Querernos es bueno para la salud

Si afrontamos la vida con menos temores, inseguridades y exigencias a nosotros mismos, el cuerpo responderá agradecido.

Foto: Getty

Mirémonos al espejo y hagámonos la pregunta: ¿esa persona que se refleja siente inseguridad, soledad, miedo, enojo, pena o culpa? Si la respuesta es afirmativa, hay que actuar inmediatamente. Recordemos una célebre frase de Charles Chaplin, que seguro habrán visto en alguna red social: “Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas, situaciones y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó a esa actitud egoísmo. Hoy entendí que se llama amor propio”.

El amor propio es la base de esta sección, que llamamos Quiérete, y muchas veces surge tras grandes descubrimientos y mucho sufrimiento. Solo al sentirnos heridos y tocar fondo, reaccionamos y aprendemos a querernos. Y, a veces, somos nosotros mismos quienes nos hacemos más daño: tenemos el hábito de atacarnos hasta destruirnos. Le damos crédito a lo que piensan o dicen los demás, sin valorar nuestro punto de vista, nuestras percepciones y nuestras acciones. Nos victimizamos cuando pasamos por una dificultad y, en ese camino, nos resignamos. Nos exigimos más de la cuenta. Olvidamos los grises y vemos todo en blanco y negro. Si no somos delgados y exitosos, nos sentimos fracasados. Nos descalificarnos por todo.

La droga del amor Y el desastre es total si nos enamoramos. La baja autoestima es una bomba de relojería. Nos hace demasiado vulnerables. Los procesos amorosos generan reacciones y consecuencias en nuestro organismo. De hecho, no podríamos hablar de enamoramiento sin hablar de la dopamina, una hormona descubierta en 1952, que se asocia a la felicidad y que actúa como neurotransmisor. Por otra parte, el narcótico del amor es la feniletilamina, una anfetamina que segrega el cuerpo. Este compuesto es el que activa la secreción de dopamina. Cuando nos enamoramos, los niveles de dopamina suben y los de serotonina bajan, lo cual puede ser inquietante, ya que la serotonina es la hormona encargada de equilibrar nuestras emociones. Estar loco de amor es cualquier cosa, menos equilibrio, y si nuestro amor propio no es fuerte, el golpe está garantizado.

Cuando le den ganas de tener cosas en común con la persona que le gusta, o de vestir de un modo que cree que le agradará, sepa que la causante de todo esto es la dopamina, cuyo trabajo se asocia a la motivación y a las conductas orientadas a alcanzar un objetivo concreto. Es parte de lo que se llama la química del amor, relacionada con descargas neuronales que activan las hormonas y la ceguera mental. Lo cual lleva a explicar por qué se dice que el amor es ciego.

Las dosis de dopamina aumentan ante la adversidad, por eso, frente a los obstáculos, es factible que los sentimientos se intensifiquen. Esto se conoce como el ‘Efecto Romeo y Julieta’. La reacción involuntaria de nuestras hormonas frente a ciertas situaciones hace que mucha gente cruce continentes para abrazar a la persona de la que está enamorada.

Durante la primera etapa del amor, los sentidos son claves. En el caso de los hombres, intervienen más los ojos. En el de las mujeres, los oídos. Y, para ambos, el olfato es muy importante, debido a las feromonas, sustancias que diferentes animales secretan, que producen reacciones en el sexo opuesto y que son indispensables en la atracción. Por ellas, el baile es un arma de seducción: pone a prueba las feromonas. Si después de ese encuentro entre cuerpos se llega a una relación sexual, el asunto se pone más serio: luego del orgasmo, el sistema límbico del cerebro libera oxitocina, una hormona que ayuda a forjar lazos permanentes entre amantes.

Amor propio contra la tusa Decía una célebre canción italiana de los 70 que de amor nadie se muere, pero la afirmación no es tan cierta. Si no le ponemos atención al desamor, podemos enfermarnos. Nuestro organismo no es indiferente a la tusa.

El mal de amores produce cambios dramáticos en un área del cerebro llamada córtex cingulado anterior, la misma que se activa cuando una persona sufre una experiencia dolorosa, no solo afectiva, sino física. Por otra parte, la dopamina es adictiva: cuando nos falta, se genera el llamado síndrome de Takotsubo, también conocido como síndrome del corazón roto, una cardiopatía que produce disfunción ventricular.

Los efectos de la tusa en el cuerpo dependen de los mecanismos de defensa de cada persona, pero se ha demostrado que cuando la ruptura es por infidelidad, duele más. Entre más amor propio exista, lo más posible es que haya menos sufrimiento. La inseguridad, la soledad y la culpa no harán parte del panorama, así que sanar será un proceso mucho más fluido y llevadero.

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Dra. Alexandra Rada

Estilo de Vida

Querernos es bueno para la salud

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