
El arte en México, desde las cuevas de Baja California en la cultura pre-hispánica hasta las pirámides, ha sido la principal forma de expresión de pasiones y de poder. Luego quedó plasmado en las paredes de los monasterios, de los conventos, iglesias y palacios, y desde los años 20, el arte muralista se instaló en los edificios, con obras de Rufino Tamayo, Diego Rivera, Francisco Toledo y demás maestros reconocidos.
Si existe una leyenda viva, cinco décadas después de su muerte y viva representación del arte mexicano, lleva el nombre de mujer: Frida Kahlo. Ha sido la embajadora del arte mexicano. Un verdadero ícono del arte popular y de la moda. Su cara y su estilo han sido reproducidos en todas las formas posibles como símbolo de su filosofía de vida, la pasión con que vivió, la libertad, la creatividad, el talento y la capacidad de sobreponerse a las peores adversidades de salud y convivencia emocional.
Ha seducido con su estilo a millones en todo el planeta, que la aman más allá de su arte. Su corsé terapéutico, que ella misma se dedicó a reproducir de forma cotidiana, se convirtió en una prenda femenina de sacrificio y supervivencia. Los colores vibrantes de sus vestimentas marcaron para siempre la moda del mundo. Su estilo andrógino le abrió a las mujeres la posibilidad de salirse de las enaguas, de fumar y de entrar a las cantinas.
Desde el 17 de septiembre de 1923, día de su accidente en un bus cuando era una adolescente, su vida cambió volviéndola un ser amargo hacia la vida pero al mismo tiempo romántica y soñadora, como un escapismo a la realidad de su doloroso presente. Pintar se volvió su principal desahogo. La moda se convirtió en la herramienta para dejar volar sus fantasías. “Piecitos para qué los quiero si tengo alas para volar”, esa era su filosofía de vida.
Hoy, Frida Kahlo es una de las leyendas más fuertes en el imaginario mexicano. Los jóvenes conocen y repiten su historia de amor con Diego Rivera, mucho mayor que ella y quien la amó y la torturó al mismo tiempo. Conocen sus romances, sus excentricidades, sus canciones y su amor por el mezcal. Muchas jóvenes quieren ser como Frida, imitar su coraje y su capacidad de reírse de sí misma, en medio del más grande sufrimiento físico y mental. Todo lo transformó con la dualidad de ser dos mujeres a la vez. Una viva y otra muerta, dándole rienda suelta a su dolor con una imaginación sin límites y una disciplina estoica hacia su trabajo. Plasmó con colores y realismo toda la cultura de su tiempo.
-Desde Saint Laurent, Gaultier, La Croix, Miuccia, Prada, Kenzo, Agatha Ruiz de la Prada y muchos otros, han reproducido sus faldones, sus blusas de china poblana blancas de algodón, los tejidos de sus rebozos, las cintas coloridas que adornaban sus trenzas, sus aretes gigantes en plata y sus manos repletas de anillos.
-Sus pinturas y trabajos surrealistas se han ido vendiendo por millones de dólares en subastas de reconocidas casas internacionales como Christies y Sotheby’s.
-Es la artista obligada para los grandes coleccionistas de arte latinoamericano. Viajó a exponer en NY, lo mismo que en París, bajo la iniciativa de André Breton.
-Su belleza contradictoria e imperfecta ha inspirado a muchos jóvenes artistas y diseñadores en la Alta Costura, con su tendencia personal y feminista.