La peligrosa epidemia de las cámaras pornográficas ocultas

Las mujeres de Corea del Sur protestaron tras años de ser víctimas de un ejército de voyeristas que las graba, sin que ellas lo sepan, desnudas en el baño o debajo de sus faldas en el metro.

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En Corea del Sur puedes ser actriz porno sin saberlo. Entras al baño del centro comercial o de la oficina, te bajas los pantalones y una cámara escondida graba cada uno de tus movimientos. Quizás estás en el vestier de un almacén, te desnudas para medirte un vestido, y tu cuerpo descubierto queda registrado para miles de voyeristas que se sienten tremendamente excitados de verte sin que tú lo sepas.

Esta práctica es conocida como ‘molka’ y es un delito que consiste en grabar mujeres en su intimidad sin que ellas lo sepan. Surgió hace unos años en Corea del  Sur, un país orgulloso de sus avances tecnológicos y en el que alrededor del 90% de sus 50 millones de habitantes tiene un teléfono inteligente (una de las tasas más elevadas del mundo).

En esa sociedad patriarcal, sin embargo, la tecnología se ha convertido en un arma de doble filo para las mujeres, que ya llevan años siendo acosadas por un creciente ejército de voyeristas con cámaras de espionaje que nadie se ha preocupado por controlar. Y están tan avanzados que no solo esconden sus aparatos en los baños, sino que los llevan en sus relojes o en sus zapatos, que pueden, por ejemplo, grabar fácilmente debajo de una falda en el metro.  

Por esta razón, hace unas semanas se realizó la marcha por los derechos de las mujeres más grande en la historia de Corea del Sur. Alrededor de 30.000 activistas salieron a las calles de Seúl para demostrar su indignación frente a la industria pornográfica de las cámaras escondidas y frente al doble estándar con el que los policías hombres investigan y condenan el delito.

Salieron a la calle con máscaras para protegerse del acoso y del matoneo digital. Tenían pancartas que decían “Mi vida no es tu porno” o “Quiero poder bajar la guardia cuando entro al baño”. Algunas decidieron protestar rapándose el pelo. Todas alegaban que el gobierno había fallado a la hora de protegerlas, a pesar de que exista un bloque de búsqueda que se encarga de revisar los baños públicos del país para detectar los pequeños aparatos que las graban. 

Todo indica que esa medida no ha sido suficiente. Las personas detrás de esos delitos enfrentan multas de unos 9.000 dólares o una sentencia a prisión de hasta cinco años, sin embargo, las activistas aseguran que a la hora de la verdad terminan pagando multas muy bajas y, en la mayoría de los casos, el delito queda impune. Por esta razón, el presidente Moon Jae-in pidió castigos más severos para los responsables y más de 400.000 personas firmaron recientemente una petición solicitando al gobierno que obligue a la policía a investigar adecuadamente todas las acusaciones de molka, ya que al parecer hay un sexismo arraigado a la hora de condenar este delito.

De acuerdo con el diario The Guardian, la policía han negado que tomen las denuncias a la ligera. Justifican su inoperancia argumentando que deben verificar las denuncias con base en imágenes que, con frecuencia, no muestran el rostro de la víctima. En cuanto al punto de vista de la ley, Wee Eun-jin –directora del comité de los derechos de las mujeres en Abogadas para una Sociedad Democrática­– dijo que la legislación actual ha hecho poco por ayudar a las víctimas: “Ha habido casos en los cuales no se inició ninguna acción contra un sospechoso porque las grabaciones eran de las piernas o las nalgas cubiertas de las víctimas, y los jueces creyeron que esto no podría haber causado sentimientos de humillación”.

Pos su parte, Chang Dahye, investigador del Instituto de Criminología de Corea, explicó en una entrevista con el Korea Exposé: “El miedo que sienten las mujeres por las cámaras espías no está fuera de proporción, es racional. No son solo videos de relaciones sexuales. Hay videos de mujeres haciendo sus necesidades en baños públicos, fotos de mujeres en bikini o caminando desnudas en sus casas. En una página los hombres incluso subían fotos de sus novias y esposas y les pedían a otros que calificaran sus genitales”.