La obsesión por la castidad femenina

La Organización Mundial de la Salud ha prohibido las pruebas de virginidad, ya que violentan los derechos humanos. En medio de este contexto, hemos ahondado en la historia de esta práctica que les ha hecho tanto daño a las mujeres.

La obsesión por la castidad femenina
Era usual que los padres llevaran a sus hijas a Medicina Legal para confirmar si habían tenido relaciones sexualesGetty

María* tenía 15 años cuando tuvo su primer novio. Era 1974 y aceptó la propuesta de un joven de su barrio, cinco años mayor que ella. Así empezó una relación de encuentros clandestinos, en los que se limitaban a caminar de la mano. Él la esperaba a la salida de su colegio y la acompañaba hasta su casa. Un par de cuadras antes de llegar se separaban para evitar ser vistos por su mamá.

“Tener novio era sobre todode palabra. Todo era con un susto horrible porque en la casa no teníamos libertad para nada, no nos dejaban salir solas, era prohibido y un completo tabú que tuviéramos novio. Sobre todo con ciertas personas, porque para mis papás, los vecinos no valían la pena, ¿cómo nos íbamos a fijar en esos pobres muchachos?”, dice María, hoy de 60 años, mamá de dos y abuela de una.

Un día su familia se enteró y eso fue suficiente para que su mamá asumiera que María ya no era virgen. Había que tomar medidas. Su solución fue dirigirse a la comisaría del barrio, el lugar al que se llevaban los problemas de convivencia y a los ladrones. Allí le dijeron que en Medicina Legal podían hacer un examen que probaría si María era virgen o no. Así, María terminó en esa institución, un lugar que ella recuerda como “escueto y frío”, y en el que estaba rodeada de otras mujeres, mucho mayores que ella, esperando a ser examinadas. Cuando fue su turno, pasó a un cuarto en el que una doctora le pidió que se desnudara de la cintura para abajo, se acostara y abriera las piernas para ser examinada. “Lo recuerdo como una pesadilla. Yo estaba muerta del susto porque además había varias personas mirando, como en los hospitales universitarios. Me sentía expuesta, con una vergüenza total. Me preguntaron por qué estaba ahí, respondí que no sabía, que mi mamá me había llevado. Me examinaron, la doctora les explicó algo a los demás. Lo único que recuerdo fue que dijo: ‘himen elástico’. Yo sentí que me tocaron, no sé si me introdujeron algo. Me sentí muy vulnerada, fue una cosa fea”.

El resultado que su mamá recibió ese día la dejó perdida: himen elástico. Eso era todo. La fijación por la virginidad de las mujeres ha sido una constante en la historia. En la antigua Grecia se creía que el aspecto de los pezones de una joven indicaba si era virgen. En la Edad Media se comparaba la circunferencia de la frente con la circunferencia del cuello para determinar si una mujer ya había tenido relaciones sexuales. El cuerpo y la sexualidad de las mujeres ha sido, desde hace siglos, objeto de control en sociedades que han hecho del matrimonio el único espacio en el que una mujer puede tener una vida sexual.

Con la medicina moderna, las pruebas para determinar si una mujer era virgen se inscribieronen el discurso médico. Así nacieron las pruebas de virginidad como exámenes físicos en los que el profesional médico observa el himen en busca de rasgaduras y analiza su apertura para establecer si ha habido penetración. En ocasiones, esa inspección se realiza con un examen de tacto introduciendo dos dedos en la vagina.

Según el médico forense Rubén Darío Angulo, quien trabajó como investigador criminal en la Fiscalía, es un examen que se puede considerar normal, dentro de la práctica médica. Él mismo lo realizó a varias jóvenes, sobre todo menores de edad, de las que se sospechaba que podían haber sido abusadas o que eran encontradas en prostíbulos. Aunque aclara que, en Colombia, el examen solo se hacía en el contexto de un posi­ble crimen: tenía que haber una denuncia por parte de una auto­ridad judicial para hacerlo.

Por otro lado, el médico foren­se Germán Fontanilla, director regional en Bogotá de Medicina Legal, asegura que en los más de 20 años que ha trabajado en la institución no ha existido en Co­lombia un examen cuyo objetivo sea determinar la virginidad de las mujeres. Pero, afirma que sí era usual que los padres de muje­res jóvenes las llevaran a Medici­na Legal para solicitar una prue­ba que determinara si habían tenido relaciones sexuales. “No­sotros sencillamente hacíamos un examen sexológico, como se hace en los casos en los que pue­de haber un delito sexual”, dice Fontanilla, quien agrega que el examen consistía en ver si el hi­men de la mujer estaba intacto.

En octubre pasado, la Orga­nización Mundial de la Salud (OMS) hizo un llamado para pro­hibir totalmente las pruebas de virginidad en el mundo. La ra­zón es que el examen se ha usado como una forma de controlar la sexualidad de las mujeres, ba­sándose en prejuicios culturales sobre la castidad.

