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Ludopatía: los familiares del adicto no pueden ser funcionales a la enfermedad

El profesor Yaromir Muñoz, doctor en filosofía del consumidor de la Universidad de Montreal, habla de la adicción al juego y de la labor de los grupos de ayuda.

Pixabay

¿La adicción al juego es equiparable a otras adicciones?

Las adicciones tienen el mismo principio: un trastorno generalizado del comportamiento que hace que un individuo no tenga control sobre su voluntad. En las compras compulsivas: comprar indefinidamente, así no requiera los bienes. En cuanto a las sustancias psicoactivas: consumir desaforadamente. En el licor: no tener control sobre la ingesta. En la ludopatía, no tener control sobre lo que se apuesta. 

 

¿Son útiles los grupos de ayuda colectiva?

Los grupos de apoyo sirven porque ellos y ellas reconocen que están enfermos. El primer paso de cualquier persona ante cualquier enfermedad es reconocer que la tiene. No reconocerla significa que se la pasa mintiendo, escudándose, diciendo que no la tiene. Cuando son enfermedades que la gente siente que puede controlar, como es el caso de los trastornos de comportamiento, hay una vergüenza de reconocer lo que se está sufriendo. Esa pena los hunde, por eso muchos dan el paso al tocar la desgracia familiar para decir "tengo esto, necesito ayuda".

 

¿La culpa en el jugador compulsivo es distinta porque hay dinero de por medio?

El ludópata siente que ha roto los lazos patrimoniales, que su vida está en un fondo sin salida. Su única salida la contempla racionalmente en el suicidio, mientras que el adicto al alcohol vive su rasca, va y se duerme, al otro día se lamenta de lo que se gastó, sufre el guayabo y, luego de un tiempo, que puede ser muy breve, vuelve y se refugia en el licor.

 

Los Jugadores Anónimos, al hablar en sus reuniones, dicen “soy un jugador compulsivo en recuperación” aunque lleven mucho tiempo sin jugar. ¿Eso quiere decir se es esclavo de una adicción para toda la vida?

La evidencia científica muestra que el potencial de recaída es altísimo. Las dependencias no se curan, solo se logran controlar y hay que mantener las condiciones de control. El individuo debe estar muy activo, vigilante, mantener la disciplina en el tratamiento porque la recaída está cerca. Cualquier circunstancia externa puede conducir al individuo al lugar del que quiere salir. 

 

¿Cuál es el papel que juegan los familiares? Por falta de herramientas para afrontar a un adicto se comenten muchos errores. Terminan siendo funcionales a la adicción.

Filar límites es un trabajo difícil porque el ludópata aprende a mentir. Es una de las enfermedades que más se puede esconder. El hombre o la mujer aprende a pedir prestado, enreda a la familia, empeña la empresa y, como siempre está negando su condición, es necesario dejar que toque fondo. Se trata de inducirlo a que él diga "necesito ayuda, he mentido todo este tiempo".

 

¿Y el papel del Estado?

El Estado debe crear y difundir ampañas que resalten los riesgos. Una persona que no tenga control sobre sus hábitos debe saber que un casino no es un espacio para él. Esto le puede amenazar su patrimonio, su vida familiar, su entorno social. Es un poco como cuando le dicen a la gente las consecuencias del cigarrillo. La advertencia es "te hace daño" y el adicto dice "de algo me moriré"; en la parte congnitiva del jugador compulsivo, él opera diciendo"me divierto y juego porque a veces gano" sin saber en la situación en la que se encuentra. 

Entre el Estado, las empresas privadas e individuo hay corresponsabilidad en este problema social. La prevención es más efectiva en personas que todavía no han desarrrollado la patología. Si usted ya ha jugado y viene con el trastorno, el mensaje le entra por un oido y le sale por otro. 

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Carlos Torres / Revista Cromos

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