Perdería sentido, emoción y diversión. Tenemos amigos de toda la vida y otros nuevos, que hasta ahora empezamos a conocer. En el mundo del deporte las amistades son claves. Llevarse bien con un compañero de equipo es fundamental para el éxito.
Sigue a Cromos en WhatsApp
Seguramente han oído hablar del tridente catalán, o la MSN: Messi, Suárez y Neymar. El trío ofensivo del Barcelona se convirtió en el más goleador de la historia del conjunto catalán, con 150 anotaciones entre los tres. Claro, todos son talentosos, distintos y solos hacen la diferencia, pero juntos y como amigos son un arma letal.
En la Fórmula 1, recientemente se dio un caso interesante relacionado con la amistad. Mientras en la escudería de Mercedes, Lewis Hamilton y Nico Rosberg pelean –de hecho, se culparon mutuamente por el choque que tuvieron en el Gran Premio de Austria–, Daniel Ricciardo y Max Verstappen, pilotos de la Red Bull, se ayudan. En varias ocasiones, hemos visto que presionan a los demás pilotos para beneficiar al compañero. Esta estrategia los ha convertido en protagonistas y les ha permitido vivir con mayor emoción este deporte de precisión.
La teoría es simple: si los dos somos buenos y nos apoyamos, los dos seremos importantes. Y en el deporte hay atletas tan buenos, como el caso del Real Madrid, que el técnico tiene una labor fundamental: mantener el buen ambiente y promover la integración y la amistad. Pep Guardiola, técnico del Manchester City de Inglaterra, no permite que los jugadores se vayan del entrenamiento sin que todos almuercen juntos.
Hay otros, como Carlo Ancelotti y Jose Mourinho, que después de una derrota no llaman a entrenamiento. Dejan que los jugadores tengan un día de relajación para olvidar lo malo y volver con la cabeza limpia y fresca.
Mantener un grupo de trabajo unido fortalece el compromiso de cada jugador. Me pasa a mí también. Siempre, antes de la transmisión de un partido, me preparo, porque sé que tengo que estar a la altura de mis colegas para no defraudarlos. El deporte es competencia, puntos, eliminaciones, llantos y alegrías, pero me ha enseñado, también, que solos somos frágiles. Juntos, podemos ser invencibles.