Michelle Bachelet, la Señora Presidenta

Médica, hija de un general torturado por la dictadura de Pinochet, exiliada, exministra de Defensa y exdirectora de ONU Mujeres, el próximo 17 de noviembre podría volver a la presidencia de Chile.
Michelle Bachelet, la Señora Presidenta

 Michelle Bachelet sencillamente no se cansa de escribir la historia. En 1975 –durante la dictadura de Augusto Pinochet– fue torturada junto con su madre en la tristemente recordada Villa Grimaldi. Pasados 27 años fue elegida la primera ministra de Defensa de Chile y, además, de América Latina. En los 70 Bachelet manejaba un bajo perfil debido a que la dictadura no se olvidaba de ella: la hija del general Alberto Bachelet. El mismo al que los militares detuvieron y dejaron morir el 12 de marzo de 1974. Ahora Bachelet se encuentra cerca de convertirse en la segunda persona en ser reelegida como presidenta de Chile tras Arturo Alessandri.

Esta mujer de 62 años de edad aspira a convertirse en la sucesora de Sebastián Piñera. ¿Cómo? Apelando a la historia que ella ha ayudado a construir. “Este 17 de noviembre hagamos lo que hicimos un 5 de octubre”. Dijo la expresidenta comparando los comicios que se avecinan con las elecciones del 5 de octubre de 1988 que dieron fin a la dictadura de Augusto Pinochet y marcaron el inicio de la Concertación. De esta forma Bachelet vuelve y acude a la historia para escribir la historia.

Ese es su talante. El de una mujer a la que no se le notan los años. Una mujer de hablar pausado que no se altera ni al hablar de las torturas sufridas por ella y por su madre durante la dictadura ni al enfrentar los señalamientos de sus detractores. Bachelet es una paradoja de la historia chilena. Apenas en 2008 las chilenas pudieron contar con una ley que regulara el divorcio. Para ese año Bachelet ya se había divorciado en dos ocasiones. Y como madre soltera se hizo responsable de sus tres hijos: Sebastián, de 34 años, Francisca, de 29, y Sofía, de 21. Los dos primeros son frutos de su matrimonio con el arquitecto Jorge Dávalos. Sofía, por su parte, es fruto de su unión con el epidemiólogo Aníbal Henríquez.

Bachelet es una progresista en un Chile conservador y eso lo lleva desde la cuna. A su padre no le importaba el uniforme a la hora de ayudar en los quehaceres de la casa. Su madre, la antropóloga Ángela Jeria, nunca se dejó amedrentar por el machismo que reinaba en Chile y por ello nunca dejó de ejercer su profesión. Con estos padres no era raro que Michelle fuera una estudiante aplicada. A inicios de los 70 –tras haber alcanzado uno de los mejores puntajes en las pruebas de ingreso a la universidad– dio inicio a sus estudios de Medicina en la Universidad de Chile. Allí conoció a la Juventud Socialista e inició su carrera como dirigente estudiantil mientras su padre era designado en un cargo en el gobierno de Salvador Allende.

El 11 de septiembre de 1973 Bachelet fue detenido por su cargo y porque no quiso hacer parte del golpe de Estado que ese día puso fin al gobierno y a la vida de Salvador Allende. Pese a la muerte de su padre, Michelle siguió con sus estudios y apoyando en silencio al Partido Socialista. Pero el 10 de enero de 1975 ella y su madre fueron retenidas y torturadas. Su madre tuvo que recurrir a sus contactos para que a Michelle la dejaran marcharse de Chile. Estuvo unos años en Australia.

Luego viajó a Alemania. Allí, en la Universidad de Humboldt, continuó sus estudios de Medicina. Aunque no fue sino hasta su regreso a Chile, en 1979, que pudo graduarse.

En 1982 se postuló para una plaza en el sistema de salud chileno; sin embargo, su solicitud fue denegada por razones políticas. Esto no impidió que su desempeño la hiciera merecedora de una beca para especializarse en pediatría y salud pública. En 1990, con el regreso de la democracia, estos conocimientos le permitieron a Bachelet desempeñarse con holgura en varias ONG y, en 1994, como asesora en el Ministerio de Salud. Pero Michelle Bachelet siguió estudiando. En 1997 se ganó una beca otorgada por el mismo Presidente de la República para que la en ese entonces desconocida funcionara adelantara estudios de estrategia militar en el Colegio Interamericano de Defensa de Washington D.C. (Estados Unidos). Sus estudios le permitieron saltar del Ministerio de Salud al de Defensa y seguir, a su manera, los pasos de su padre.

Lo demás es, por así decirlo, historia. En 1999 Bachelet hizo parte de la campaña de Ricardo Lagos a la Presidencia y –cuando este fue elegido– fue designada como ministra de Salud. Por ese despacho pasó con gloria que pena. Sus resultados en esa cartera fueron suficientes para que el 7 de enero de 2002 el presidente Lagos la pusiera al frente del Ministerio de Defensa; es decir, como jefa de todos los militares. Con una curiosidad: durante su administración se cumplieron los 30 años del golpe de Estado a Salvador Allende. Su presencia en el Ministerio de Defensa no hizo sino exacerbar el simbolismo de aquella fecha.
Luego, en 2006, hizo historia al convertirse en la sucesora de Lagos. La estudiante torturada, la hija del general Bachelet, la divorciada, la ministra se convirtió en la primera presidenta de Chile. Su Gobierno tuvo sus luces y sombras, algunas producto de las protestas estudiantiles a las que tuvo que hacerle frente, otras por cuenta de denuncias relacionadas con supuestos casos de corrupción en la construcción de Transantiago (la versión chilena del Transmilenio). Al final se fue con una envidiable favorabilidad cercana al 84% que hizo pensar a muchos que Bachelet iba a volver al Palacio de la Moneda. Todo apunta a que el 17 de noviembre lo hará. Y, de nuevo, hará historia. Porque Verónica Michele Bachelet Jeria ya hace parte de la historia.

 

Bachelet, en frases

“La razón por la que no ha habido un golpe de Estado en Estados Unidos es porque en Estados Unidos no hay una embajada de Estados Unidos”.

“Chile no puede olvidar. Sólo así tendremos una mirada constructiva de nuestro porvenir”.

“Hubo un tiempo en nuestro país cuando se terminó el diálogo. Qué terrible es para una sociedad que se le acabe algo tan elemental como es la posibilidad de comunicarse y entenderse”.

“El pilar de nuestra propuesta es el combate contra la desigualdad, esa desigualdad que viven las personas a diario, es la letra chica, la discriminación que tiene tantos rostros”.