
Pablo Armero
Juan Sebastián Restrepo
Psicólogo.
Los deportistas profesionales adquieren responsabilidades adicionales. Por eso deben tener un acompañamiento que les enseñe a asumir las implicaciones de su rol. La mayoría de sus actos se valoran socialmente. Ellos están dando ejemplo. Nosotros como sociedad no podemos desconocer que los referentes tienen falencias, debilidades, temores, que se pueden equivocar. Sin embargo, el maltrato hacia la mujer no es aceptable, por lo que es necesario buscar medidas individuales y sociales para combatirlo.
El fenómeno de la violencia en pareja es un ciclo complejo, de largo tratamiento. Cuando una mujer está con un maltratador y nos es capaz de denunciar, también necesita tratamiento. ¿Por qué permite que una y otra vez se traspasen los límites? Si el maltratador actúa sin sanción, si se encuentra con una mujer incapaz de confrontarlo, dudo que cambie.
Hay razones para indignarse con actos que nos comprometen como humanos. Pero la prontitud al castigar tiene efectos desastrosos. Aquí los medios de comunicación deben cumplir un papel responsable. Yo creo en el axioma que afirma que el medio es el mensaje. Los medios afianzan la división recalcitrante e inequitativa de los hombres y las mujeres. El hombre fuerte, macho, mandón, que es el resultado de nuestra infinita y larga cobardía hacia la mujer. Refuerza la idea de una mujer sumisa, que se acicala, que es objeto de deseo. Constantemente está perpetuando ideas. Es urgente tomar una posición realista y crítica frente a lo que consumimos. Debemos identificar las formas sutiles y evidentes de la violencia de género en noticieros, novelas, deportes y, desde luego, en nuestras familias.
Cristina Vélez Valencia
Secretaria Distrital de la Mujer.
Pablo Armero nunca hizo un reconocimiento de los hechos y me molestó esa actitud. Estaba en una posición oportuna para llamar a la reflexión sobre la violencia contra las mujeres. Los medios muchas veces muestran a los agresores como victimarios lejanos, como si no hubiera uno en los hogares del país. Si Armero hubiera hecho un ejercicio en el que reconociera su error, y replanteara su rol como pareja y hombre, habría sido un aprendizaje fantástico. El debate se redujo a “si convocarlo o no a la selección”, y dejamos pasar una oportunidad de pensarnos con autocrítica.
No son aislados los hechos de violencia contra la mujer. No es que el agresor se emborrachó y la embarró golpeándola. La violencia contra la mujer es una conducta sistemática y estructural, que al año arroja 23.000 casos de violencia solo en Bogotá. Por eso debemos trascender en la satanización. No soy partidaria de los linchamientos, porque nos distraen del problema de fondo. Es muy fácil decir que es un criminal, pero se nos olvida qué entrañan sus actos. Es prudente preguntarse qué llevó a que Pablo Armero le cortara el pelo a su señora, qué lo lleva a agredir a una mujer, qué nos lleva a cada uno a pensar en hacerlo.
No veamos su caso como un hecho aislado. Veamos el trasfondo de la situación. Examinemos el Pablo Armero que tenemos dentro. Todos tenemos que ver con la violencia de género, todos tenemos velitas en este entierro. En la medida en que reflexionemos sobre nuestras posiciones, sobre cómo nos comportamos día a día, podremos hacer transformaciones profundas y no nos quedaremos en la indignación fugaz.
Nicolás Samper
Periodista de deportes.
Desde enero de 2014 a finales de marzo, Pablo Armero apenas disputó 32 partidos en 5 clubes, en temporadas donde un club juega en promedio 38 compromisos sin contar competencias internacionales. Y si ha jugado poco es porque su nivel no es bueno. Su episodio de agresión a su mujer tendría que haber sido castigado. A mí el tema de un tipo que le haga algo a una mujer me marea mucho. Yo de técnico no lo llevo porque la situación me molestaría bastante, porque sé que armaría un revuelo innecesario perjudicial para mí y porque, además, no andaba jugando bien. Desde mi perspectiva busco y busco motivos para convocarlo, y no los encuentro, pero yo no soy José Pékerman, a quien respeto porque es un estupendo entrenador.
El fútbol, como muchos espacios en la sociedad, es terreno fértil para estereotipar al género en países como el nuestro, de tradición machista. Pienso en las estadísticas de accidentes fatales en automóviles y el altísimo porcentaje que es provocado por hombres en la vida real, y en el prejuicio instalado sobre la impericia femenina para manejar carro. No obstante, el fútbol a veces me sorprende con ejemplos positivos. Sport Recife alguna vez hizo algo muy divertido, efectivo e incluyente: nombró a las madres de los integrantes de la barra brava como guardias de seguridad en un partido caliente. Nadie hizo nada. ¿Quién iba a alzarle la mano a la mamá ahí? Se granjearon tres cabezazos buenos: tuvieron tranquilos a los hinchas más sectarios, incluyeron a la mujer en una actividad contra la violencia en general y se realzó el valor de la mujer. Es una buena idea, digna de replicar.
