Juguete sexual masculino, ¡A probar!

Su fin es estimular al hombre con caricias que reemplazan a una compañera sexual. ¡Presta atención!

Está hecho, ni más ni menos, para la satisfacción sexual masculina. No busca imitar ni la forma ni la textura de órgano sexual alguno. No busca copiar a la naturaleza. Su fin es estimular al hombre con caricias que reemplazan a un compañero sexual. Y a veces a ninguno: es un huevo.
 

Su inventor es el japonés Koichi Matsumoto, un ingeniero mecánico que decidió abandonar su negocio de vendedor de carros de segunda para iniciar, con 100.000 dólares que tenía ahorrados, algo más creativo. Y no se le ocurrió una mejor idea que inventar productos para la masturbación masculina. A diferencia de los tradicionales productos de sex shop, los desarrollados por Matsumoto se concentran en la satisfacción al tacto, más que en la estimulación visual. Con dos ingredientes adicionales que los hacen muy atractivos: la higiene (la inmensa mayoría de los productos Tenga son desechables) y la discreción (pasan inadvertidos).

Matsumoto fue su propio conejillo de indias. A base de ensayo y error fue encontrando el equilibrio perfecto entre diseño, texturas y materiales. Pero mientras tanto, fue consumiendo todos sus 100.000 dólares. Él mismo cuenta en un perfil escrito por la revista Forbes que tuvo que pedir un crédito a una compañía de pornografía para continuar con su proyecto. «Hoy las cuentas están saldadas», dice Matsumoto.

El inventor de Tenga mereció un artículo en Forbes porque, una vez puestos en el mercado japonés, los huevitos se regaron como arroz. En los primeros dos años, tras su aparición en 2005, se vendieron más de un millón y medio de unidades. ¡Sólo en Japón! Ahora Tenga vende productos en Estados Unidos y en toda Latinoamérica, incluida Colombia.

Al quitarle la cáscara, los huevitos tienen la contextura de un huevo tibio. Puestos en acción, el lubricante y la textura interior los convierten en un excitante estimulador genital.

Todos los huevos son del mismo tamaño y del mismo material, un polímero elástico similar a un condón pero mucho más resistente. Lo que cambia es el interior. Dependiendo de la curiosidad, el interior de un huevito ofrece espirales, nódulos, protuberancias, cuñas, relieves y nervaduras, que estimulan de diferentes formas.

Matsumoto fue aún más allá, y desarrolló productos un poco más costosos, con objetivos más precisos: imitar la sensación que producen cinco diferentes posiciones sexuales. Los llamó onanicups, y consisten en cilindros similares a desodorantes, dotados en su interior de puntos de contacto, mecanismos de succión y cámaras de vacío.

Si dicen que el 90 por ciento de los pensamientos de un hombre tienen que ver con sexo, lo mejor, según Matsumoto, es consentir sus fantasías de la manera más higiénica, barata y libre de sentimientos de culpa.

Para seguir progresando en el descubrimiento de nuevas sensaciones masculinas, Matsumoto ha contratado a Masanobu Sato, un tipo muy particular: es un excampeón mundial de la masturbatón, competencia anual que él ganó en 2008 al demorar 9 horas y 33 minutos masturbándose, lo cual constituyó un récord mundial. Su hazaña la superó al año siguiente, al extender el tiempo a 9 horas y 58 minutos. ¿Cómo lo hizo? Eso es otra historia.

 

Foto: Istock

 

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