¿Puede el porno ser ético y feminista?

Desde hace unos años, esta corriente se ha extendido por Europa. Algunas mujeres que trabajan en la industria tratan de lograr transformaciones. Otras, como Esperanza Gómez, no creen que el cambio sea posible.

¿Puede el porno ser ético y feminista?
Esperanza Gómez considera que en la industria pornográfica no cabe el exceso de corrección política, ya que depende de fetiches que suelen trasgredir lo socialmente aceptado.Foto: Daniel Álvarez Baquero.

Ética, feminismo y pornografía parecieran ser tres palabras que no cuadran en una misma frase. Sin embargo, en la industria del cine para adultos también existe el porno ético y feminista. ¿De qué se trata?

Pornografía ética

De acuerdo con la escritora, activista y educadora sexual estadounidense Tristan Taormino, en el porno ético “a los artistas se les paga un salario justo y se les trata con cuidado y respeto; su consentimiento, seguridad y bienestar son fundamentales”. 

Para entenderlo mejor, intentamos hablar con Amarna Miller, la actriz porno española que izó la bandera de la pornografía ética y feminista por muchos años, y se convirtió en una de las representantes más visibles del tema. Miller se negó a hablar con Cromos, porque se ha retirado de la industria, pero en reiteradas entrevistas explicó: “En este tipo de porno, tanto los actores como las actrices son tratados en igualdad de condiciones. El marco en el cual se realiza la producción audiovisual es sano, seguro y consensuado”. 

También se busca que los performers “se sientan cómodos y que exista una atracción real entre ellos. Trabajamos sobre un guion pero aquí nadie te dice cuándo cortar, ni cómo hacerlo, lo que se enseña es sexo real”, expresó una mujer identificada como ‘Miss Lemon’ al diario El País.

El objetivo del porno ético es buscar la regularización. “En la mayoría de países, la industria no está muy regulada –explicó Miller en Red + Noticias–. No existen convenios colectivos, ni sindicatos. Sin regulaciones, el empleador puede aprovecharse de ti, como no dejarte cobrar horas extras, hacerte tener jornadas de trabajo interminables, etc.”.

La exactriz también comentó en su canal de YouTube que en la industria del cine para adultos no hay control de la imagen. “Cuando firmas los contratos, que, por lo general, son muy abusivos, cedes tu imagen a las productoras no solo para que la comercialicen bajo su nombre, sino también para que se la vendan a terceros”. 

Los actores no tienen conocimiento de estos negocios y no reciben un solo peso de dichas reventas. “No tienes derecho a veto y no hay otros contratos. Es una industria muy irregular y precaria, si te quejas, simplemente, no trabajas (…) Es necesario que el trabajo sexual sea considerado como cualquier otro trabajo, para poder tener los derechos laborales de cualquier otra persona”. 

Aunque resalta que en la industria existen personas muy respetuosas y amables que, precisamente, pertenecen a productoras que hacen pornografía ética, todavía no son suficientes y, de acuerdo con Miller, si se trabajara solo con ellas no se recibirían ingresos suficientes para sobrevivir. 

Pornografía feminista

Ahora, ¿cuál es la diferencia con la pornografía feminista? Para Amarna Miller es otra corriente, enfocada en cuestionar o replantear los roles tradiciones del hombre y la mujer dentro del cine para adultos. 

“El porno feminista es hecho por y para mujeres, donde se abole el papel dominante del hombre blanco que cosifica a la mujer y en el que predomina una visión misógina”, asegura ‘Miss Lemon’. 

Erika Lust, productora y directora sueca de cine porno, lo definió así: “Es otra manera de referirse al porno alternativo, independiente y ético, que tiene por punto de partida, la igualdad entre hombres y mujeres en cuanto a la representación del placer y los roles de género”.  

Sin embargo, para Lust este tipo de pornografía no es solo para el género femenino. “Eso no quiere decir, como algunos creen, que sea solo para mujeres, lésbico o que muestre el sexo de una manera muy soft o blanda. Al contrario: esta nueva ola de cine adulto busca el riesgo y la diversidad en formas inimaginables”. 

¿Cómo se sitúa Colombia en medio de estas tendencias?

La actriz porno colombiana Esperanza Gómez le dijo a Cromos que en el país no existe la producción de cine para adultos profesional. “Básicamente no hay quién vele o vigile el porno en Colombia. Son pocas las productoras extranjeras de calidad que llegan a filmar a nuestro país y, cuando lo hacen, casi siempre es de manera clandestina”. 

Gómez resalta que, aunque el porno feminista busca cambiar el papel de superioridad que tiene el hombre frente a las mujeres, “también hay pornografía donde el hombre es sometido y castigado por una mujer. El porno vende fantasías y las producciones se hacen de acuerdo con los diferentes fetiches que tiene cada quien”.  

Para Esperanza Gómez, el día que se haga solo porno feminista, se acaba la industria, porque no todas las mujeres quieren ser siempre las que dominen y la conexión con su compañero de escena le parece que está de más.   

“Me parece innecesario tener alguna clase de química con mi compañero, o que me parezca atractivo y ocurra algún tipo de romance durante la grabación. A mí me pagan para interpretar un papel y vender una fantasía; si quiere vender amor, conexión y romance, pues sea actriz de novela convencional. Para hacer el amor tengo a mi esposo, y entre menos química haya entre los actores, mejor para las actrices que tenemos una pareja estable”. 

Finalmente, aclara que comparte con la pornografía feminista el objetivo de rodar producciones con todas las reglas de higiene y sanidad, “que todos los actores seamos responsables a la hora de tener sexo seguro”.

 

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