Más allá de las arrugas

La reputación del Bótox tiene dos corrientes. Unos lo odian y lo califican como la máxima expresión de la vanidad. y otros lo profesan.
Inyección en la cara

 

Bótox. Un tabú que se pasea entre los chismes de oficina, la alta sociedad y la farándula.  Solo mencionarlo levanta cejas escépticas de personas que lo consideran el epítome de la superficialidad. Nos lleva a pensar en una Nicole Kidman con las cejas paralizadas o una Katherine Zeta Jones, que no puede sonreír. Pero, recientemente, esa discusión ha dado un giro. Hoy, pacientes que sufren de migraña encuentran la solución a sus problemas tras una visita a su médico esteticista. Su aplicación aumenta exponencialmente cada día, ya que ahora hay especialistas que lo utilizan para reducir el bruxismo, la sudoración, los tics nerviosos, la impotencia, la incontinencia, etc. A pesar de que una buena parte de sus indicaciones carece de un soporte médico o científico, médicos de todo el mundo lo recomiendan a sus pacientes como una cura milagrosa, a pesar de que, en muchos casos, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos no aprueba su utilización. 

 


La primera vez que escuché hablar de los usos alternativos del Bótox (porque para mí se trataba simplemente de una inyección que eliminaba arrugas), me llamó la atención leer sobre su efectividad a la hora de reducir las migrañas. Inmediatamente le comenté mi descubrimiento a un amigo que las padece y le pregunté si consideraría este tratamiento, y su respuesta fue contundente: el gif de una mujer estirándose la piel hasta verse como un monstruo y un “No”.

 


Hablé, entonces, con el doctor Alejandro Rada Cassab, especialista en medicina estética. Lo primero que me dejó claro es que está mal hablar de Bótox. Es una marca, la primera y la más popular, por eso quedó grabada en nuestra cabeza, como ocurrió antes con Kleenex o Icopor. Debemos referirnos a la toxina botulínica, que se deriva de la bacteria Clostridiumbotulinum y tiene el efecto de bloquear las señales de los nervios y los músculos.

 

 

Indiscutiblemente, su uso primordial es retrasar y prevenir el envejecimiento de la piel, pero esta no fue su primera implementación. Primero se inyectó en pacientes que sufrían de estrabismo para evitar una cirugía. La reducción en las líneas de expresión fue una consecuencia que no se preveía y dio paso a su comercialización en el mercado estético, en el que las pacientes no son únicamente señoras de mediana edad que desean borrar los rastros del tiempo, Rada atiende también a jóvenes que, desde los 18 años, comienzan un tratamiento semestral para prevenir la futura aparición de arrugas.

 

 

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Por su popularidad, muchas veces las personas confunden la toxina con los rellenos faciales, que dan lugar a esas expresiones leoninas de la cara. 

 

 

Cuando menciono el miedo que produce en muchos quedar con la cara paralizada, Rada me asegura que ese resultado solo se debe a una mala aplicación del producto. El doctor Gustavo Londoño, cirujano plástico maxilofacial, está de acuerdo: “El problema no es el medicamento, sino la forma como se usa. Puede ser mal administrado y es muy peligroso utilizarlo de manera inapropiada o recibirlo de una persona que carece de la experiencia necesaria. Por su popularidad, muchas veces las personas confunden la toxina con los rellenos faciales, que dan lugar a esas expresiones leoninas de la cara. Siempre que se habla mal de algo, se dispara una alarma en la gente, de la que el amarillismo se puede aprovechar. La realidad es que la toxina botulínica es una excelente opción para manejar muchas cosas en medicina, a pesar de que se le atribuyen consecuencias que, en realidad, son efecto de otros procedimientos”.

 

 

¿Hace milagros?

 


Si los especialistas hablan tan bien de esta toxina, ¿quiere decir que encontramos la purga de Benito? No. El doctor Londoño nos confiesa que no existe un soporte en la literatura médica que confirme que se puede usar de todas las maneras en las que se está prescribiendo. Por ejemplo, no hay pruebas que indiquen que puede tratar todos los casos de depresión. Y no, la toxina tampoco cura la migraña, ni se puede administrar como un medicamento para tal fin, sin una evaluación previa. Cuando ese dolor de cabeza es desencadenado por espasmos musculares, la toxina es recomendada. Pero no es un tratamiento para la migraña, sino para el espasmo que conduce a la migraña. Ese poder que tiene el Bótox sobre los músculos también ha llevado a que se utilice en casos de vegijas hiperactivas, ya que previene las contracciones involuntarias de los músculos que hacen que las personas sientan que tienen que ir al baño. 

 

 


A pesar de que tiene aplicaciones que involucran desde la urología hasta la cosmética, siempre es indispensable realizar un examen minucioso. Puede ocurrir, por ejemplo, que una persona con una enfermedad neuromuscular recurra a la toxina para verse mejor y sienta que se ha curado de sus otras dolencias, sin embargo, lo único que hace esa inyección es ocultar los síntomas o llevar a malinterpretar signos que pueden ser útiles para diagnosticar o tratar una enfermedad. El Bótox, además, tiene muchas contraindicaciones. Aquellos con trastornos neuromusculares, neuropatías motoras, problemas de digestión o respiración, o predisposición al aumento de la presión ocular pueden tener una reacción negativa al medicamento. 

 


Rada concuerda con Londoño. Es primordial recibir una asesoría médica, pues “hay gente inescrupulosa que busca cualquier producto en cualquier lugar. Esto es medicina estética, no un procedimiento que se hace en un salón de belleza, ni un gimnasio”. Para él no es un asunto de vanidad; desde su punto de vista, recurrir a la toxina es una manera de cuidarnos y sentirnos bien con nosotros mismos. Al final, ¿quiénes somos para juzgar lo que otro hace con su piel? Unos la decoran con tatuajes; otros, con piercings, y, algunos, la embellecen con Bótox. Es válido ser feliz y, para ello, es clave empezar por sentirnos satisfechos con nosotros mismos. Lo importante es asegurarnos de estar en buenas manos y saber determinar cuánto es suficiente. En algunos países se ha estudiado la posibilidad de hacer armas químicas con esta toxina, ya que, en exceso, puede ser letal.

 

 

Foto: Istock

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