Mano firme o corazón grande: ¿cómo castigar a tu gato?

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Las palabras se quedan cortas cuando tu felino acaba de meterse con la planta que acabas de comprar: una calathea de hojas violetas que puede tener los días contados si no lo sabes reprender.

Lo sorprendes con las patas delanteras en una rama. Le dices en tono de regaño que la planta no es para jugar. El criollito de manchas amarillas y blancas te mira como si entendiera. Esperas a que se vaya con la lección aprendida, pero no, ahí está preparado para otra vez darle calvazos la calathea.  No eres de los que piensa que la letra con sangre entra, por eso descartas los regaños pasados de volumen. Sin saber cómo proceder, terminas quedándote de brazos cruzados. Resignado, pones la planta en lo alto de la biblioteca. No, no la quieres esconder (Te puede interesar ¿Volver a salir? Muchos preferirían no hacerlo). 

A alguien le escuchaste que sirve golpear al gato con un periódico enrollado. Otra persona te sugirió tener un spray a la mano para rociarle agua. Por el bien de tu salud emocional y la integridad de la calathea, sí no sí debes recurrir al castigo. Sintiéndote culpable, consultas en el oráculo Google y hay tanta información que colapsas. Mejor sigues los consejos de tu mejor amiga, que ha crecido con mascotas. Erróneamente, supones que la reprimenda a su perro se puede replicar en tu caso.

Carlos Rodríguez escribió El encantador de gatos, un libro editado por Penguin Random House que resuelve cualquier pregunta que le quieras realizar a su índice. El veterinario español le dedica un capítulo a la educación de los felinos.  

Más que hablar de castigos, el experto en animales domésticos se refiere a estímulos para modificar un acto. “Para que sea efectivo, debe ser inmediato tras la acción y los suficientemente intenso como para provocar la molestia, sin producir daño o miedo”.

A su consideración, el correctivo -que puede ser el sonido de una bocina, la aplicación de agua o la repetición de una palabra que el gato pueda relacionar con la “acción no deseada"- debe presentarse en los tres segundos siguientes. Si llegas tarde, te puedes parar en la cabeza o rezarle a la Virgen de Chiquinquirá para que la conducta de tu mascota cambie y no, nada de eso servirá.

Para dar con una bocina, Rodríguez sugiere buscarla en una tienda especializada en mascotas. Hay productos especiales para que los gatos capten un sonido inquietante sin herir su sensibilidad. Si prefieres destinar el dinero del objeto a otra cosa, el autor recomienda poner piedras en una lata de cerveza y batirla en el momento preciso. 

Debes tener la mano blanda, procurar que el tiro no te salga por la culata. Es fácil que tu gato te termine asociando al castigo. Tras varios intentos fallidos, según el libro, la reprimenda “puede derivar en un objetivo no deseado: la mascota aprenderá a evitarte y el comportamiento se mantendrá”.

La educación de tu peludo merece que le dediques el tiempo que sea necesario. ¿Cuánto te demoraste en aprender que para cruzar la calle debes mirar primero a la izquierda y luego a la derecha? Con los animales es igual. Vale repetirse una y otra vez que “soldado avisado…”

 

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