“En un llamamiento mundial para eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas se propone acabar con esta práctica innecesa­ria, desde el punto de vista médico, y muchas veces dolorosa, humillan­te y traumática”, dice el comunica­do emitido por la Organización.

La situación es crítica en países como Afganistán, donde las pruebas de virginidad terminan en el encar­celamiento de mujeres. Hasta julio pasado, en ese país estuvo vigente una ley que castigaba hasta con tres meses de cárcel a cualquier mujer que tuviera sexo premarital. Bajo esa ley, decenas de mujeres y niñas fueron encarceladas por fallar una prueba de virginidad, un examen al que a menudo son sometidas bajo la demanda de oficiales de policía por situaciones tan comunes como ca­minar acompañadas de un amigo. Algunas de ellas incluso terminaban encarceladas por un año en prisio­nes donde eran víctimas de abuso sexual por parte de los guardas.

Esto, en teoría, cambió el año pasado, cuando el gobierno de Afganistán aprobó una ley que establecía que las pruebas de vir­ginidad solo podían hacerse con el consentimiento de la mujer.

Pero lo que le da más gravedad al asunto es que, según la OMS, no hay ninguna evidencia de que esas pruebas de virginidad pue­dan probar si una mujer ha tenido relaciones sexuales vaginales. De hecho, afirma la Organización, no existe ningún examen que pueda probar eso. El mismo Rubén Da­río Angulo, que practicó el exa­men en su paso por la Fiscalía, confiesa que el examen no siem­pre permitía llegar a un resultado concluyente.

“Lo fundamental para saber si una persona es virgen es la rup­tura del himen, pero hay una ex­cepción, los hímenes distensibles o complacientes. En ese tipo de hímenes, la membrana se estira cuando se penetra y no se rompe. Ahí sí es difícil saber si ha habido penetración”, dice Angulo.

Ese, precisamente, fue el resulta­do que María y su mamá recibieron en Medicina Legal: su himen era distensi­ble, o elástico, y eso hacía difícil deter­minar si era virgen o no. Tiempo des­pués, cuando María tuvo su primera relación sexual con su esposo, le sor­prendió encontrar un rastro de sangre entre sus piernas, que parecía indicar que había un himen que se había roto. “Yo no sé qué pasó ahí. Todo entonces debió ser una mentira muy grande. Si mi himen se rompió, ¿por qué dijeron que era un himen elástico?”.

La respuesta, según la OMS, es que se trata de un examen sin bases cien­tíficas, que se practica bajo la creencia infundada de que la apariencia de los genitales de una mujer puede indicar algo de su actividad sexual. El doctor Germán Fontanilla, de Medicina Legal, agrega que solo el hecho de hablar de “virginidad” es hablar de un concepto cultural, no de uno científico. La OMS asegura, además, que la práctica es una violación a los derechos humanos –como el derecho a la privacidad y a la integridad física–, e incluso un acto que podría considerarse violencia sexual al practicarse sin el consentimiento de la mujer. El resultado de esa experiencia es un trauma que deja consecuencias físicas, psicológicas y sociales.

“Eso fue doloroso y humillante. Yo era muy tímida y muy inocente, y tenía mucho miedo como para en­frentar a mi mamá y decirle que no había pasado nada. Eso para mí fue como una afrenta, sentía como si me hubieran violado. Durante mucho tiempo estuve muy traumatizada y me escondí un tiempo del que era mi novio. Pensaba que si lo veía me iba a dar mucha pena. Yo siempre he sido pudorosa, y más de adolescente, que uno es supertímido y acomplejado. Me sentí completamente violentada, fue muy traumático”, dice María.

Las consecuencias pueden ser aún peores en países como Afganistán en los que solamente haber sido sometida a una prueba de virginidad es conside­rado una humillación para la familia de la mujer. Eso puede llevar a intentos de suicidio o incluso a intentos de asesina­to en nombre del ‘honor’.

Actualmente, según el médico Fon­tanilla, han disminuido ostensible­mente los casos de padres que llegan a Medicina Legal con el interés de sa­ber si sus hijas han tenido relaciones sexuales. Y, en general, dice, la insti­tución ahora es mucho más conscien­te y cuidadosa con los exámenes que tienen que ver con posibles casos de violencia sexual.

“De pronto me equivoco, pero puedo decir que desde finales de los 90 empeza­mos a hablar de la prueba pericial inte­gral, que se trataba de no hacer preguntas invasivas, y permitir un relato más libre”. Es decir, agrega el médico, un protocolo en el que antes del examen físico se hace una entrevista con preguntas que no re­victimicen a las mujeres.

En la actualidad, agrega, los exáme­nes físicos solo se hacen con el consenti­miento informado de la persona, incluso cuando se trata de un posible victimario. Esta medida se respeta, incluso, cuando se trata de menores de edad, cuyos papás o tutores legales han dado autorización para realizar el examen.