La mujer del Presidente

Mucho antes de que Juan Manuel Santos aspirara a la jefatura del Estado, esta joven politóloga, ex concejal de Bogotá, se convirtió en su mano derecha.
La mujer del Presidente

Lo acompañó en la Fundación Buen Gobierno, en la campaña, en la gira por Latinoamérica antes de posesionarse y ahora en la Casa de Nariño.

Fue en el carro hacia el Pedregal de San Ángel, al sur de Ciudad de México, rumbo a la casa de Gabriel García Márquez, donde sin más preámbulos el presidente Juan Manuel Santos le anunció que sería la secretaria del Consejo de Ministros. No pudo contener las lágrimas. Sin duda se trataba de un nombramiento muy significativo para su carrera política, que comenzó oficialmente el día en que fue electa edil de la localidad de Chapinero a los 23 años, pero que se inició desde que estaba en el Colegio Santa María y lideraba los programas de alfabetización, además de repartir volantes de sus candidatos favoritos durante las épocas electorales.

A los 33 años, no sólo ha probado las mieles de la victoria. Hace tres perdió las elecciones al Concejo de Bogotá en una contienda que sintió muy desigual debido a la exorbitante cantidad de dinero que había en muchas campañas. Ese día, 28 de octubre de 2007, volvió a llorar. “La desilusión era muy grande. Pensé que había ejercido una buena gestión y que vería los frutos. Perdí por 98 voticos”. El duelo sólo duró dos días y muy pronto estaba trabajando en la creación de un Observatorio de Juventud en Derechos Humanos para la Personería de Bogotá y en el tema de las barras bravas. Se sentía feliz, el amor había llegado a su vida y estaba segura de que pronto vendría algo grande. Y así fue.

Tan pronto renunció al Ministerio de Defensa, el hoy presidente de la República, Juan Manuel Santos, la contactó. Hacía poco se habían vuelto amigos y él la quería a su lado, aunque aún no supiera a ciencia cierta si sería candidato o si impulsaría la segunda reelección del presidente Uribe. Se convirtió en su secretaria privada y en la persona que lo acompañó a recorrer algunas regiones del país con la intención de conocer las necesidades e inquietudes de la gente. “Él decidió crear un proyecto de gobierno sin saber si sería el suyo o el del presidente Uribe”.

A las pocas semanas los días de Cristina Plazas se convirtieron en extensas jornadas de más de 15 horas. Reuniones, viajes, discursos en plaza pública, entrevistas con los medios, comidas. Todo el tiempo estaba al lado de Juan Manuel Santos, era ella quien manejaba la agenda y sabía casi de memoria los lugares y las horas de cada uno de sus compromisos. “Fue una campaña muy bonita. Todos estábamos ahí por convicción y la pasamos felices”. Aunque no niega que hubo momentos de mucha tensión y cansancio. Empezaban a las seis de la mañana y a las dos de la madrugada todavía seguían trabajando. “El doctor Santos es una persona muy exigente, quiere que las cosas salgan perfectas; eso sí, no es un jefe bravo sino conciliador. Le gusta delegar y trabajar en equipo”.

El poco tiempo libre que le quedaba lo compartía con su novio, su mamá y sus tías. Esta joven abogada de la Universidad Javeriana adora estar en familia, aunque jamás rechazaría una noche de parranda y un aguardiente. Lo que sí no pudo hacer durante la campaña fue su actividad favorita: bucear. Y aunque probablemente ahora sus funciones en la Casa de Nariño tampoco le permitan hacerlo con la frecuencia que quisiera, espera volver pronto a las profundas aguas del Océano Pacífico a orillas del municipio de Nuquí, en donde los corales y los peces despejan su mente y fortalecen su espíritu.

Datos

Durante su período como concejal de Bogotá, Cristina Plazas Michelsen impulsó la creación del Instituto de Cultura y Turismo, hoy bajo el nombre de Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte. En ese entonces Luis Eduardo Garzón era el alcalde de la ciudad y después de una gran batalla en el cabildo distrital logró que se aprobaran los recursos necesarios para el desarrollo de una entidad que se encargara de promover el turismo en Bogotá. No fue fácil, “recuerdo un año en el que me asignaron un presupuesto bajísimo con el que prácticamente era imposible trabajar. Tuve que pelear mucho para que éste aumentara”. Otra de las grandes satisfacciones que le quedaron de su gestión como concejal fueron los debates de control político al Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) por los retrasos en las obras. 

 

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