Lo que la soltería me enseñó

Antes de ser una experta en los asuntos del amor, nuestra columnista tocó fondo y aprendió a abrazar la soledad. Aquí resume su experiencia, que comparte completa en su libro 'Manual para Solteras DeBotas'.

Lo que la soltería me enseñó
"El hecho de que haya más solteras no es un fracaso social, sino una evolución de la independencia de la mujer", Vogue.Pixabay.

La soltería es una decisión y también una consecuencia. Para algunas mujeres es libertad;  para otras, un escudo, una muralla, un refugio o un estigma. Habrá quienes la miren como una excusa o un escape. Habrá quienes le teman porque la consideran un castigo para aquellas demasiado jodidas e independientes. En mi caso fue redentora, esclarecedora y oportuna.  

Lo cierto es que la soltería femenina posee sus complejidades pues está de por medio la presión social, el tic tac del reloj biológico, los comentarios malintencionados y las novelas románticas con final feliz, y el final feliz se traduce en conseguir un tipo.

No importa cuántos títulos tengas, ni los países que hayas visitado, al llegar a casa de tus tías, la única etiqueta válida será la de soltera con más de treinta años, sin asomo de marido o hijos. Una mujer sobrante. Una media naranja a la que le falta su mitad.

Confieso que hace algunos años no podía estar sin pareja, no tanto porque me importara el qué dirán, sino porque me gustaba sentirme querida por alguien, como si fuera una forma de reconocerme a través de lo que ese otro pensaba de mí. La verdad es que me daba miedo estar sola y enfrentarme a ciertos asuntos pendientes por resolver y sanar.

Luego de una crisis decidí estar sola por un buen tiempo. Lo hice de manera consciente y voluntaria, porque necesitaba sentirme bien conmigo misma, y esto fue lo que aprendí en ese proceso, en el que abrí los ojos, la mente y el corazón:

•Mi vida es rica y tiene muchas aristas, así que las relaciones afectivas no son lo único ni lo primordial. La clave es la búsqueda del bienestar y el balance entre los diferentes aspectos que hacen parte de mí. 

•En ese momento no tenía muy claro lo que quería a nivel afectivo, pero sí estaba muy segura de las situaciones que no deseaba repetir y de las personas con las que no quería estar. 

•No todas queremos lo mismo. Hay quienes anhelan la maternidad, otras quieren viajar, otras buscan montar su empresa, otras casarse, otras tener una guardería de perros, y otras quieren todas las anteriores. Ninguna opción es mejor que la otra, simplemente hay muchos caminos por transitar. 

•Comprendí la diferencia entre autoestima y egocentrismo. Construí una mejor versión de mí,  empecé a chequear mi amor propio y me propuse mantenerlo en niveles sanos.

•De loca por los gatos pasé a convertirme en Gatúbela. Redescubrí mi poder erótico y me convertí en la dueña de mi placer.

•Aprendí a ser valiente y puse en práctica la autoafirmación: mantuve mi posición clara  ante los chismorreos hartos en reuniones familiares y de oficina. 

• El mundo no es un cuento de hadas y la historia de mi vida la escribo yo. Seré villana, guerrera o princesa. ¡Seré lo que quiero ser!  

•Comprendí que habrá días malos, en los que estaré con una ‘malparidez’ terrible, pero la tormenta pasará y luego me sentiré mejor.

•Empecé a practicar el agradecimiento y a valorar lo que tengo, lo cual es más sensato que enfocarme en la queja y en los deseos no realizados.

•Por estar preocupada en controlar mi vida había dejado de disfrutar. Solté un poco y empecé a gozar más. 

•Decidí apreciar mi autenticidad, no tengo porqué fingir algo que no soy para agradar. Si me van querer, que sea con mi luz y mi sombra.

•Soledad es diferente a desolación.  No tiene nada de malo estar soltera. También es muy valioso el amor de la familia, las amistades y las redes de apoyo. 

•Entendí la importancia de sacar tiempo para mí, desde buscar momentos profundos de reflexión hasta dedicarme al ocio.

•No está mal desear una relación sentimental, y si quiero compañía, entonces debo generar las condiciones: ampliar mi círculo social, identificar bloqueos, mostrar un lenguaje corporal abierto, viajar más, tener nuevos hobbies y hacer cosas distintas para lograr resultados distintos.

•Aprendí que la tranquilidad no es exclusiva de la soltería, ya que se puede tener una relación de pareja bonita y sana.  Y que la felicidad no es exclusiva de quienes tienen pareja, pues hay matrimonios infelices y solteras plenas. No se trata del estado civil, sino de tu actitud, conjunto de creencias y decisiones. 

•Amor no es lo mismo que matrimonio. Son dos palabras independientes que en algunos casos van juntas y en otras toman caminos separados, ya que puedes amar y no casarte, o casarte sin amor. 

Aunque todo esto se vea muy bonito en el papel, la verdad es que fue un proceso largo y doloroso,  porque yo era bastante terca y mis lecciones fueron a punta de tropezones. Todavía sigo en el proceso, solo que cada vez es más divertido y menos frustrante. Al final la soltería será lo que cada persona quiere que sea, y es tan única como el rostro de quien la experimenta. 

Las mujeres contemporáneas tenemos mayor libertad y contamos con muchas opciones que nuestras predecesoras no tuvieron. Ahora, con todo y críticas, podemos decidir qué hacer con nuestra vida. En el pasado las mujeres tenían que ser lo que su familia, la sociedad, la iglesia o el marido quisieran; por eso, cuando aparecieron las primeras solteras por decisión, su posición fue vista como rebeldía y, al parecer, muchos aún consideran que lo es.

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Valeria de la Espriella - @SolteraDeBotas

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