El té, una bebida que hay que saber preparar

Nada mejor que saber preparar y  disfrutar de un buen café, un chocolate y, por supuesto, un té 
El té, una bebida que hay que saber preparar

El té es una de las tres bebidas exóticas puestas de moda en la Europa del siglo XVII: de África, vía Península Arábiga, llegó el café; de América, en naves castellanas, el chocolate; y de Asia, por varias vías, el té, que acabaría por convertirse en la bebida nacional en países como Rusia, Portugal y, sobre todo, el Reino Unido.

En Londres se abrió la primera tienda de té en 1657, sólo siete años después de que el producto llegara a las Islas Británicas; a Portugal había llegado ya en 1610.

El té blanco no se trata de ninguna variedad especial, sino que es la misma que da origen al té verde, la planta conocida como Camelia sinensis. Lo que pasa es que el té blanco procede de hojas jóvenes que desarrollan menos clorofila y, lo que es más importante, apenas sufren oxidación ni fermentación. Es un té muy aromático, perfecto para eso, para tomarse un té al británico modo.

Hoy todo el mundo toma té de bolsita, de escapulario, aunque nada mejor que las hojas de té y la tetera de porcelana.La forma ideal de preparar el té en tetera es poner en la tetera un poco de agua caliente, para que la tetera tome temperatura. Logrado esto, tirar  esa agua y  poner, en la tetera caliente y húmeda, una cucharadita rasa de té por cada taza que vayan a servir, y dejar las hojas allí, esponjándose, mientras hierven agua, quizá en ese instrumento tan británico que pita cuando el agua está hirviendo.

Echar el agua sobre el té, en cantidad suficiente, y esperarán a que el té se haga y repose antes de servirlo. Una vez servido, las hojas de la tetera deben tirarse: no vale aprovecharlas para utilizarlo por segunda vez.

Para combinar el té, los ingleses combinan bocados dulces y salados, como los sandwiches que combinan pepino y salmón ahumado o pepino y anchoas en aceite.También pueden combinarlo con pastelillos y mermelada.La mermelada aparentemente nació en el bonito puerto escocés a finales del siglo XVIII, esa mermelada, seguramente la más famosa del planeta. Cuentan que se le ocurrió a la madre de un atribulado tendero que se había hecho con una gran cantidad de naranjas de Sevilla, agrias, y no fue capaz de colocárselas a sus paisanos.

La relación de Escocia (patria, por otra parte, de los "scones") con la mermelada viene de más atrás: cuentan que la palabra proviene de la expresión "Marie est malade"; Marie sería la infortunada reina Estuardo. La versión más prosaica hace derivar "mermelada" del portugués "marmelo", que es el nombre luso del membrillo. 

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