Sabiduría sexual: la clave para llegar al clímax

Sexo... Disfruto de él más que cualquier cosa en el mundo. Los seres humanos giramos en torno a él, es natural imaginarlo sucio o romántico, es parte de nuestro lenguaje corporal diario, lo vemos en las frutas, los emojis o, simplemente, en la mirada pícara de la cajera cuando vamos a comprar condones.

Foto: Getty.

¿Es un tabú para ti? Para mí no lo es. A pesar de la liberación sexual fruto de revoluciones acontecidas en las últimas décadas, para algunos sigue siendo un tema de discusión incómodo, tristemente así es y lo será durante los próximos años. ¿Tus prácticas culturales, tus creencias religiosas o algunos problemillas psicológicos te impiden disfrutar tu sexualidad como quisieras?

Mientras mis amigas a sus tiernos 12 años jugaban con sus barbies, yo jugaba con la puchis. Gracias o a pesar de la internet, aprendí cómo funcionan las relaciones sexuales, soy una activa consumidora de porno desde ese entonces. Hubo una época en la que creí no necesitar de nadie más que de mí para obtener placer, nunca idealicé el sexo, sabía que era sucio, torpe, nunca esperé mucho de él hasta que decidí fundir mi libido con el de alguien más, y ese día todo cambió. 

Dejé de disfrutar el porno como antes, olvidé a la puchis en los baños de mi colegio pensando en los videos vistos la noche anterior, lo reduje a un ejercicio semanal, dejé de importarme solo en mí para satisfacer al otro con la sumisión que se encargó de enseñarme la web. (Ver: Consejos para practicar sexo virtual sin pudor)

Al pasar los años aprendí de mi gran error. Supe, una vez más, que el placer no depende de otros, sino de mí. Eso no quiere decir que todo fue cruel antes de esa revelación, mi cuerpo se convirtió en objeto de estudio, cada prueba y cada error me llevó a zonas inexploradas, pude determinar lo que me enciende y lo que me apaga. En ese mismo camino descubrí al otro, entendí su cuerpo y logré que hiciera match con el mío.

Mis kilos de más, unos pelos donde no deben estar, entre otros detallitos con los que la vida no me favoreció me alejaban del húmedo placer de sentir un orgasmo. Según la sexóloga Julene Ortiz, “la inteligencia sexual se basa en dejar de lado los prejuicios y tabúes inculcados en la infancia, ser autónoma y decidida, ser consciente de lo que se quiere durante el sexo”.

Cuando la sexóloga habla de tabúes hace énfasis en la importancia de sentirnos libres con nuestro cuerpo, sin dar importancia al peso, tamaño, color u olor. No te preocupes por ser la mejor experiencia sexual de tu pareja, preocúpate por hacer de ese encuentro un momento perfecto para satisfacerte. (Ver: Soy hombre y el feminismo me ayudó a tener mejor sexo)

Ponte en los ojos de tu pareja, ¿te ves?, ¿cómo te ves? Desesperada por complacerme, pensando: ¿esto es lo que quiero? Tampoco se trata de ignorar la satisfacción del otro, sino de entender que todos disfrutamos complaciendo, lo que a su vez nos estimula, alimentamos nuestro ego... Juega con eso, relaja tu puchis y disfruta.

Otro demonio latente en mujeres y hombres es la monotonía. Te diré algo: es inevitable. En el libro Sexo inteligente, escrito por el terapeuta sexual norteamericano Marty Klein, el sexo no es solo una actividad, es una idea. Nuestras ideas sobre el sexo son tan complicadas, que hacemos que la actividad sea más compleja. Imagínate que además de ocuparte del placer, la novedad se convierta en un enredo adicional. Es tan normal como aburrirte del sexo con tu pareja de años, por eso no hagas de eso una crisis. Ya conoces a la persona y ella te conoce a ti, no representan un reto entre sí, no por eso el sexo debe convertirse en algo mecánico u obligatorio para “mantener” la relación. Comúnmente reemplazamos este tipo de encuentros con planes que ambos disfrutamos, como ir a cine, dormir juntos, cocinar, salir a caminar; sin embargo, esta no es la solución. Es aquí cuando debes medirte, pensar en lo que deseas y qué cosas nuevas quieres experimentar aprovechando el plus que trae la confianza. ¿Por qué no probar el sexo anal si no lo han hecho antes, juguetes sexuales, ver porno juntos, hacerlo en lugares poco comunes, disfrazarse o simplemente cambiar de roles? (Ver: Seis claves para tu bienestar sexual)

¿Podemos medir nuestro nivel de inteligencia sexual? Pues sí. Antoni Bolinches, psicólogo español, plantea que “el coeficiente erótico decide si somos capaces de dar y recibir placer hasta alcanzar la plena satisfacción de las necesidades de cada uno”. Para medir dicho coeficiente erótico creó el siguiente test. Hazlo sin temor a decepcionarte. Este te ayudará a mejorar tus skills y cuestionarte con respecto a lo que quieres y lo que proyectas con tu cuerpo.

 

Test Bolinches:

1. ¿Te sientes libre y muestras disposición para tomar la iniciativa sexual?

2. ¿Hablas libremente con tu pareja sobre sexualidad?

3. ¿Te sientes utilizado/a sexualmente a menudo?

4. ¿Consideras que la mayoría de los contactos sexuales, sean de una noche o con tu pareja de toda la vida, resultan gratificantes para ambos?

5. ¿Mantienes contactos sexuales con la frecuencia que desearías?

6. ¿Crees que tu pareja es demasiado egoísta y solo busca su placer?

7. Después de alcanzar el orgasmo, ¿tienes deseo de permanecer al lado de tu pareja?

8. ¿Consideras que tus relaciones son demasiado monótonas o rutinarias?

9. Cuándo tienes pensamientos sexuales o practicas la masturbación, ¿te sientes culpable?

10. ¿Consideras que los rituales sexuales que practicas son los que deseas?

11. ¿Aceptas determinadas iniciativas de tu pareja, pero después crees que está demasiado liberada?

12. ¿Piensas que la mayoría de la gente tiene una sexualidad más gratificante y plena que la tuya?

 

Resultados:

Preguntas 1, 2, 4, 5, 7 y 10, cada SÍ suma un punto.

Preguntas 3, 6, 8, 9, 11 y 12, cada NO suma un punto.

 

Nivel de inteligencia sexual:

0-2 puntos: deficiente

3-4 puntos: insuficiente

5-7 puntos: aceptable

8-10 puntos: alto

11-12 puntos: excelente

 

No temas ser atrevida, sigue el instinto de tu puchis, pero eso sí, no llenes vacíos emocionales con un pene o una vagina.