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La niña desarreglada y extrovertida de Palacio en los tiempos de César
Gaviria, su papá, hoy es toda una ejecutiva del arte. La visitamos en su
casa y descubrimos que detrás de su manía por la prefección, conserva la
picardía de cuando se ponía de ruana el cambio de guardia. Una auténtica
Gaviria... para enmarcar.
Por El Espectador