesa es seguir aprendiendo sobre las personas que han decidido vivir sin un género definido y seguir la búsqueda de lo que quiero ser. 

P ¿Cómo es ser una persona LGBTI en Tumaco?

R: Es complejo, pero no imposible. Cada vez somos más los que hablamos de nuevas masculinidades, los que investigamos y nos atrevemos a ser diferentes.

P ¿Por qué cree que hoy en día más personas se reconocen andróginas?

R: Porque la androginia nos da libertad. Nos permite existir en medio de dos ideales de género, con los que no nos sentimos identificados. Básicamente, podemos ser lo que queramos: usar ropa de hombre y de mujer, maquillarnos o no, lo que sea.

P ¿Cómo han tomado su postura otras personas LGBTI en su región?

R: Bien, no soy el único. Creo que podría decirse que la androginia se ha convertido en un lugar que muchos queremos habitar.

P ¿Cómo se ve en 10 años?

R: Como un emprendedor, como un líder que se arriesgó a hacer lo que otros no. A pesar de mi entorno, a pesar de lo que dicen, a pesar de todo: como un valiente. 
 

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Natalia Pedraza Bravo

Estilo de Vida

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