Escena de Lucky. / Archivo Cromos
Tenemos miedo del fin, de la mortalidad del cuerpo, de su deterioro, de no contar con el espacio suficiente para lograr reconciliarnos con la vida como lo hace Harry Dean Stanton, el actor que interpreta a Lucky en una hermosa película del mismo nombre dirigida por John Carroll Lynch, en la que se nos narra la historia detrás de las arrugas de un hombre que ha vivido a pesar la irreversibilidad del tiempo.
Lucky emprende un viaje interior para descifrar al hombre que es ahora y despojarse de las cargas pasadas que no son fieles a la honestidad de su cuerpo, a las escrituras de sus pliegues, a sus patas de gallina. Un recuerdo suyo de la infancia nos extreme cuando toma el teléfono y llama a su amigo para contárselo: “Cuando era niño y vivía en Kentucky, tenía un rifle de aire comprimido. Un día estaba disparándole a las cosas, árboles y hojas y había un ruiseñor en un árbol cantando a viva voz, y… apunté mi arma solo para espantarlo, apreté el gatillo… y el canto cesó. Fue el momento más triste de toda la vida. El silencio que arrojó al mundo fue devastador”.
En el cine como en la vida estamos siempre despidiéndonos, partiendo hacia la nada, hacia el vacio, hacia un lugar donde nadie nos espera.
Sigue a Cromos en WhatsAppDespués de haber probado el flan y cantado “Volver, volver, volver“acompañado de mariachis en un cumpleaños mexicano, Lucky regresa con una profunda simpleza a “Elaine” el bar del pueblo en el quiere prender un cigarrillo pero es prohibido desde el 68. Allí en una discusión con Elaine, la dueña del bar, llega a una gran reflexión filosófica y existencialista en la que “la verdad del universo está esperando’ y nos dice que “todo va a desaparecer, tú, tú, tú, yo, este cigarrillo, todo, en la oscuridad, y en el vacío “y lo único que podemos hacer ante semejante realidad es “sonreír”.
A pesar de que todo se va a fundir en la negrura y a desaparecer, Lucky se nos presenta como la ilusión de afrontar ese último periodo de la vida sin cargas ni melancolía, aún cuando sintamos miedo y estemos cansados del peregrinaje en esta tierra vana y con afán.