Publicidad

Las Islas Griegas y el misticismo de sus lugares sagrados

De un crucero por estas islas y la costa turca, en las aguas del mar Egeo, se regresa bronceado, más culto, más gordo y, quizás, un poco más piadoso.

Por Patricia Ritter
02 de abril de 2015
Las Islas Griegas y el misticismo de sus lugares sagrados

Las Islas Griegas y el misticismo de sus lugares sagrados

No sé si creo en Dios. Quisiera creer. Eso sí sé. También sé que no es necesario creer -aunque sin duda sería preferible- para ser capaz de apreciar la sublimidad y el misticismo de los lugares sagrados. Para conmoverse con una peregrina, sin fuerzas ni pelo, subiendo del brazo de su pareja a la colina donde se apareció la Virgen de Medjugorje (Bosnia y Herzegovina), en busca del milagro de un poco más de tiempo juntos en esta tierra. Para acompañar durante horas, desde la orilla contraria del río Bagmati, en el templo Pashupatinath de Katmandú (Nepal), a una familia hinduista mientras las llamas convierten a uno de sus seres queridos en ceniza. Para, por ahora lo puedo solo imaginar, dejarse contagiar por la fe de los millones de musulmanes que realizan cada año el Hajj a La Meca o de los cristianos que rezan arrodillados en el Santo Sepulcro en Jerusalén. 

El mar Egeo, el rincón del Mediterráneo donde se encuentran Grecia y Turquía, atrae cruceros pletóricos de turistas, por su sol, atardeceres y playas. Por la casas blancas de techo azul de Santorini. Por las rumbas y los molinos de Mykonos. Porque ahí estuvieron tres de las siete maravillas del mundo antiguo: el Coloso de Rodas, el Mausoleo de Halicarnaso (actual Bodrum) y el Templo de Artemisa (Éfeso). Porque en una gruta en Patmos el apóstol Juan recibió la revelación. 

“Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”. (Apocalipsis 1:9) 

Sigue a Cromos en WhatsApp

 

artemisa

Pedazo de maravilla. Lo único que queda en Éfeso del Templo de Artemisa -una de las siete maravillas del mundo antiguo- es una columna de las 127 que tuvo.

 

La gruta donde el discípulo amado de Jesús vivió y le fue revelado el Apocalipsis es un lugar de culto. Los fieles, luego de descender por unas escaleras empinadas, entran y se funden en oración. En la gruta, hoy parte de un monasterio y Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, se conserva la piedra donde Juan apoyaba la cabeza para descansar, el lugar donde solía rezar y la especie de atril donde Prochoros escribía lo que le dictaba el evangelista. Para salir del trance y recordar que se está en un crucero por las islas griegas, casi en la puerta del lugar sagrado se consiguen puestos ambulantes con imanes con la imagen del santo.

Como siguiendo los pasos de regreso del apóstol más joven, pescador de oficio antes de entregarle su vida a Jesús, muchos de los cruceros atracan en Kusadasi, puerto donde comienza la visita a Éfeso, donde murió San Juan, de manera tranquila, siendo anciano.  Sobre lo que fue su tumba, están las ruinas de lo que fue la majestuosa basílica que el emperador Justiniano le mandó a construir a mediados del siglo VI.   

 

virgen2

Una teoría es que después de la crucifixión de Jesús en Jerusalén, María se fue con Juan a Éfeso donde vivió en calma sus últimos días. Su supuesta casa es un lugar de peregrinación. 

 

De la suerte de la Virgen María, después de la crucifixión de su único hijo, se sabe poco. 

“Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo”. (Juan 19:26)

Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”. (Juan 19:27)

De las palabras pronunciadas por Jesús antes de morir (y de las visiones de una monja alemana del siglo XVIII) surge una teoría: dada la terrible persecución a los cristianos en Jerusalén, Juan se traslada a Éfeso en compañía de María. Allí le construye una pequeña casa en la que la Virgen vivió el resto de sus días. La casa, parte original y parte reconstruida, fue proclamada lugar santo y se puede visitar. De hecho la visitan 1.5 millones de creyentes cada año. La han visitado Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y la puede visitar usted en un crucero por el Egeo.   

 

efeso2

De todas las paradas del crucero es probable que las más interesante sea Éfeso (Turquía), no solo por la casa de la Virgen, por la tumba original de San Juan y por la solitaria columna de lo que fue el templo de Artemisa, sino, sobre todo, por la antigua ciudad.

 

- Salidas en crucero:

Por lo general los cruceros ofrecen la opción de comprar excursiones adicionales en los puertos. Lo van a tentar. Pero la mayoría de las veces resulta más barato y rinde más hacerlas de manera independiente. Para eso, hay que investigar bien para saber en qué casos valen la pena y para determinar lo que le interesa conocer. Mire alternativas de transporte y las opiniones en internet de otros viajeros. Eso sí: si decide lanzarse solo esté MUY pendiente de los horarios del barco porque son muy estrictos. 

- Puerto:

Su crucero o ferry va a salir del puerto de Piraeus en Atenas. Se trata del puerto más grande del país, en carga y pasajeros. Solo en 2014 embarcaron en Piraeus 18,5 millones de personas. Llegue con tiempo suficiente para encontrar y llegar hasta su muelle.

 

Una app para vivir la experiencia

 

SkyviewMainImage

 

Asttronomía de emergencia:

Un buen plan para las noches, mientras el crucero está navegando, es contemplar las estrellas. SkyView es una app en la que simplemente hay que apuntar el iPad o iPhone al cielo para que identifique las estrellas, constelaciones, planetas y satélites.

 
 

Por Patricia Ritter

Sigue a Cromos en WhatsApp
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.