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María Lucía Fernández: "Ricardo y yo nos hicimos la vida fácil"

El hecho de que seas mamá y profesional no te quita otras instancias de ser mujer.

Por María Lucía Fernández
14 de septiembre de 2015
María Lucía Fernández: "Ricardo y yo nos hicimos la vida fácil"

María Lucía Fernández: "Ricardo y yo nos hicimos la vida fácil"

Me casé muy joven, a los 22 años. Estaba recién egresada de la universidad y era muy inmadura; estaba muy enamorada, pero fue una decisión muy apresurada. Puedo decir que pasé de la cuna a la cama doble; creo que hoy mujeres y hombres deben darse tiempo, vivir una vida propia sin las reglas de los papás, sino con unas propias y luego compartirlas con otra persona, esa transición es importante.

Estuve casada ocho años y tuve dos hijos. La separación fue muy dura, muy dolorosa. La relación se acabó cuando estaba embarazada de mi segundo hijo, y la separación se dio cuando mi bebé tenía pocos meses de nacido. Suena muy radical, pero no quería alargar una agonía de un matrimonio que ya no tenía aliento. Es un error que se comete muy seguido, quedarse ahí por los hijos y lo entiendo cuando hay una dependencia económica de las mujeres. Yo, por fortuna, tuve una vida laboral muy activa y me fue muy bien económicamente, así que pude tomar la decisión porque tenía solvencia económica y contaba con el apoyo de mi casa. De hecho, cuando me separé, la manutención de mis hijos fue por mi cuenta. 

 

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Suena muy radical, pero no quería alargar una agonía de un matrimonio que ya no tenía aliento. Es un error que se comete muy seguido, quedarse ahí por los hijos y lo entiendo cuando hay una dependencia económica de las mujeres. Yo, por fortuna, tuve una vida laboral muy activa y me fue muy bien.

 

En ese momento trabajaba en 7 30 Caracol, y habíamos colonizado el espacio de la mañana. Yo presenté estando embarazada y volví después de la licencia de maternidad. Cuando volví se dio la coyuntura de la creación del Canal Caracol y Yamid Amat entró como director; él me seleccionó dentro del grupo. Fue un cambio rotundo: separación, otro bebé, pasar de un noticiero de la mañana — que me permitía estar en las tardes con mis hijos—  a un canal con cuatro emisiones diarias –¡y con Yamid!-. Por fortuna el cambio resultó positivo. 

Me quedé con varias lecciones: Que una mala relación lesiona los sentimientos de los niños y tu ego, y que una buena separación ayuda a que ellos tengan a su papá pero también a que la mamá tenga la posibilidad de rehacer su vida. Que si no te separas, el desamor y el maltrato se vuelven un modo de vida y esa no es vida para los niños. Ellos tienen derecho a tener una mamá feliz y un papá feliz y si lo son separados, bienvenida la separación. Que una mamá amargada se desahoga con los hijos. También descubrí que podía vivir sola. Aprendí a vivir, sin que tuviera siempre a alguien que me dijera qué hacer. Descubrí un mundo social al que me había negado por un matrimonio que comenzó mal y por los hijos.

Yo sé que al separarse, lo primero que uno dice es ‘no quiero más’. Al final de la relación hay maltrato sicológico y uno termina con la autoestima muy herida y no se le pasa por la cabeza tener una segunda oportunidad. Uno piensa que no tiene derecho a eso porque ya es mamá, debe trabajar. Creo que las mujeres somos muy duras con nosotras mismas; creemos que ya tenemos una función como mamá y profesional y se acabó. 

Después de un tiempo te das cuenta de que hay más posibilidades en la vida. Te das cuenta de que el hecho de que seas mamá y profesional no te quita otras instancias de ser mujer. Es que ser mujer es mucho más que ser mamá; la feminidad no está en ser mamá sino en otras facetas. Y descubres que tienes derecho a ser feliz, a conocer otras cosas, pero sin sentirnos culpables, porque crecemos en un entorno católico y nos crían con ese sentimiento: culpa porque te separas, culpa porque quieres rehacer tu vida. Yo me distancié de la Iglesia por esos conceptos. No los acepto. Creo en un ser superior, pero entendí rápido que no soy culpable de nada.

Debo decir que no busqué otra relación. Con Ricardo Alarcón nos conocimos en el medio. Él también estaba separado, pero no teníamos afán de nada, creo que nos conocimos justo cuando ambos necesitábamos una compañía. Y, para fortuna, los hijos eran de edades diferentes: los míos tenían 5 y dos años y los de él tenían 10 y 12, así que no competían entre ellos y teníamos los mismos planes, salir a comer, ir al parque, jugar a las maquinitas, buscar una buena película.

La relación funcionaba muy bien, yo en mi casa con mis hijos y mi reguero; él tenía su casa, su desorden y sus hijos. Después de un tiempo y, sin presionar, él me hizo una propuesta hermosa. Me dijo ‘¿por qué no nos hacemos la vida fácil?’. Él estaba con un nuevo trabajo fuera de Colombia y pasaba mucho tiempo viajando, sus hijos se fueron a vivir fuera del país, así que nos casamos y estuvimos un tiempo viviendo cada uno en su casa. Estoy convencida de que nos encontramos en el momento que nos debíamos encontrar; cada uno tenía su futuro claro, su carrera, sus hijos, y teníamos claro que no queríamos más hijos.

Fue clave que nuestros hijos se entendieron y se respetaron. Los míos siempre admiraron a los de Ricardo porque eran más grandes y los de él veían a los míos con cariño porque sentían que los debían proteger. Todos tienen buena educación y formación moral y hoy en día tienen muy buena relación. 

Ya pasamos esa primera etapa, logramos hacer la familia, pero los niños ya crecieron. Los hijos de Ricardo viven afuera y los míos se están yendo, así que estamos volviendo a vivir en pareja. Estamos en una muy buena etapa, él se jubiló y tiene más tiempo para mí, y yo tengo un horario que me permite también estar con él.

Nos dimos cuenta de que nos hicimos la vida fácil, que hicimos las cosas bien. Nuestros hijos nunca hicieron pataleta, no cuestionaron la pareja. Los niños de ahora son dictadores, unos tiranos y creen que tienen el poder de mandar sobre sus papás, sin entender que cada ser en la familia tiene un espacio. Yo sí puedo decir que viví como en La pelota de letras: “Mientras usted esté en esta casa se hace lo que yo digo”, claro con el todo respeto. Así, ya completamos 14 años de casados. 

 

Fotos: Juan José Horta.

Por María Lucía Fernández

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