El sabor de las flores comestibles

Daniel Aristizábal tiene un negocio difícil pero floreciente. Le vende a los hoteles y a los restaurantes bogotanos flores comestibles y germinados de alimentos.
El sabor de las flores comestibles

El sabor es tan especial como su nombre. Una ensalada de pulpo a la parrilla con capuchinas y pensamientos sabe a tierra, a naturaleza, a plantas recién cosechadas.

El encargado de elaborar esta colorida receta es el chef Alejandro Gutiérrez, del restaurante Donostia, ubicado en el centro de Bogotá.

Él es uno de los pocos pero selectos cocineros que ha decidido implementar en sus platos flores comestibles y germinados de plantas. “Son productos con características de sabor tan especiales que no se encuentran en ningún otro vegetal ni legumbre.  Nosotros como chefs y creativos de la gastronomía tenemos la misión de darle a los comensales sabores diferentes y de apoyar a los empresarios que deciden abanderar este tipo de iniciativas”, dice.

El proveedor de estas plantas que lucen como destellos coloridos   en los platos inmaculados  del restaurante es Daniel Aristizabal, un caleño que convirtió su tesis de grado en un floreciente pero arduo negocio.

Daniel fundó hace dos años Terrasanta, una empresa dedicada a cultivar dos tipos de flores, capuchinas y pensamietos, y germinados  de plantas para utilizarlas como ingredientes en diferentes preparaciones.

Por ser pionero en esta materia en Colombia, el trabajo no ha sido fácil pero la misión se va cumpliendo poco a poco. “Hasta el momento tenemos en total 20 hoteles, restaurante y bares en Bogotá que requieren de nuestros productos. Es un nicho pequeño más no de lujo pero si innovador. Cada vez más los comensales se van interesando por saber qué están comiendo y quieren sorprenderse con cada plato que pagan”.

Las flores comestibles y los germinados se pueden preparar de diferentes maneras . En los restaurantes se sirven por lo general en ensaladas o acompañando alguna proteína. En los hoteles las preparaciones son más lujosas. Se usan para decorar hielos de cocteles (encapsulan la flor)  o para hornear cupcakes. También se pueden deshidratar para crear infusiones o incluso tempurar para comer como pasabocas.

El mercado es aun modesto pero los consumidores han aprendido a apreciarlos. Disfrutar del sabor de una flor amarilla o un pétalo rojo es una experiencia placentera y sobre todo orgánica.  Daniel Aristizábal, el diseñador industrial sueña con ofrecer en algunos años esta misma experiencia pero en su propio restaurante.