Luis Emilio Lizarazo, salva los bosques de Yopal
Habla todo el tiempo de lo que le falta hacer para reforestar el Cerro del Venado en Yopal, Casanare. Es como si sintiera que se le agota el tiempo, como si se fueran a acabar los árboles. Cuando le pregunto por su vida y su familia, su tono y su rostro cambian, como si los recuerdos le pasaran cuentas de cobro o incluso hubiesen, en algunos casos, acciones por liquidar.
Dice que su vida ha dado tantas vueltas como metros de altura tiene el cerro tutelar, pero recuerda que su afición por la naturaleza y la tranquilidad comenzó curiosamente en Bogotá, cuando en compañía de un amigo fundaron la Academia Central de Taekwondo, en plena calle Caracas. Fue una maravillosa aventura, afirma, al señalar que incluso trajeron al país a Kyong Duk Lee, para que se convirtiera en el fundador de esta disciplina deportiva en la capital. Económicamente fue tan rentable que los ingresos le permitieron abrir otra línea de negocio y se trasladó a Villavicencio, donde el manejo de maquinaria pesada y la implementación de talleres de rectificación se convirtieron en su nuevo oficio.
Dice con cierta nostalgia, pero con la crudeza de la resignación, que hubo una época en la capital del Meta en donde todo negocio fue tan lucrativo que solo tenía tiempo para atender las obligaciones sociales y allí fue cuando se descuidó y perdió propia familia.
Sigue a Cromos en WhatsApp“Del derroche solo queda el vacío en el corazón y en el alma”, cuenta, al recordar que para escapar de la realidad de sus equivocaciones, aceptó la invitación de dos amigos para meterse llano adentro e incursionar con nuevas fuentes de trabajo en el Casanare. Allí sintió que otra época de su vida se empezaba a abrir paso.
“Yo le digo a los empresarios que hagamos una tarea para mantener el medio ambiente con más control, disciplina y sin menos enredos”.
“Un día, un señor llegó a mi taller para pedirme que por favor le bajara al menos 50 mil pesos por el arreglo de su carro, del que me dijo, yo le iba a cobrar 800 mil pesos. Como el costo me pareció exagerado quise ver el vehículo y usted no imagina la sorpresa y la decepción que tuve con mis empleados, porque por ese carro yo había tazado el arreglo en menos de 200 mil pesos. Ese día los despedí a todos y acabé con el taller, cuenta Luis Emilio”.
Recuerda que prácticamente regaló la maquinaria y que ya solo, sin familia y defraudado le pidió a Dios que le permitiera encontrar un nuevo estímulo para vivir. Desde ese día su vida se volcó hacia la naturaleza y lo primero que vio para rescatar fue el cerro que tenía frente a su cara y que en ese momento ardía en fuego. Aunque las autoridades inicialmente dijeron que el incendio era normal por el cambio de cultivo que hacían los dueños de la tierra, Luis Emilio comenzó una lucha, no solo por prohibir las quemas, sino por reforestar la montaña.
Lleva más de cuatro años en esta labor y en este tiempo ya son más de 7 mil árboles sembrados. El segundo paso fue convencer a los colegios de llevar a sus niños a sembrar el agua y a que se apoderaran del cerro del que se desprendían hasta hace unos años, más de 11 quebradas. Hoy solo una llega con vida a alimentar las aguas del río Cravo Sur, que abastece de líquido a la capital del Casanare.
Otra de las frases célebres de Luis Emilio es que el Cerro del Venado no tiene cercas para sembrar bosques y que los dueños de las tierras, le han dado carta blanca para plantar lo que él disponga. “Si logramos en los próximos cinco años recuperar las cuencas altas de por lo menos cuatro quebradas y nacederos, aseguraremos este vital líquido, pero para ello hay que tener decisión, convicción y acción”, advierte Emilio.
Quienes lo conocen, dicen que Emilio vive en el cerro, que una vez por semana baja para hablar con las autoridades municipales sobre el número de árboles que sembrará en el próximo mes y para definir los grupos de jóvenes, niños y ancianos que subirán a plantar su árbol el siguiente fin de semana.
Este premio es importantísimo porque llevo un mensaje a los niños. Ellos son importantes, el mundo los escucha y su voz prima sobre la soberbia y el ego de las personas adultas que no los entienden. Soy feliz cuando ellos comienzan a sembrar y toman agua de un nacedero, yo les digo que de ahí tomó Sansón y que ellos se vuelven fuertes. Entonces ellos mismos hacen su huequito y siembran el árbol como yo les indico. Es una maravilla enseñar a los niños.
Nosotros lo hacemos con amor, si yo tuviera que picar una hectárea de piedra, lo haría cantando porque he llegado a la conclusión de que yo nunca he trabajado, todo lo que he hecho ha sido con amor y cuando es así no siente sufrimiento ni cansancio; siente armonía.
Les digo a las personas que sean sinceras, que se quieran a sí mismas con el alma, que tengan sentido de pertenencia. Si ustedes se aprecian, cada uno a su manera, pueden apreciar a los demás, porque uno no puede dar lo que no siente, entonces la mejor educación es el ejemplo.
A mí me motivó la indiferencia de las otras personas. Me di cuenta de que ellas tienen el corazón dormido y hay que tener gallardía para sacar adelante cualquier actividad. Ellos van reconociendo que uno no baja la cabeza y ellos la levantan y se nivelan con uno, que bueno que hayan otras personas hagan mejores cosas que yo.
Yo le digo a los empresarios que hagamos una tarea para mantener el medio ambiente con más control, disciplina y sin menos enredos. Hacer lo posible por no dañar tanto el ecosistema, dejémosles algo a los niños, rescatemos lo que hemos perdido.