Opinión/Revista Cromos

Movilizarse en bicicleta: prefiero mil veces ir en Transmilenio a sufrir un accidente en la cicloruta

Dejé de montarme en la cicla para ir a la universidad porque mis nervios se crispan cuando voy por la Avenida NQS. La imprudencia de las otras bicicletas y de los carros disparan mi sensación de mortalidad.

Según la Secretaría Distrital de Movilidad, 63 ciclistas perdieron la vida en 2018.Foto tomada de Pixabay.

No vengo a discutir los beneficios para el medio ambiente y la salud. Es cierta la frase “montar en bicicleta es lo más parecido a volar”. Sin embargo, la experiencia cambia cuando voy por una vía transitada, en hora pico, encontrándome con usuarios que no les importa su propia vida y mucho menos la tuya.

La frase podría cambiarse por “montar en bicicleta es jugar con fuego”.

Veo clases a las 8:00 p.m. en la Universidad Nacional. Vivo en el barrio Pasadena y mi trayecto inicia en la Avenida Suba: la vía exclusiva para los ciclistas está completamente pavimentada, sin huecos, y no tiene el tráfico como el que se encuentra en la NQS, conocida como carrera 30.

En la 30 las bicicletas en ambos carriles se multiplican. Varias veces he visto cómo algunos biciusuarios adelantan cuando es inconveniente hacerlo.

 Supongamos que a mí me van a pasar. Una imprudencia no solo pone en peligro mi integridad (suelo ir despacio para tener margen de maniobra frente a la contingencia). También pone en peligro a la persona que va en dirección contraria. En otras palabras, por uno pueden pagar tres. Y muy caro.

No quiero explayarme en los transeúntes distraídos, en los rapitenderos que van mirando la pantalla de sus celulares, en los choferes de automóviles que irrespetan la señal de ‘pare’ al ver a un ciclista.

En Transmilenio gasto plata yendo y viniendo, perjudico la salud del medio ambiente y voy incómodo (incomodísimo). Sí, voy inseguro y extremadamente estrujado, con un calor que arruina la ducha de las mañanas. Pero al menos la glándula de vulnerabilidad no me llena de zozobra.

 Le he echado cabeza a cuál de los dos medios de transporte es mejor para ir a clase. Intuyo que perder una pertenencia es lo peor que me puede suceder en Transmilenio. En bicicleta cualquier imprudencia de mi parte o de los demás puede derivar en un estrellón dramático. 

Ahora rara vez agarro la bicicleta para ir a clase. Me gustaría tener el cuero para que las variables de peligro dejen de activar mi instinto de supervivencia. Para mí movilizarme en bicicleta se convirtió en una fábula romántica que convertiré en realidad el día que me gane una beca para hacer un posgrado en Finlandia, el país más feliz de mundo. Es decir, nunca, porque no sé inglés ni finlandés.  

846107

2019-03-21T11:18:20-05:00

article

2019-03-21T12:23:56-05:00

ctorres_250930

cromos

Alberto Ochoa Mackenzie

Estilo de Vida

Movilizarse en bicicleta: prefiero mil veces ir en Transmilenio a sufrir un accidente en la cicloruta

101

2614

2715