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Sexo entre amigos, nada que temer

Desdibujar esa línea entre la amistad y el deseo puede ser más fácil de lo que parece. El reto está en mantener la relación y no mezclar.

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Por Odalisca
02 de agosto de 2016
Sexo entre amigos, nada que temer

Fue extraño. Demasiada confianza para mi gusto. Sexo con mi mejor amigo y mucho licor porque no fui capaz de hacerlo sin tres ginebras encima. La cosa comenzó como siempre, bailando, no, eso es en la canción, en la realidad fue conversando. Empezamos con todas las disyuntivas que siempre atraviesan nuestras charlas. A veces siento que él nació en Marte, lo trajeron unos astronautas y lo soltaron en mi barrio para que se hiciera mi mejor amigo y, después, mi amante ocasional.

Con el paso de las horas y el licor en la sangre la situación se calentó y empezamos jugando a besarnos. Muy infantil para un par de treintañeros, por eso la situación subió de nivel rápidamente y en menos de cinco minutos estaba sentada sobre mi mejor amigo, sin ropa, a punto de incrustarme en su ser como nunca pensé que podría hacerlo, porque, sencillamente, nunca lo había encontrado tan atractivo como para llevarlo a mi cama.

Recuerdo que hubo muchas risas, y no a causa del licor. Reíamos de vernos en esa situación que siempre pensamos imposible, pero el sexo no tiene un manual que se pueda pasar de mano en mano, y eso es lo que lo hace tan apetecido. Gozamos. No lo voy a negar. Fue eso que llaman sexo con un propósito: placer. No había amor, no queríamos lucirnos frente al otro, no íbamos en plan conquista, no necesitábamos fingir. La naturaleza de este encuentro estaba definida desde el principio, dos amigos que se sientan a tomar trago pueden pasar a otra actividad más placentera como el sexo, sin remordimientos, sometimientos, dolores del corazón o agonías de la mente.

Lo único raro fue el despertar. Salir de la escena sexual, voltear la cara y encontrarlo ahí, al lado mío, respirando sobre mi hombro desnudo y con una mano sobre mi abdomen, más bien pegado a mis tetas. Una sonrisa larga en su rostro y la frase que sentenció mi miedo: “he estado esperando mucho esto”. 

La intención era buena y el resultado no estuvo mal, pero el camino tiene sus tropiezos y levantarme en plan romántico con mi mejor amigo era uno de ellos. Creo que mezclarle romance a la escena puede prestarse para confusiones que no vienen al caso. Si vamos a tener sexo con amigos debe dejarse claro desde el principio que el objetivo es correr en busca de una meta: placer. Que al otro día seguirán siendo amigos y podrán hablar de rupturas amorosas, de hombres que no saben cómo usar su lengua o mujeres que muerden con mucha fuerza.

El sexo es una actividad tan natural como bailar o cantar, por eso pensar en hacerlo con un amigo no debe ser motivo de escándalo pero tampoco de compromiso, pues lo que sucede después de este encuentro no siempre es lo que esperábamos. Posiblemente uno de los dos se quedará esperando la llamada del día después, tendrá dudas sobre cómo proceder después de este evento, dudas que siempre podrán ser respondidas con una conversación tranquila, donde los dos expongan sus puntos de vista, sus necesidades y sus deseos, una charla entre amigos que, principalmente, se quieren y se respetan.

 

Foto: Istock. 

Por Odalisca

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