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Pensar antes de criticar

Quejarse, juzgar a los demás, mirar los defectos antes que las virtudes son comportamientos que tenemos tan arraigados en la sociedad que ni siquiera nos damos cuenta de lo dañinos que resultan en nuestra cotidianidad.

Por Redacción Cromos

17 de mayo de 2016

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Por: Mónica Rodríguez

Sentarme con gente que parece disfrutar criticar a los demás, juzgar la manera como se comportan (porque no corresponde a la de ellos) como visten, como hablan, como piensan, etiquetando y estigmatizando gran parte del tiempo, me desgasta, ¡me roba la energía!

Y no hablo de la critica constructiva, la que, por ejemplo, suscita el tráfico por cuenta de quienes se saltan las normas, los problemas de la ciudad o las situaciones que nos afectan a todos como ciudadanos, sino de esa crítica que a pesar de ser innata en el ser humano, se vuelve recurrente, como si no pudiéramos vivir para hablar de cosas más agradables.

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Este tipo de comportamientos nos vuelve seres humanos destructivos, nos minimiza y lo peor es que no nos damos cuenta de esto, creemos que es un acto natural, cotidiano, peor aún, que tenemos todo el derecho de hacerlo.

Envidia, incapacidad, infelicidad, desocupe o inseguridad, son algunos de los motivos que nos llevan a criticar a los demás. Y me da risa cuando, por ejemplo, como padres nos llenamos la boca diciéndole a nuestros hijos que hay que aceptar a los demás como son, odiamos el matoneo en los colegios, etc., pero después nos escuchan criticar, por ejemplo, a cualquier persona que va por la calle porque está mal vestido, porque es gordo, flaco o feo… Según nuestro “irrefutable” criterio, claro está. Porque aparte creemos que tenemos la razón, que somos dueños de la verdad y que somos intocables para la crítica de los demás. Eso sí nos ofende.

Lo ideal sería que cuando nos encontremos en estas situaciones podamos ponernos en el lugar del otro, pensar si nos gustaría que estuvieran hablando tan despectivamente de nosotros, a nuestras espaldas, usando adjetivos como bruta, incompetente, sonso y demás calificativos que solemos usar a diario. Pensemos si nos gustaría escuchar que otros se refieran así a nuestros hijos, a nuestros padres o  a las personas que amamos.

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Dejar de criticar tal vez para muchos no es una tarea fácil. TODOS lo hacemos, pero al menos deberíamos evitar la crítica agresiva, la que destruye, la que nace desde la rabia o el rencor. Debemos medirnos y encontrar la mejor manera de expresar nuestras inconformidades o lo que nos disgusta de los demás sin necesidad de ofender.

Como dice Jules Renard, escritor y dramaturgo francés: “Nuestra crítica consiste en reprochar a los demás el no tener las cualidades que nosotros creemos tener”.

Juanita Kremer

Creo que la gente que habla tanto de las actitudes negativas de los demás debería hacer un proceso de introspección para ver por qué le molestan cosas que pueden obviar.

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Flavia Dos Santos

Hay gente que se enfrasca pensando en que los otros hablan de uno. Es humano comentar, criticar, admirar; incluso muchos de esos comentarios significan eso: admiración. No podemos enloquecer preocupándonos por lo que otros hablan.

Foto: iStock.

Por Redacción Cromos

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