La nueva virginidad

Abstenerse de tener relaciones sexuales algunos meses antes del matrimonio es una tendencia que se extiende entre las parejas jóvenes.
La nueva virginidad

Eva tiene 27 años y en cuatro meses se casará con su novio, Felipe, con quien lleva tres años de relación. Los dos perdieron la virginidad entre los 16 y los 18 años y han tenido, en promedio, siete parejas a lo largo de su vida. El sexo entre ellos es muy bueno, según confiesa Eva: “En la cama nos entendemos muy bien, nos gusta mucho hacer el amor, es muy intenso”. Sin embargo, desde el día en que se comprometieron, decidieron privarse de los placeres carnales y prometieron que no volverían a tocarse hasta tener la bendición del cura.

“En el curso prematrimonial una de las parejas que les habla a los novios nos sugirieron no tener más sexo hasta el día del matrimonio. Algo así como un voto de confianza. El cura de la parroquia también propuso el tema como una ofrenda a Dios. No llegamos vírgenes al matrimonio, pero nos guardamos un tiempo como señal de compromiso, algo así como una segunda virginidad”, explica Eva, que cuenta con ansiedad los días de abstinencia: “Hace exactamente 38 días que no hacemos el amor. ¡Es terrible! No es fácil no tocarse ni tener sexo y ¡faltan 91 días!. Debo confesar que he querido romper la promesa”.

Para el sexólogo Fernando Barreto, “negarse al sexo es negar la naturaleza. Está bien conservarse virgen hasta que la persona se sienta segura para tener la primera relación sexual, pero la segunda virginidad para mí tiene una connotación más moral que otra cosa. A nivel físico no hay ninguna ventaja en la abstinencia. Me atrevería a decir que un 70% de parejas que se compromete con esto no logra cumplir”.

Otros sexólogos consultados por esta revista coinciden con Barreto. “El éxito del matrimonio no depende de tener o no sexo antes de la bendición”, dice la sexóloga Shirley Suárez. “Confianza, compromiso y buen sexo es una combinación que sí podría ayudar a que una relación se mantenga”, agrega. Sin embargo, la segunda castidad es una tendencia que está creciendo rápidamente entre las parejas jóvenes que se quieren casar. Según explica la psicóloga Marina Díaz, “como la primera vez que la mayoría de personas tuvo sexo lo hizo por curiosidad y sin ningún tipo de compromiso, la abstinencia prematrimonial se convierte en algo quizá más importante que llegar virgen a una boda”.

Pero más allá de ser un acuerdo entre la pareja, el peso de la religión es muy fuerte en esta nueva moda. “Estas parejas entienden que el sexo prematrimonial es algo que no aprueba la iglesia católica y ya que quieren casarse por este rito comienzan a respetar los preceptos religiosos”, explica el párroco de una Iglesia al norte de Bogotá.

Desde hace varios años la Iglesia se dio cuenta de que la batalla contra el sexo antes del matrimonio estaba perdida (según la última encuesta de salud sexual, en Colombia los jóvenes tienen su primera relación entre los 13 y 14 años) por eso decidieron apostarle a convencer a las parejas de la necesidad de abstenerse. Marcela López, psicóloga, explica que la Iglesia católica comenzó en los 90 a convencer a los jóvenes de los beneficios de la virginidad.

“La campaña ha dado tanto resultado que en Facebook han aparecido varias páginas con nombres como Vírgenes hasta el matrimonio o Vírgenes por Bogotá, en los que se promueve conservarse casto hasta el matrimonio”, dice López.

La tendencia no es exclusiva de Colombia. En Estados Unidos, por ejemplo, en el 55% de las escuelas católicas se les insiste a los jóvenes en demorar el sexo hasta el matrimonio. Las iglesias cristianas van más allá. Se han presentado casos de pastores que se niegan a bendecir a una pareja si es sexualmente activa.

Pero la abstinencia sexual no es algo exclusivo de los católicos. Durante el Ramadán (mes sagrado musulmán) el sexo está proscrito. En la cuaresma, los católicos tiene prohibidas estas pasiones y los judíos ortodoxos no lo admiten durante el periodo menstrual.

“Es mucho más difícil una segunda virginidad, pero el sexo no es la única fuente de felicidad. Una persona no puede morir por falta de sexo, pero si por falta de amor”, asegura Eva.

Para lograrlo, según los sexólogos

Evitar dormir con la pareja.

Dosificar los besos y las caricias.

Hacer actividades que los alejen de una posible actividad sexual (bailar, beber licor).

Compromiso verdadero.