
Ilustración: Kike Pulido.
Siempre que están en el bar, ese interesante grupo de señoras me alegra la noche y me alborota la curiosidad. Motivado por la chusquera y sofisticación me muero por descifrar lo que hablan. Esa noche las veía con cara de extrema preocupación, nerviosas y hablando con cierta expresión de morbo. Entre las frases que lograba escuchar se incluían algunas como: “ nunca volverá a ser igual”, “eso le pasa por no saber cubrirse bien”, y “quedarse en Miami dos meses mientras mi marido se queda acá trabajando, nunca jamás”. Para mí estaba claro, eran parte del entuerto del portal de infidelidad Ashley Madison: varios de sus allegados habían caído en la promiscua difusión… ¡estaban pillados!
Pero no, para mi decepción y al incorporarme a su mesa, entendí que hablaban de los fuertes cambios que el precio del dólar traía a sus vidas. Estaba claro que sus compras de artículos importados, sus viajes al exterior y uno que otro lujo, estaban embolatados, y eso a nadie le gusta, pero en la mesa el sentimiento iba más allá, era una especie de pánico financiero doméstico.
Me acordé en ese momento de una frase que tanto repetía el decano de la facultad de economía: “la economía es un estado de ánimo”. Y pensándolo bien, que lógico es este raciocinio académico, pues si en cada hogar se empieza a dar este tipo de pensamiento, la economía como un todo rápidamente se verá afectada. El pánico de esta mesa, llevado a un porcentaje alto de hogares hará sus estragos. A manera de ejemplo, si uno de cada tres hogares cancela sus viajes por miedo, en términos macro el resultado será una caída del 33% en la industria de viajes. Claramente es una conclusión simplificada, pero de seguro esta sería la dinámica de la industria de darse ese comportamiento colectivo.
Estos son momentos en los que hay que actuar con prudencia, hay cambios en algunos de los fundamentos de nuestra economía, pero tampoco es para entrar en pánico. No vaya a ser que nuestras exageradas reacciones sumadas, terminen creando una crisis, una más que se generó en nuestras mentes, se multiplicó y terminó en una recesión que termine afectando todo el mundo de los negocios.