¿Perdonar una infidelidad es un acto estúpido o valiente?

Por unos minutos tomémonos el trabajo de analizar la situación antes de responder. Si lo dejamos al corazón, la respuesta a este debate sería predecible, revanchista y hasta infantil, porque para dar otra oportunidad se necesita tener inteligencia emocional.

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 Estamos en la redacción de Cromos y formulo la pregunta a la primera compañera que pasa cerca de mi escritorio. Ella se voltea y responde como si desde hace tiempo tuviera la respuesta.

-Perdonar unos cachos es de estúpidos-dice-. El que la hace una vez la hace dos veces.

-¿Estás segura de que en todos los casos es así?

-Sí, te digo que es estúpido porque he sido infiel.

Al fondo interrumpe otra compañera.

-¡Perdonar una infidelidad es un acto estúpido!-dice levantando la voz.

Otros integrantes de la redacción arquean las cejas y esbozan una sonrisa. Para ampliar el escenario y para que no me digan “depende de…”, les pido que piensen en una relación estable, de más de un año, en el que la pareja, ambos, se respetan, hay buena comunicación,  amor, pasión, proyectos personales (y en conjunto), pero un día, uno de los dos tiene un affair.

Regresemos a la pregunta: ¿perdonar una infidelidad es un acto estúpido o valiente?

El debate en la oficina ya no importa, lo que vale la pena explorar son las posiciones que superen los clichés “el que la hace una vez, la hace dos veces”, “si eres infiel es porque algo anda mal en la relación”, “prefiero tener la frente grasosa que con cuernos”.

Una relación monogámica se construye con la cabeza y el corazón. Si la respuesta la dejamos en manos de las emociones, seguramente sobrarán motivos para matar la discusión con un tiro de gracia. 

Las razones para dar una segunda (o hasta tercera) oportunidad tiene que ver con la perspectiva realista de cada uno. El deseo, las ganas de descubrir algo nuevo, el error, la naturaleza impredecible de los humanos…son tantas las variables que de deben analizar a la hora de poner la X en la casilla del No perdono o en la del Sí perdono, que es imperativo estar preparados para cuando suceda.

Para no botar a la basura una relación que se pone en peligro por un tercero, es necesario ser sensato y humano. En un espacio breve y sencillo voy a hablar por mí: hace dos años vivo con mi novia. Aunque no nos hemos casado, tenemos una unión de hecho. En nuestro horizonte está comprar vivienda, estudiar, vivir en otra ciudad y no tener hijos.

Hipotéticamente un día mi novia me confiesa que fue infiel con un compañero de trabajo. Sin que la indague, dice que se acostó con él y que ya no puede ocultarme más esta situación. Sus palabras están cargadas de dolor y culpa. Sin embargo, estoy tan impactado que es inevitable sentirme como una víctima indefensa. 

Ahora que tengo el balón en los pies, me toca reaccionar. Supongamos que lloro, me lamento, siento que el mundo se vuelve pedazos, incluso pienso en que ella es mala (la peor) conmigo. Cuando me trago el sapo, con las pocas fuerzas que me quedan, intento preguntarle por su infidelidad.

La pregunta del millón es si quiere seguir conmigo. Se me hace romántico su valor para decirme la verdad, sabiendo las posibles consecuencias. Finalmente, mi novia sostiene que quiere seguir, que si le dan ganas de estar con otro hombre, me lo va a decir, pero insiste en que solo desea trabajar por reconstruir la relación. Es consciente de que algo se ha roto y que la confianza puede durar semanas o meses en recuperarse.

Con dolor en el alma, impotente, acepto darle otro chance. Cualquiera se puede equivocar así como cualquiera puede perdonar siempre que la infidelidad no sea sistemática.

¿Por qué dejar de apostar por la persona que amo? Después de la confiesión vendrá el tiempo en que yo también debo demostrar si realmente perdoné. El noviazgo queda en cuidados intensivos y en los dos está la cura, porque existe.