Recupera el equilibrio y la claridad para tener un buen año

El exceso, aunque suene paradójico, nos resta. En vez de acumular ambiciones en los propósitos de año, ¿por qué no nos proponemos quitar peso para transitar con mayor levedad?
Recupera el equilibrio y la claridad para tener un buen año

Nuestro tiempo se caracteriza por un exceso que atraviesa todas las dimensiones de la existencia: información, redes sociales, bienes y servicios, necesidades, ofertas, conocimientos, relaciones, etc. Este exceso nos abruma, confunde, angustia, deprime y frustra. Por eso quiero presentarles una habilidad que les será muy útil para empezar el año y para recuperar el equilibrio, la claridad y la cordura en medio de los desbordes de la era de la información. Se trata de la habilidad de restar, de sustraer, de prescindir, de eliminar y de retornar a una vida simple. 

Lina tiene una activa vida psico-espiritual que incluye seminarios de programación neurolingüística, un grupo de constelaciones familiares, un terapeuta transpersonal, un grupo de meditación budista, una escuela de psicomagia y, claro está, su grupo de chamanismo. No obstante, en sus momentos de silencio y soledad es sobrecogida por una profunda angustia. Se pregunta por qué se siente miserable, por qué sus relaciones de pareja son un fiasco, para qué sirven tantos conocimientos. 

Francisco empieza el día abriendo la bandeja de su correo electrónico. Desde las siete de la mañana su Whatsapp y los mensajes de texto empiezan a aparecer y siguen haciéndolo a lo largo del día, como una extensa y fragmentada retahíla de peticiones, solicitudes, opiniones, invitaciones y saludos. Cada hora ingresa a su cuenta de Facebook y Twitter para revisar novedades. Cuando puede, lee las noticias de política, economía, tecnología y deportes en la web. Cuando llega a su casa se siente perdido, vacío y desconectado a pesar de toda la información recibida.   

Marcela no sabe cómo actuar con su hijo recién nacido: tiene ya una pequeña biblioteca con todas las últimas tendencias sobre la crianza de los recién nacidos. El problema es que todas apuntan hacia direcciones distintas: Laura Gutman pide libertad, Duérmete mi niño pide disciplina, Vivir sin lágrimas pide naturalidad. Marcela se siente abrumada y angustiada; su biblioteca de maternidad no le ayuda.  

Esa sensación de ahogo

No nos digamos mentiras: a ninguno le alcanza el tiempo. La mayoría de nosotros, al menos los conscientes, nos debatimos entre la sensación de estar ahogándonos en una marea creciente de cosas, necesidades, ofertas, conocimientos e informaciones; y la sensación frustrante de que, a pesar de que ponemos todo el empeño para hacer las cosas bien, nada sale como esperábamos. Carecemos de tranquilidad, carecemos de reposo, y la ansiedad es el tono constante que acompaña a  nuestras cortísimas vidas en la tierra.  

Nuestra vida es abrumadora. Mientras percibimos que el tiempo no nos alcanza para nada, se vuelve una odisea decidirse por un operador de telefonía celular o por el estatus de relación que hay que poner en Facebook. Todo es profundamente complicado y tentador a la vez.  

Pocos se han detenido a hacer un examen minucioso que los lleve a esta necesaria conclusión: el exceso es la característica más representativa de nuestro tiempo. Exceso en todo: información, conocimientos, tecnologías, mercados, metodologías, redes sociales, medios de comunicación, relaciones, bienes y servicios. 

Estamos gobernados por una ley silenciosa que nos dice: «suma, adiciona, almacena, acapara y conquista». Hay una inercia que nos empuja a buscar más de todo, a complicar las cosas, a saturarlas. 

Lo que no parecemos tener muy claro es que nuestra capacidad de pensar, de sentir y de hacer es limitada;  y que nuestros días son cortos. Tenemos un límite para experimentar el exceso y la complejidad. Pero, debido a nuestra inconsciencia, los desbordamos todo el tiempo. Los efectos que esta situación tiene sobre nosotros y nuestras vidas son dramáticos: ansiedad, agotamiento, indecisión, confusión, parálisis, procrastinación, frustración, depresión, entre muchos otros. 

Por otro lado, es importante que nos concienticemos de que las experiencias más potentes, conmovedoras y profundas no son las que nos desbordan, sino aquellas que se dan en la simpleza de las cosas esenciales. El exceso, aunque suene paradójico, nos resta. 

Por eso vivimos en un mundo donde prolifera el ruido pero los mensajes son débiles; donde los colores y las formas nos saturan pero no vemos claramente; donde penetran las redes sociales mientras nos carcome la soledad; donde el cúmulo de información va de la mano de una ausencia de sabiduría; donde, en medio de las multitudes, escasea el amor. 

No tenemos una capacidad infinita de vivir el exceso y la complejidad. Por eso aprender a escoger, a sustraer y a simplificar se vuelve para nosotros una tarea imprescindible. Debemos desarrollar la capacidad de escoger qué dejar de lado, cuándo seguir de largo, a qué renunciar, qué eliminar, cuándo es mejor no hacer que hacer. Solo así podremos simplificar nuestras vidas y revitalizar nuestras experiencias. 

Esta capacidad de sustraer, escoger y simplificar es crucial para transitar por la abrumadora era de la información. Es esencial retornar a lo que tiene sentido en medio de las sumas agobiantes, si queremos ganar la guerra contra el exceso omnipresente. 

Haga un experimento: remueva la cosa justa, de la manera adecuada, en el momento preciso. Le prometo que algo positivo sucederá en su vida. 

Recuerde siempre estas sabias palabras de Lao Tse: «Para obtener conocimientos, suma. Para obtener sabiduría, resta».

 

Una invitación distinta para empezar este año: 

- Revise todas las áreas de su vida.

- Haga un inventario de todo lo que es excesivo, redundante, confuso, desgastante, artificial, nocivo, difícil de usar o desagradable. 

- Elimine todo lo que incluya este inventario de excesos, ya sea pensamientos, deseos, emociones, conductas, ideologías, hábitos, relaciones, espacios o cosas. 

- Tenga el coraje y la paciencia de experimentar el vacío de estar ligero de equipaje, mientras lo significativo vuelve a desarrollarse en su vida. 

 

 

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