Publicidad

María Felisa Mosquera, una mamá incondicional

Esta mujer da hogar, alimentación, educación, y mucho amor a 35 niños de barrios marginales de Medellín. Ella es la ganadora en la categoría Gestos de Paz.

Por Carolina Ardila
18 de diciembre de 2015
María Felisa Mosquera, una mamá incondicional

María Felisa Mosquera, una mamá incondicional

Llegar al hogar de los niños en el corregimiento de Santa Elena, en Antioquia, es sentir la armonía del lugar desde la puerta de la casa. Los niños, sin siquiera conocernos, salieron a recibirnos como viejos amigos que no se ven en años, y María Felisa Mosquera, su cuidadora, nos abrazó tan fuerte que nos hizo sentir como en casa.

La iniciativa de construir un hogar para ellos nació hace 16 años, cuando María Felisa recorría las calles de Medellín y veía criaturas desplazadas, desamparadas, sin un techo donde dormir y trabajando en las calles. Por eso, decidió brindarles un espacio donde esos pequeños pudieran crecer con otras oportunidades. 

“Los niños que están aquí no se desligan de su familia; al contrario, poco a poco se van acercando, generalmente a su mamá —pues son muy pocos los que tienen papá—. Yo quiero que ellos se compenetren nuevamente con su familia y se vayan con ellos”, cuenta María Felisa mientras le da de comer al más pequeño de sus niños: Daniel, quien tiene seis meses y ya lleva cuatro en el hogar.

Sigue a Cromos en WhatsApp

Los menores viven en este hogar de lunes a viernes; ella, como una madre, se levanta a las cuatro de la mañana todos los días para despertar a sus 35 hijos. Después orarle a Dios, pasan a desayunar y salen para el colegio. Y mientras sus niños están estudiando, María Felisa va hasta Medellín, visita amigos, conocidos y grandes empresas, en la búsqueda de donaciones para sostenerlos.

 

_DMS6666

María Felisa dice que consigue recursos por un milagro de Dios. Todos los días busca donaciones. Admite que no les ha cambiado la vida, sino que son ellos mismos los que han logrado cambiar su vida.

 

A eso del mediodía van llegando de nuevo los chicos y uno a uno saluda a Mita, como ellos llaman a María Felisa. En las tardes se dedican a diferentes actividades, fuera de las tareas que les dejan en el colegio: toman clases de yoga, de valores, de música, y los más chiquitos cantan y bailan rondas infantiles con la Mita en el jardín que queda frente a la casa.

Mientras María Felisa jugaba con los niños, nosotros hablábamos con las dos voluntarias del hogar, quienes nos aseguraron que esta mujer es un ejemplo de amor incondicional por los demás, porque servir es lo que la mueve todos los días. Sin duda, lo notamos al conocerla. 

Cuando le pregunté a María Felisa porqué lo hacía, no dudó un segundo su respuesta. Dice que debería haber filas y filas de personas buscando la oportunidad para servir. “El beneficiado no es el otro, es uno. El servicio te llena de una energía de amor y de armonía tan grande, que uno lo que siente es gratitud por esos seres que te permiten servirlos”, y esa gratitud por esos pequeños que a ella le permiten servir se ve en cada uno de sus actos: un abrazo, un beso, una palabra o una sonrisa.

Al despedirnos sentíamos que nos íbamos de casa y, otra vez, como a unos viejos amigos, los 35 niños nos regalaron un abrazo que todavía guardamos en el corazón; 35 niños a quienes María Felisa no ha logrado cambiarles la vida, sino que ellos han logrado cambiar su propia vida, como dice ella, “al transformarse poco a poco, convirtiendo el resentimiento en perdón, en comprensión y siendo felices”.

 

Palabras de ganadora

Este premio significa progreso, significa recibir el apoyo, hacer más, trabajar más, sumar niños para que superen sus problemas. Quisiera tener muchísimos niños más, ayudar como yo lo imagino.

La persona que creó Titanes Caracol tiene sensibilidad. Es una idea increíble y se fijó en una población que pocos miran. Se fijó en los que realizamos un trabajo silencioso y de gran valor.

Cuando mi proyecto inspira a otras personas y estas me felicitan y yo les digo “venga, aprenda y repítalo”, porque hay necesidades en Colombia.

A pesar de  todos los obstáculos que se presentaron durante mi proyecto, me motivó siempre ver a mis niños sentados, comiendo felices, en ese momento siempre digo “vale la pena”.

Los empresarios del país deberían apoyar más estas iniciativas que no ganaron porque tienen los recursos y además porque la niñez lo necesita. Acá hay gente conmovedora, sensible, que trabaja con las uñas, llena de buenas intenciones.  

La clave de este exitoso proyecto es el amor. El interés y la necesidad de servir son importantes. Nos mueve por dentro la necesidad, pues todos somos capaces de colaborar; si yo lo logré, los demás también pueden. Recuerdo a una niña que me visitó hace tiempo, que estuvo quince días en el hogar, y ahora tiene uno como el nuestro. Yo le digo a la gente: ¡hágalo!.

 

Fotos: Cortesía Caracol. 

Por Carolina Ardila

Sigue a Cromos en WhatsApp
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.