
«Me imagino en una sola voz junto a todas las mujeres» Victoria Sandino
Integrante de la Delegación de Paz de las FARC en la mesa de diálogo de La Habana.
Cuando me enteré de la designación como delegada a La Habana tuve un contraste de emociones, un impacto fuerte, pues no me esperaba esa convocatoria. Estábamos en el área del Comando Central Adán Izquierdo desarrollando los planes que nos correspondía en medio de las condiciones de la guerra, así que sacudí la cabeza y traté de visualizar el escenario de las conversaciones para buscar una salida menos dolorosa para resolver este prolongado conflicto social y armado. Me puso feliz sentir la alegría de quienes me acompañaban porque íbamos a esa gran cita con la historia de Colombia.
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Al comienzo mi mayor interés fue entender la lógica del trabajo de la mesa, cómo funcionaba, cómo los nuestros defendían posiciones, y cómo se iban construyendo acuerdos en esta enorme responsabilidad que teníamos de buscar una vez más, y ojalá fuera la definitiva, la salida política, no la de la guerra. Verme ahí en ese escenario, construyendo esa esperanza, de la cual yo comenzaba a ser parte directa, me imponía un compromiso para constatar las inquietudes de las mujeres colombianas frente a su escasa participación.
Me preguntan ¿por qué no hay mujeres en el Secretariado ni en el Estado Mayor Central de la organización o por qué no hay mujeres entre los plenipotenciarios? Hay varios factores: La guerra misma nos pone mayores barreras a las mujeres por las exigencias y las condiciones de vida extrema, porque nuestros cuerpos son distintos. Se presentan los embarazos cuando falla la planificación, y debemos enfrentar la decisón de la interrupción o tenerlos, lo que nos pone en la disyuntiva de continuar o salir a cuidarlos. Esto, en la práctica, hace que nosotras mismas vayamos limitando nuestra “carrera” en una guerra tan prolongada. Otro aspecto es el sistema de educación patriarcal, en el que las mujeres no somos formadas para dirigir en la sociedad. Al interior de nuestras filas se viene avanzando para potenciar a las guerrilleras.
Hay un importante número de mujeres que hemos resistido en esta dolorosa confrontación. Eso nos ha permitido una mayor conciencia de nuestro papel en la organización y mayor compromiso de parte del colectivo para promocionarnos. Hay mandos, algunas estamos en la Delegación de Paz: Érika Montero es suplente a la dirección del Bloque Iván Ríos, Marllerly es reemplazante del 5º Frente, Mireya Andrade es suplente de la dirección del Bloque Occidental Comandante Alfonso Cano, y así hay muchas mujeres que ejercemos como mandos.
A las mujeres que trabajan en el campo, con los quehaceres de la casa, atienden a sus familias, cuidan a los animales, trabajan en las parcelas, huertas, a las habitantes de la ciudad, a las estudiantes, trabajadoras, productoras de saberes y cultura, que resisten de distintas maneras los impactos de la pobreza, la exclusión, la violencia en todos los sentidos, a esas mujeres les expreso toda mi admiración. Nosotras las guerrilleras, como ellas, somos sujetos políticos que pensamos, luchamos y nos comprometemos hasta los tuétanos por cambiar las condiciones de injusticia en las que nos ha tocado vivir.
Las delegadas del gobierno representan la contraparte y defienden el modelo económico político y social del establecimiento, pero por encima de todo son mujeres. Eso nos aproxima. El trato es respetuoso, cordial, y con el tiempo, encontramos otros temas de qué conversar, de cine, de libros, de los hijos, de la intensidad del trabajo, algunas sienten curiosidad por nuestra vida guerrillera.
He podido comprobar que la dinámica de la mesa cambia cuando hay mujeres. Es que se está incluyendo a esa otra mitad, o más, de la población colombiana. Esto permite establecer puentes de entendimiento, generar confianzas, distensión y cordialidad. También facilita un poco más establecer causas comunes, como la de la inclusión de las mujeres en las conversaciones.
En nuestro caso, somos 15 mujeres y 25 hombres en la Delegación, todas las que estamos aquí, hemos sido designadas porque han creído en nosotras, por nuestro trabajo y aporte. En cuanto a otros procesos de paz en el mundo, es verdad que la participación de las mujeres es mínima, y mucho más, cuando se trata de reconocer nuestros derechos. Creo que tenemos que rescatar lo inédito e histórico de este proceso: la vocería que se les ha dado a las mujeres y a sus organizaciones, a través de la Subcomisión de Género.
Una vez termine el conflicto me imagino un país en reconstrucción y reconciliación. Lo imagino desplegando todo su potencial humano, cultural, ambiental, histórico. Y me imagino yo trabajando muy duro por consolidar la paz, por materializar los acuerdos. Me imagino dándonos un abrazo con mucha gente que he conocido a lo largo de mi vida revolucionaria, y que por las circunstancias de la guerra, nunca más nos hemos vuelto a ver. Me imagino andar por las calles y caminos de nuestra Colombia, hablando con habitantes del campo y la ciudad, construyendo colectivamente el país que queremos, sin temor a que nos maten. Me imagino en una sola voz junto a todas las mujeres colombianas que luchan por erradicar las injusticias, por alcanzar la igualdad en las normas y prácticas.
Foto: Archivo personal.