A mi mamá no le gustan los partidos porque dice que sufre pero entendió esa parte de mi papá y por eso hacíamos planes antes o después pero no en la mitad de un partido. Mi papá murió en noviembre del 98 y el Cali quedó campeón en diciembre de ese año. Esa estrella fue difícil, por su ausencia.
Él dejó la mitad del corazón en el estadio. Cuando no íbamos a los partidos, jugábamos con una pelota de corazones o veíamos otros partidos, él era enfermo por el fútbol, lo veía todo el tiempo, incluso un día le dije: “pero papá, si no está jugando el Cali”, y respondió “no importa, yo soy hincha del fútbol”. También soy hincha del fútbol porque es una cosa maravillosa que genera emociones increíbles.
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