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Mamás con la oficina en la pañalera

La maternidad no es el fin de la vida profesional. Hay formas para combinar sanamente las dos facetas en la vida de una mujer sin que se pague un alto precio.

Por El Espectador
13 de mayo de 2010
Mamás con la oficina en la pañalera

Mamás con la oficina en la pañalera

Natalia Bravo decidió volver a su trabajo como jurídica en Microsoft, tres meses después del nacimineto de su hija Isabela. Pero al cabo de pocas semanas se encontró con que tanto ella como su marido tenían viajes de trabajo la misma semana y no había nadie que se ocupara de la recién nacida. Dejar el trabajo se convirtió en la única opción.

Para Carolina Martínez, periodista experta en moda que trabajaba en una de las más importantes revistas del país, la decisión vino más tarde. Su hija de 4 años reclamaba más atención y un halo de tristeza permanente rondaba su cara. Por su parte, Ana María Aponte, ya tenía una empresa de asesoría en eventos culturales, sin embargo, quería combinar dos elementos que componían su vida cotidiana: la música y sus hijas. Esto la motivó a redireccionar su empresa.

Estas tres mujeres se encontraron frente a una disyuntiva no tan obvia como el trabajo o la familia pues para ellas ambas opciones parecían irrenunciables. Muchas mujeres hoy, educadas para realizarse a través de su vida profesional, son reacias a renunciar a su naturaleza femenina. Esta opción requiere un anhelado ingrediente: la creatividad.

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Cada quien se inventó una fórmula propia, (que es precisamente la invitación que Ellas extienden a otras mujeres que lo estén pensando) para hacer algo sin traicionar el llamado de la naturaleza, ni defraudar el impulso de estos tiempos. Natalia empezó traduciendo los contratos de Microsoft y montó una empresa. “Lo que más agradezco de tener una empresa de traducciones, que actualmente tiene a cinco multinacionales del Fortune 500 como clientes, ha sido la flexibilidad de tiempo pues solo necesito una conexión a internet y mi computador”, cuenta esta abogada de 36 años que ahora se enorgullece también de haber corrido una maratón. El cambio le ha dado tiempo incluso para dedicarse al ejercicio.

También Carolina optó por trabajar desde su casa. “En medio de la desesperación de no ver a mi hija, buscaba una oportunidad en la que se conjugaran mis conocimientos de nuevos medios y de moda”. Así que cuando le ofrecieron manejar el portal Tutrend.com, su condición para apostarle a un proyecto alternativo fue “trabajar desde mi casa y manejar mi propio tiempo”. Carolina dice que, además de ver la manera como su hija ha adquirido seguridad con su presencia en casa, ella ha tenido que volverse más creativa en la manera de resolver su potencial. “Descubrí que el mundo es mucho más que las cuatro paredes y la empresa”, explica.

Contrario a lo que se piensa, trabajar en la casa no es sinónimo de no trabajar, tampoco de trabajar más. Hay que saber organizar el tiempo y enseñarles a los hijos que hay momentos para estar juntos y otros para que cada quien se dedique a lo suyo. Aunque Natalia no cree que las mamás en la oficina generen traumas infantiles, sí es cierto que “saber que la mamá está cerca ha hecho a mi hija más tranquila y feliz”, agrega Carolina Martínez.

Ana María Aponte, que buscaba compartir más con sus bebés de ocho meses, un día lo tuvo claro. Buscó un lugar amplio y una compañera de aventura que tuviera conocimientos en música. Así creó La Vaca Mariposa, un taller de música para niños entre los 10 meses y los 4 años en el que matriculó a sus hijas Antonia y Alicia. “Las clases de música son importantes para el desarrollo afectivo. Los niños vienen con personas con quienes tienen vínculos de afecto y aquí se fortalecen” explica Aponte, mientras abuelas, nanas y mamás saltan al ritmo de un piano electrónico. Mientras pasa tiempo de calidad con sus hijas, Ana María atiende su negocio. El trato amable y familiar hace parecer a la Vaca Mariposa una gran hada madrina que riega alegría a su alrededor.

Muchas mujeres han decidido usar sus mejores herramientas para romper esquemas tradicionales y cumplir con el trabajo más difícil pero más importante: el de ser mamás. Esto no debe generar culpas pues dar a los hijos tiempo de calidad no implica pasar 24 horas en casa. Pero no hay discusión: cuando los padres guían la educación de sus hijos, toda la familia está más segura y feliz. Y cuando las mujeres equilibran los distintos aspectos de sus vidas, empiezan a comprender el significado profundo de la expresión “realización personal”.

Por El Espectador

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