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«Mis hábitos y mi forma de ser no cambian, sigo siendo muy espiritual» Nairo Quintana

La iglesia es uno de sus lugares preferidos, allí donde puede encontrarse consigo mismo. Cuando puede, sobre todo en España, país en el que está la mitad del año, saca tiempo de su exigente agenda para, como él dice, comunicarse con Dios.

Por Redacción Cromos

22 de diciembre de 2014

«Mis hábitos y mi forma de ser no cambian. Soy muy espiritual»

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Para Nairo Quintana diciembre es un mes como cualquier otro. Esta vez lo agarró en su natal Boyacá, a bordo de su bicicleta de ruta. Hoy viernes lo empieza en el gimnasio, haciendo repeticiones para fortalecer los músculos. Luego de las máquinas, sale con su hermano Dayer, también cicilista, a recorrer las vías de los alrededores de Tunja. Aunque se siente en casa, rodeado de su paisaje, el entrenamiento es extenuante. Sus piernas quieren anticipársele al 2015, año en que aspira regresar al Tour de Francia, el mismo que en 2013 estuvo al borde de conquistar.

Nairo tiene una rutina definida en la que hay tiempo para sus piernas, para sus pulmones, para estar por fin con su familia. Atender a la prensa también entra en su cronograma. A su manera, se multiplica en un mundo que lo toma como una estrella del ciclismo. De esta realidad no es tan consciente mientras él pueda ser él montado en un sillín, apoyado en unos pedales. Apenas lo enfoca una cámara fotográfica, se abre la puerta que irremediablemente lo asocia a la fama. Nairo no quiere que esa luz lo ilumine a plenitud; lo suyo es la cicla. Hablar con los medios lo toma como una obligación. 

Llega el momento. Camina parsimonioso, como si se le fueran a desencajar los huesos de los hombros y las piernas. El ganador del último Giro de Italia está más para un descanso que para una entrevista. Una pregunta lo saca de lo deportivo. ¿Un lugar donde se sienta en paz? Piensa unos segundos y responde con una voz que suena más madura que sus 24 años:  «Me siento en paz en una iglesia. Cuando voy a un templo religioso, agradezco a Dios. Siempre lo he hecho, desde que era pequeño. Mis hábitos y mi forma de ser no cambian. Soy muy espiritual». No es solo brío el que se adueñó de la camiseta rosa el pasado 1 de junio en las montañas italianas. Junto a su arduo entrenamiento hay una realidad espiritual que solo él explora. La aborda cuando puede, en la ciudad o en el pueblo donde se encuentre. «Siento muy cerca a Dios. Le hablo mucho, siempre para agradecerle lo que soy», insiste. Su mirada tenue, que cambia poco con la victoria o la derrota, refleja el equilibrio emocional que lo convierte en el ciclista que es... y que será.

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