¿Por qué a mi abuelo, que sufre de demencia senil, no se le olvida lo machista?

El señor Echeverri no reconoce a sus hijas ni a sus nietos, solo a su esposa, mi abuela, que a sus 80 años está reducida a servirle, lavarle y cocinarle. Cuando ella sale de casa, él nos pregunta una y otra vez "¿con quién se fue?".

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Las patillas blancas del abuelo Echeverri* resaltan como si se las pintara, sobre todo cuando se pone la gorra azul oscura. Entre su calva y la visera se encuentra un cerebro que lleva 94 años funcionando. A simple vista, el hombre está entero. Sentado a la mesa, durante el almuerzo, da la sensación de que puede vivir otro medio siglo.

Pero la demencia contrasta con su buen estado físico. Desde que el trastorno llegó para quedarse, se desorienta en el patio de la casa en la que ha vivido gran parte de su vida. A la mayoría de sus hijas y familiares no los reconoce, a la única que sí es a su esposa Esmilda, mi abuela.

Al viejo se le puede olvidar que acabó de tomar café con leche, menos que tiene una pareja tristemente incondicional.  Ella, 14 años más joven, procura llevar una vida que la aleje un poco de su lado. En ocasiones, va a un grupo de la tercera edad en las mañanas o se escapa con sus hijas (mis tías o mamá) al centro comercial. Escribo “se escapa” porque lo siente así.

El abuelo Echeverri se enloquece ante su ausencia. Quien esté cerca, en ese preciso instante, debe responder una y otra vez la pregunta “¿en dónde está Esmilda y con quién se fue?”.

Lejos la abuela siente un respiro. No es que odie estar en su vivienda, cualquiera que no la conozca pensaría que sí, que detesta la sala, la habitación, la cocina. Lo que realmente no soporta son las altas dosis de servidumbre y la imposibilidad de tener una vida más allá del longevo matrimonio.

Por eso hay días en que está irritable o ansiosa. Le dan ganas de salir corriendo, porque el abuelo Echeverri es una máquina de pedir, como si ella fuera una máquina encargada de satisfacer sus demandas.

Buscando una solución, entrevisté a Claudia Irene Giraldo, psicóloga del Centro de Memoria y Cognición Intellectus. Hablé con ella para resolver la pregunta que titula esta nota.

¿Por qué a mi abuelo que sufre de demencia senil no se le olvida lo machista?

 Trabajo con guiadores de familiares de pacientes con demencia. Lo que le puedo decir es que la demencia no va a borrar la personalidad que el abuelo tenía. Antes al contrario, los rasgos de personalidad que ha tenido, independientemente del tipo de demencia, se van a multiplicar por cinco. Si el señor Echeverri ha sido controlador, lo que más va a aparecer es el control. No se le va a olvidar, es de donde se agarra para compensar sus pérdidas de memoria. 

¿Esa exacerbación de rasgos solo lo viven los hombres?

Esta es una cultura machista en donde se materializan fácil los rasgos que tienen que ver con esperar a que la esposa siempre esté al lado, que no salga, que siempre esté disponible para servir la comida. Pero este comportamiento no le pasa solo a los hombres, las mujeres también pueden presentarlo, los papeles se pueden invertir, aunque en menor medida.

Si uno no ha sido una persona controladora, ¿qué rasgo se acentuaría con la aparición de la demencia?

Si es una persona que toda la vida ha sido tranquila, va a ser un adulto mayor de fácil manejo, porque estará dispuesto a la conciliación.   Pero, como le dije anteriormente, en una cultura machista los rasgos que más aparecen son los del control, la idea de "atiéndame porque usted toda la vida lo ha hecho". No se trata de estigmatizar al abuelo que está viviendo esto, hay que entender que esa es la relación que seguramente siempre ha llevado. No opera desde la maldad. 

¿Qué podemos hacer el resto de familiares para ayudar a los abuelos?

En el Centro de Memoria y Cognición buscamos que los integrantes de una familia aprendan a cuidar. Debemos identificar en dónde están las dificultades, aprendiendo a manejar a la persona. Si el abuelito o la abuelita son controladores, todos tenemos abrirle espacio para entretenerlo de distintas maneras, eso incluye jugar, ponerle la música que le gusta, llevarlo a dar un paseo por el centro comercial, separarlo de su pareja por unas horas para que haya oxígeno en la relación.

El objetivo es evitar el síndrome de cuidador quemado, que puede enfermar. Hay que liberar a la persona que está junto al abuelo controlador, darle descanso. Los hijos tenemos la tendencia de dejar a las mamás solas en esa tarea, porque supuestamente le tocó y allá ella. Tenemos que involucrarnos, conversar, darle vuelta, hacer un trabajo en equipo. Las mamás se queman y se agobian cuando están solas.

En el caso de mi abuela Esmilda ¿qué le recomienda hacer?

Tiene que asistir a cursos de psicoeducación, ir a una consulta particular a un psicólogo que le pueda manifestar su molestia, que le brinde estrategias para enfrentar la situación. Ella lo ha vivido los últimos cincuenta años de casada, lo que pasa es que ahora se agudiza por la demencia. Ese hombre machista la ha acompañado siempre y lo ha podido manejar. Ahora con el trastorno se vuelve problemático, hay que aprender a manejar la adversidad.

¿Cuáles son los síntomas del Síndrome del cuidador quemado?

La gastritis, la úlcera, los dolores lumbares y el dolor de cabeza son signos que demuestran lo que está atravesando. Su abuela puede sentirse ansiosa, deprimida, irritable. Esos rasgos se deben trabajar con ayuda profesional, que le facilite herramientas para que no se siga quemando.   

 

*Los nombres de la abuela y el abuelo fueron cambiados para proteger su identidad.

 

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Redacción Cromos

Estilo de Vida

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