Revista Cromos

Propósito de lector a mitad de año: hacer trizas los prejuicios hacia las escritoras

De los textos que he leído desde enero hasta la fecha, en mi lista apenas encuentro una novela de Pilar Quintana y algunos cuentos de Lucia Berlin y Lydia Davis. ¿Coincidencia o machismo?

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Hace poco en la universidad me llevé un ejemplar de los relatos Preludio y La casa de muñecas, escritos por Katherine Mansfield.  Había varios títulos exhibidos en la estantería del programa distrital Libro al Viento, la persona que se encargaba de entregarlos a los estudiantes me dijo que cuando leyera a Mansfield la devolviera y con gusto me daba otra obra. Yo estaba entre la neozelandesa y la colección de cuentos Bogotá Contada, que va por su quinto número. Me decanté por el primero porque desconozco a la escritora (no la tengo en el radar) y por la cita que figura en la contracarátula.

“Ella tuvo mucho de milagro: no fue cursi, no fue erudita, no se complicó con ningún sobrehumano misticismo de la misa de once; era como los hombres se imaginan a las mujeres que aman”, expresó el escritor Juan Carlos Onetti sobre Mansfield. Su elogio me resultó machista, de hecho se me hizo raro que el Distrito lo escogiera para promocionar la obra de una pluma que, al menos en mi caso, no sabía que existía.

La frase de Onetti me conectó con un comentario de Juan Rulfo sobre la colombiana Fanny Buitrago.  “Es la mejor escritora de Latinoamérica porque escribe como un hombre”, dijo el autor de El llano en llamas y Pedro Páramo. En la misma línea editorial machista se encuentra Bred Easton Ellis, reconocido por American Psycho y Menos que cero.  Experto en descalificar a la competencia, el norteamericano dijo que su colega Kathryn Bigelow “se sobrevalora porque está buena”.

Ejemplos de ninguneo por género abundan, si no que lo diga la bogotana Laura Restrepo. El día que un editor leyó su novela Leopardo al sol, este le dijo: “está bien, pero parece escrita por un hombre”. ¿Cuántas veces los lectores hemos replicado, sin saberlo, estos prejuicios? Hago una lista rápida de lo que he engullido en 2019 y brota mi tendencia hacia lo masculino, como si las ideas de Rulfo y compañía estuvieran en mi cabeza cuando decido una lectura.

En 2019 le he metido el diente a Mario Mendoza, a René Rebetez, Machado de Asis, Robert Louis Stevenson, Evelio Rosero, Eugene Ionesco, Hernando Téllez, Alfredo Molano frente a La Perra, de Pilar Quintana, y un puñado de cuentos de Lucia Berlin y Lydia Davis.

Apenas hoy vengo a ser consciente de mi evidente machismo al momento de elegir lo que leo. Tengo entre ojos las páginas de Ursula K Le Guin, Dorothy Parker, Margareth Atwood, Clarice Lispector, Marvel Moreno, de hecho en mi biblioteca tengo sus libros, pero por pura discriminación he procrastinado su lectura. Si alguien me pregunta “¿discriminar por género, en su caso, es una actitud sistemática?”, mi respuesta, lamentablemente, es un “sí”. Por eso prometo pensarlo dos veces la próxima vez que aborde una nueva pieza literaria.

Otra pregunta que vale la pena formularse: ¿qué clase de historia intuyo que voy a encontrar en una escritora mujer? La resolveré en otra oportunidad, aunque confieso que me da pena verme reflejado en el editor que le dijo a Laura Restrepo "está bien, pero parece escrita por un hombre". 

¿Qué siginifica un libro "escrito por un hombre"? ¿Qué quiere decir "escrito por una mujer"? ¿Alguien sabe? 

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