Aprovecho este espacio para hacer una reflexión. Yo amé a mi papá por ser mi papá, pero fue un hampón con mi mamá, a quien amo por todo lo que hizo y hace siempre por mi hermana. Cuando se murió mi papá pensé en que me había hecho un espantoso regalo y, alguna vez, él ya muy enfermo y más cerca a su muerte, se lo hice saber: me enseñó todo lo que necesitaba saber sobre la forma en que nunca debía tratar a una mujer. Hubiera preferido un método más cercano a la medicina alternativa que a semejante terapia de choque, pero fue lo que me tocó. Se lo dije sin odio ni rencor y tampoco en tono de reproche, haciéndole entender que su comportamiento había sido desastroso para todos en la casa, que de alguna forma se iba dejándonos una cicatriz profunda que estaba cerrada ya y curada, pero que no dejaba de ser cicatriz. Me imagino que eso para él debió ser la más dolorosa sanción que recibió alguna vez por su comportamiento.
Mónica Roa
Consultora en pensamiento estratégico para el cambio y la justicia social.
Los agresores de mujeres deben tener una sanción que tenga tres componentes. El primero es la justicia. Si hay impunidad, el sistema de justicia manda un mensaje a la comunidad de que esos delitos no son importantes y que al final no va a pasar nada. Se incentivan otros posibles agresores y de desincentivan las mujeres que sufren violencia y creen que no sirve para nada denunciar. El segundo es la sanción social; es decir, el rechazo que la comunidad demuestra a ese tipo de comportamientos. Así también se manda un mensaje, especialmente a los niños, niñas y jóvenes sobre cuáles son los valores importantes para la comunidad. Y el tercero es la rehabilitación de los maltratados. En este proceso se deben abordar los roles igualitarios entre hombres y mujeres, la solución pacífica de conflictos, y la reflexión sobre las implicaciones de la violencia para la mujer víctima, para los niños y niñas del entorno, y para la comunidad, de tal forma que el agresor tenga conciencia de lo que hizo y asuma su responsabilidad.
En resumen, lo peor que puede pasar es que, frente a los hechos violentos, todo siga como si nada. De esa manera el agresor no toma conciencia de sus acciones y las seguirá repitiendo en el futuro. Por su parte, la víctima no tendrá ningún incentivo para denunciar y la comunidad, incluidos los menores de edad, asumirá que estos comportamientos son tolerados.
Las investigaciones demuestran que lo más eficiente es educar desde edades tempranas para la prevención. Se recomiendan talleres de educación sexual y afectiva para tener relaciones de pareja sanas desde la igualdad y el respeto. Ban Ki Moon hizo global una campaña de la India llamada Toca el timbre (Ring the bell). Consiste en que los vecinos y la comunidad intervienen tocando el timbre para preguntar qué hora es cada vez que sospechan que a una mujer la está maltratando su pareja. Es una estrategia simple y efectiva que genera presión social frente a los abusadores y solidaridad y respaldo a las posibles víctimas.
Armero debería responder por el delito que cometió al agredir a su mujer. Adicionalmente, la selección Colombia debe tener claro su rol frente al país: ellos son los ídolos de niños y niñas que están viendo sus comportamientos. Así como los equipos son sancionados cuando sus hinchas generan actos de violencia alrededor de los eventos deportivos, debería existir algún tipo de sanción deportiva para los jugadores que cometen o promueven cualquier tipo de acto violento.
Piedad bonnett
Escritora
Más allá de lo penal es importantísima la sanción social, algo muy escaso en este país cuando se trata de personajes populares, como Diomedes Díaz, el Tino Asprilla o tantos políticos corruptos que han ocupado cargos importantes. En esos casos, casi siempre, una parte de la sociedad hace concesiones, se hace la de la vista gorda, comenzando por los medios. La sanción social debe ir más allá del escándalo inmediato, y ser, en efecto, sanción. O sea, debe haber consecuencias prácticas. Considero que todo el mundo –salvo, tal vez, los psicópatas– tiene redención, lo que no quiere decir que los cambios sean fáciles. La sociedad debe perdonar cuando hay una aceptación pública de la culpa, una petición de perdón a la comunidad y una promesa de no repetición.
Una persona con comportamientos como el de Armero tendría que tener un proceso de introspección, con ayuda profesional, para examinar de dónde proceden su rabia, su menosprecio del otro, sus reacciones violentas. Estas actitudes vienen de muy atrás, del tipo de educación recibida, de la manera como se le enseñó a enfrentar su identidad masculina. Me gustaría que Pablo Armero se retractara con humildad, que pida perdón. En todo caso, debe ser suspendido de la selección por un tiempo; no tanto, por supuesto, como para afectar definitivamente su carrera. Esto solo empeoraría su resentimiento. En caso de algún otro episodio violento debe ser suspendido definitivamente.
Foto: Getty.



