María Fernanda Cabal critica la campaña del ICBF que combate los estereotipos de género

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar está compartiendo el '#ICBFesIgualdad', que ha recibido aplausos y abucheos en redes sociales.

Cristian Garavito/El Espectador

Esta película podría llamarse Volver al pasado. También podría decirse que está filmada en Colombia.  Hace cuatro meses, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar lanzó una campaña que busca enseñar a padres y niños que los colores y los juguetes no tienen género. En otras palabras, que el azul no es exclusivo para identificar a los hombres ni el rosado a las mujeres.

La campaña, llamada #ICBFesigualdad, muestra a menores en roles en los que algunas personas no los identifican. Por ejemplo, en una de las imágenes aparecen una niña vestida de bombera y un niño con atuendo de bailarín.

En otra de las piezas de la campaña figuran objetos con pintados de varios colores, acordes a una idea que de a poco vienen desarrollando en el mundo fabricantes de juguetes como Mattel y Hasbro. Hoy es más fácil encontrar en el mercado Barbies astronautas, arquitectas, médicas y pilotas que las tradicionales vestidas de rosado, llenas de peinetas y espejos, accesorios que refuerzan un estereotipo de género anticuado.

La idea del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ha sido aplaudida por unos y criticada por otros. Entre estos últimos se encuentra la senadora del Centro Democrático María Fernanda Cabal, que escribió el siguiente trino: “¡Inaudito! @ICBFColombia⁩ que debe proteger menores, promueve campañas de transbordo ideológico inadvertido sobre mentes en proceso de formación. Disfrazan la inclusión con prácticas manipuladoras para borrar la identidad de género. Puro fascismo con disfraz humanitario”.

 

La revista Cromos realizó a padres y madres de familia y a psicólogas la siguiente pregunta “¿Qué hacer cuando los hijos varones piden de regalo muñecas y ollas?”. Esto respondieron:

 

Natalia Izquierdo, sicóloga.

“El juego es la herramienta de desarrollo principal del niño.  Dentro de él está la posibilidad de dramatizar roles. Es común encontrar en varones que soliciten juegos de niña para dramatizar ese rol. Esto no debe generar inquietud ni preocupación por la preferencia sexual del niño, simplemente podemos utilizar este juego como una oportunidad para que el niño aprenda diferentes maneras de relacionamiento con el mundo. Podemos generar espacios de participación en la familia donde el niño puede saber que puede involucrarse en varias actividades. Es bueno insistir que esto no tiene nada que ver con la preferencia sexual a futuro.

En el caso de juegos con muñecas, este puede ser un buen ejercicio para enseñar a los niños que el hombre contemporáneo se involucra más en las labores de crianza. Entonces, cuando el niño varón juega con muñecas, simula lo que va a proyectar en el tiempo cuando sea papá. Puede servir para que haga un modelado de sus funciones posteriores como papá, ayudando en las labores cotidianas.

Juan Sebastián Sánchez, licenciado en literatura, papá de Daniel.

"Es necesario dejar de juzgar ese tipo de deseo como algo atípico. Un niño no sabe que vive en una sociedad que pretende imponerle un rol basado en su sexo. Está bien que explore los juegos que su creatividad le pide, porque de ninguna otra forma se puede conocer a sí mismo.

A los papás que no están de acuerdo darles muñecas y ollas, les aconsejo que no sexualicen el comportamiento de sus hijos: el juego es el juego y no debe estar conectándose con miedos personales. No hay relación entre jugar con unos objetos y las preferencias del niño en el futuro. Está mal transmitirles miedos y represiones sexuales a los hijos. Es necesario quitarse ese miedo".

Natalia Roldán, periodista, mamá de Lucas.

“Me parece una pregunta muy importante, porque dice mucho sobre lo que somos como sociedad y sobre la manera en que los estereotipos nos han lavado el cerebro para pensar que el orden de las cosas es uno y no el otro. En nuestra cabeza, lo lógico es que sean las niñas las que juegan con muñecos y ollas y escobas porque la mujer solía ser quien cuidaba los hijos, hacía la comida y ordenaba la casa. Pero quisiera pensar que esa no será la sociedad en la que va a vivir mi hijo y, en ese sentido, ¿qué tiene de malo que juegue con muñecas, que las consienta, que se preocupe por darles de comer y de arrullarlas? Esa posibilidad me hace pensar en que, tal vez, cuando él tenga un hijo, será consciente de que el papel del cuidado y la crianza no recae principalmente en la mujer sino que es una tarea conjunta. Qué tiene de malo que pida ollas si, muy seguramente, verá con más frecuencia a su papá en la cocina, preparándonos platos deliciosos que su mamá, carente de talento y sazón, nunca cocinará.

Carolina Barreto, sicóloga.

“El juego es la manera simbólica en que los niños entienden e interpretan el mundo, por eso hay que facilitarlo y promoverlo.  Lo más saludable es sentarse a jugar con ellos, tener la curiosidad de padre y madre sobre qué es lo que está llamando la atención en ese juego, en ese rol, en esa imitación, no porque haya algo negativo, sino porque a través de la interacción y la curiosidad que la madre y el padre tengan van a poder entender qué está pasando en el mundo interior de los niños que están empezando a construir un concepto de la realidad”.

 

871969

2019-07-20T12:22:38-05:00

article

2019-07-20T20:29:34-05:00

ctorres_250930

cromos

Carlos Torres / Revista Cromos

Estilo de Vida

María Fernanda Cabal critica la campaña del ICBF que combate los estereotipos de género

91

6652

6743