Mi verdad sobre la copa menstrual

Muchas mujeres aun desconfían de este producto fabricado en pro de nuestra comodidad y economía. Por eso he decidido contar mi experiencia.
copa menstrual

Por: Diana Franco Ortega. 

 

Hace unos cinco años conocí la copa por medio de Alina, una amiga alemana que vino a visitarme. En su segundo día en el país, se quejó de un fuerte cólico, así que le ofrecí una pastilla y, de paso, toallas y tampones. –No te preocupes, traje la copa –me dijo, mientras señalaba una pequeña bolsa de algodón sobre la cama. –¿La copa? ¿Qué es eso?

 

Para mí no tenía sentido. ¡Cómo diablos podía introducir ese extraño artefacto en mi vagina y no sentir nada! Ya bastante trabajo me había tomado aprender a lidiar con los tampones. Sin embargo, sonaba tan vanguardista la idea que entré a la página web que Alina me había recomendado y la pedí. En ese entonces, era difícil encontrarlas en Colombia. 

 

Llegó a mi casa. Era amarilla. Antes de probarla la herví durante unos minutos, como indicaban las instrucciones, y me dispuse a ponérmela. El paso a paso de la caja nunca va a ser suficiente a la hora de enfrentarse a una experiencia nueva como esta. Aunque las instrucciones eran claras, lo cierto es que no hay una sola forma de hacerlo y encontrar la adecuada depende de varias pruebas de ensayo y error. Yo tampoco pude ponerme un tampón de primerazo, si ustedes lo lograron, ¡felicitaciones! Después de algunos intentos, logré ubicarla en su sitio. 

 

copa

 

El verdadero reto surgió al intentar sacarla. Debo admitirlo: no me gustaba la idea de meter los dedos mientras tenía la menstruación, y mucho menos, para sacar un artefacto que debía encontrarse lleno de sangre. ¿Y si me salpicaba o se regaba? Suelo tener un sangrado abundante, así que imaginé que iba a estar completamente llena. Introduje el dedo gordo y el dedo índice (con una pierna sobre el sanitario para tener mayor acceso) y halé con fuerza el tubito de la copa. Me pareció esquiva, se encontraba más arriba de donde la había dejado. Luego de un par de intentos, salió. No hubo salpicaduras y, para mi sorpresa, solo un cuarto de la copa estaba llena. La desocupé, la lavé y derechito a la bolsa de algodón con la que vino. Acto seguido, busqué un tampón y me lo puse. 

 

En teoría había funcionado bien, pero quedé un poco maltratada por tantos intentos de meterla y sacarla. Quería comodidad. La copa quedó guardada por mucho tiempo.

 

Dos años después, mi economía tuvo un fuerte bajón y tuve que pensar en maneras para reducir mis gastos a su mínima expresión. Me pasé a un plan de datos más económico, me prohibí utilizar la tarjeta de crédito y cambié las salidas de los fines de semana por maratones de Netflix. En medio de ese proyecto financiero me di cuenta de que el costo mensual de protectores, toallas y tampones era bastante alto. Una caja de tampones de marca confiable valía casi 9.000 pesos. Si compraba doce cajas al año, el gasto era de 108.000, y a eso habría que sumarle, cada tanto, un paquete de toallas (dormir con tampones no es recomendable, ya que no deben permanecer en el cuerpo durante más de cuatro horas). Sí, la principal razón por la que decidí volver a la copa menstrual fue porque representaba un ahorro. Por supuesto, con el tiempo me di cuenta de que sus ventajas van más allá de lo económico, pero es una gran motivación inicial ¿no?

 

copas

 

Ahora bien, esta vez decidí informarme y leer mucho sobre el tema antes de volver a usarla. Me paseé por decenas de artículos y foros en los que hablaban del tema y la gran duda que surgió fue: ¿si se trata de una alternativa tan maravillosa, por qué sigue siendo tan desconocida? Para Romina Rizzi, vocera de Life Cup, una de las marcas que vende el producto en Colombia, la razón es que no es un producto de consumo mensual: “Creo que el uso de la copa sigue siendo desconocido porque no tiene rotación. A una farmacia le conviene más vender un producto que una mujer va a comprar cada mes que uno que va a necesitar cada diez años. Las empresas no lo ven como un buen negocio”. 

 

Mi segunda oportunidad con la copa fue fantástica. Con toda la información en la cabeza, procedí a colocarla. Lo logré al segundo intento. Creo que todo se trata de tener paciencia y encontrar un método propio. Con el tiempo será un proceso mecánico y volver a las toallas o a los tampones no será nunca más una opción. De hecho, se trata de una alternativa que muchos profesionales de la salud recomiendan, como la ginecóloga  y obstetra Lorena Pérez: “Múltiples estudios han demostrado sus beneficios: requieren menos cambios durante el día, tiene menor tasa de fugas, reduce significativamente la incidencia de infecciones urogenitales, disminuye las reacciones alérgicas locales relacionadas con el uso de toallas convencionales y genera, además, un impacto positivo en la protección del medio ambiente”. 

 

Si le da miedo mancharse con un poco de sangre (aunque hay pocas probabilidades de que eso suceda con la copa) o siente cierto recelo con la idea de meter sus dedos en la vagina, la copa no es para usted. O, tal vez sí, ya que le dará la oportunidad de conocerse mejor y de acabar con todos los miedos y tabúes que nos metieron en la cabeza con respecto a la menstruación. Además, se ahorrará unos cuantos pesos y le hará un gran aporte al medio ambiente al reducir su generación de residuos.

 

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Tip: Si se encuentra en un baño público, le recomiendo entrar con una pequeña botella de agua o un pañito húmedo íntimo, para limpiarla. 

 

No es recomendable su uso en caso de:

 

- Infecciones vaginales activas o durante el tratamiento de estas.


- Después de un parto vaginal en el que se haya realizado episiotomía (corte que se hace desde el periné para aumentar el espacio de salida del bebé).


- En mujeres que no han iniciado su vida sexual, ya que puede romper el himen.


- Durante el posparto o posaborto inmediato. Se recomienda esperar 1 o 2 ciclos.


- La copa no debe usarse durante el sexo. Está diseñada para acoplarse al interior de la vagina e impide la relación sexual. 
 

 

Fotos e ilustraciones: www.lifecup.co

 

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