
Hablé con Catalina Martínez Coral –directora regional para América Latina y el Caribe del Centro de Derechos Reproductivos– para preguntarle cómo le contaría a una niña de 14 años la historia de Teodora Vásquez, una mujer salvadoreña, condenada injustamente a 30 años de cárcel por haber tenido un parto prematuro, en el que el feto nació muerto.
Catalina me dijo que le explicaría que es la historia de una mujer que se fue a la cárcel “por algo que ella no hizo. Fue acusada de haberse causado un daño, pero en realidad lo que le pasó a Teodora fue una complicación natural”. Los médicos que la atendieron, “la acusaron de haberse provocado un aborto. En El Salvador, la ley prohíbe el aborto en todas las circunstancias, hasta cuando el embarazo es el resultado de una violación sexual a una niña de 14 años como tú”.
Teodora se mete en un problema legal gigante. Los juzgados, sin pruebas, dijeron “que ella se había provocado esa complicación” y que, como ya casi iba a tener al chino, dizque ella lo había matado. Pero todo eso era mentira, porque no había pruebas suficientes, ni pruebas científicas, ni nada.
La verdad es que “las complicaciones en los embarazos son muy frecuentes, más aún cuando no se tiene una adecuada atención en salud”. Ni en los centros de salud ni en los juzgados trataron bien a Teodora. Ignoraron su versión de la historia: “Nadie le creyó, los médicos la acusaron sin escucharla”.
Todas las cosas malas que se creen sobre las mujeres influyen en estos casos, porque se dice que son mentirosas, inmaduras y no pueden decidir lo que es mejor para ellas y para el mundo. Se piensa que son unas ‘perras’, si quedan en embarazo y no es del marido, y si deciden no tenerlo es porque son unas asesinas.
Aunque Teodora ahora está en libertad porque “su pena fue reducida después de haber estado en la cárcel durante 11 años por un delito que no cometió”, la sentencia “no reconoce su inocencia, ni le repara los daños causados”. En este momento “hay 28 mujeres encarceladas en El Salvador por las mismas circunstancias. Necesitamos que ese país cambie sus leyes y que, en lugar de criminalizar a las mujeres, las proteja, les brinde servicios de salud, les crea y no las discrimine”.
Catalina trabaja para que las niñas puedan vivir en una sociedad en la que sus voces sean escuchadas. Ojalá logremos criar niños, niñas y adolescentes que sean rebeldes, resilientes y solidarias como Catalina y Teodora.
Rectificación: en la columna de la edición pasada 'Orgullosamente, loca', se utilizó la expresión ‘enfermedad mental’. Después de la Convención de las Personas con Discapacidad se entiende que la discapacidad no es una enfermedad sino que la discapacidad la generan los entornos que nos rodean.
Foto: Getty.
